Juan y Medio descapota su casco de tipo modular al detenerse en los semáforos para conversar con otros motociclistas acerca de sus vehículos.
Vip sobre ruedas
The performer and business owner further explains that notwithstanding frequent conversations regarding freedom and rebellion, “la moto es camaradería; si tienes un problema en la carretera, sabes que otro motero parará a ayudarte”

Juan y Medio es un conocido presentador, humorista y empresario español

Juan y Medio combina su refinada cortesía con la bien ganada fama de ser un conquistador consumado y un individuo cuya amabilidad guarda una relación directa con su altura de 1,93 metros. Este hombre de variadas facetas es graduado en Sociología y Derecho —una carrera que llegó a practicar antes de transformarse en una de las figuras más reconocidas y apreciadas de la pantalla chica—, además de ser un hombre de negocios e incluso ha incursionado como intérprete.
Pero, ante todo, Juan José Bautista Martín —ese es su nombre real— es un bon vivant que considera el sentido del humor y esa sutil ironía andaluza, con la que afronta la vida, tan esenciales como el oxígeno. Por ello, no resulta sorprendente que, siendo una persona tan enérgica, dos de sus grandes aficiones —que en realidad no están tan distantes entre sí— sean los equinos y las motocicletas.
Juan, un conductor apasionado, convencido y confeso, no solo “va en moto” sino que la promueve como una auténtica manera de vivir.
El placer de montar en motocicleta, descubrir nuevas personas y sitios a través de ella, y la sensación de subirse y desconectar han sido la fuerza motriz de mi existencia. Aunque se menciona a menudo la libertad y la rebeldía, la motocicleta representa primordialmente la hermandad. Si te encuentras con una dificultad en la carretera, puedes confiar en que otro motociclista se detendrá para ofrecer su ayuda. Me sucede lo mismo; cuando en mi ámbito profesional encuentro a un colega que también es aficionado a las motos, mi percepción de él cambia de inmediato, elevándolo en mi consideración. Se convierte en un camarada.
En mi programa -se refiere a La tarde. Aquí y ahora en Canal Sur, un fenómeno social al frente del cual Juan y Medio lleva 17 años- lucho contra la soledad de la gente mayor. Sin embargo, en mi caso, la moto es la soledad escogida que más me gusta.

¿Y de dónde viene esa devoción por la moto?
No te miento si afirmo que siempre me han fascinado. Desde que tengo memoria, mi pasión han sido las motocicletas. En mi infancia, ahorraba cada centavo que podía para adquirir publicaciones sobre motos, y uno de mis mayores anhelos era aparecer algún día en sus páginas.
¿Y cuándo te montaste en una?
Mis inicios en el motociclismo ocurrieron a los 11 años, escapándome con una Gilera 50, una Puch Minicross... Ciertamente, he poseído numerosas motocicletas, de diversas clases y capacidades. Empecé, como es lo normal, con ciclomotores, y luego pasé a una Montesa Cota 125 de trial, una SWM 125 de cross, una BMW K100, Triumph Daytona 900, Africa Twin 750, y una Honda Varadero...
Asimismo, poseí una notable Bol d'Or que luego vendí a un miembro de los Hombres G, a quienes representé como mánager durante un largo período. Incluso conté con una Vespa de fabricación inglesa equipada con sidecar; como era de esperar, el sidecar se ubicaba a la izquierda, lo que significaba que el acompañante percibía la muerte muy próxima en cada maniobra de adelantamiento. Las motocicletas, al igual que las relaciones sentimentales, tienen la particularidad de que las primeras quedan grabadas en la memoria de forma imborrable.

¿Y todavía conduces moto habitualmente?
¡Claro que sí, a diario! En Madrid, mi medio de transporte habitual es una BMW 650 GT scooter. Llego a Atocha en el AVE, mi motocicleta está estacionada allí y evito tomar taxis. En mi residencia, entre Sevilla y Almería, dispongo de otras: una 1250 RT, que es mi elección para desplazamientos largos, una GS, y mantengo una Goldwing Aspencade de hace tiempo, la cual he restaurado en varias ocasiones. A pesar de que empieza a mostrar signos de desgaste, le tengo un afecto considerable.
Siempre he preferido motocicletas de gran cilindrada, dado mi propio tamaño, ya que en una moto de dimensiones más estándar me siento apretado y el viento me golpea directamente en el rostro. Esto se debe a mi complexión física, no a una preferencia arbitraria. Sin embargo, reconozco que con el paso del tiempo he ido perdiendo peso y volumen.
En Madrid, mi medio de transporte habitual es una BMW 650 GT scooter: arribo en el AVE a Atocha, donde mi motocicleta está estacionada, y evito tomar taxis.

¿Eres un usuario más deportivo o más motoviajero?
Ahora más citadino y aficionado a las motos. Al igual que otros motociclistas, hubo un tiempo en que disfrutaba la sensación de ir rápido, pero en este momento me considero un conductor precavido. Con esto no pretendo decir que sea miedoso; sé que manejo bien y la motocicleta no me asusta, aunque, por supuesto, le tengo el respeto necesario, pero en esta fase de mi vida sobre dos ruedas ya he adoptado el dicho de que “hay dos tipos de moteros; los que se han caído y los que se van a caer” y ahora me deleito al volante con calma.
Una de las conveniencias de la motocicleta es que, al colocarte un casco, tu identidad se vuelve anónima para los demás...
Es verdad, y la privacidad que proporciona el casco es un factor adicional que a veces es útil, si bien usualmente no perdura mucho tiempo, ya que al llegar a un lugar con una motocicleta tan llamativa y además tener mi estatura, se vuelve complicado conservarla. De cualquier forma, siempre he manejado bien la fama. De hecho, con frecuencia soy yo quien, en los semáforos, levanta la visera de mi casco abatible y entabla conversación con otros motociclistas para indagar sobre sus vehículos.

¿Y qué no falta nunca en las maletas de tu máquina?
Me agrada estar bien provisto para cualquier eventualidad, así que porto un casco adicional, por si acaso surge un pasajero inesperado, un traje de lluvia, un par de guantes de repuesto de calidad, un aerosol para reparar pinchazos... Soy bastante meticuloso con mi equipamiento personal de motociclista. Disfruto la tranquilidad de saber que estoy listo si me pilla una tormenta.
Y otra cosa que siempre incluyo en mis equipajes de moto es una copia de La Isla de Coral, el libro que me inició en la lectura y me hizo amar los libros. No imagino mi existencia sin motocicletas y sin una buena lectura. Llevo este libro conmigo constantemente porque, a pesar de estar clasificado como literatura juvenil y haberlo leído incontables veces, siempre encuentro una nueva perspectiva y me reconecta con mis orígenes.
Disfruto estar bien provisto para cualquier eventualidad; cargo con un traje de neopreno, un par de guantes de repuesto de calidad, un aerosol para reparar pinchazos y un casco adicional, por si acaso surge un acompañante inesperado.

¿Recuerdas especialmente alguno de tus viajes?
¡He creado muchísimos! Me viene a la memoria una travesía por Marruecos que me dejó huella. Mi colega Pablo y yo tomamos el ferry desde Tarifa hasta Tánger, y de ahí nos dirigimos a Rabat y Marrakech, atravesando parajes encantadores que solo se descubren viajando en motocicleta.
Guardo también con gran afecto un recorrido por Mallorca que compartí con mis compañeros Antonio y Tolo. Recorrimos la totalidad de la Sierra de Tramontana, Formentor, Valldemosa... La isla balear ofrece unas vías excepcionales para el motociclismo.
Y otro viaje que guardo con gran afecto lo realicé hace dos décadas junto a mi progenitora por Ávila, Gredos y la Sierra de Madrid. El motivo principal no fueron los lugares visitados, sino la oportunidad de haber compartido con ella esos momentos tan especiales. ¡Además, no es algo que se vea muy a menudo, viajar en motocicleta con la madre de uno!
¿El coche te gusta menos?
En automóvil, mi disfrute es menor. Lo utilizo principalmente para desplazamientos laborales en compañía. Soy un conductor de largas distancias; es decir, me siento al volante y cubro de una sola vez un trayecto como Madrid-Sevilla. Para mí, es un método de traslado del punto A al punto B. No lo empleo como vehículo recreativo. Por otro lado, sí disfruto alquilando una autocaravana en verano y saliendo de escapada con la familia. Viajamos con más espacio y mayor comodidad. Pero para viajar, prefiero la moto. Con la moto, incluso el trayecto más breve se transforma en una aventura. La moto representa el aroma del campo, el frío en el rostro, el olor a tierra mojada, el que desprende la lluvia en el bosque...

Tendrás docenas de anécdotas de carretera...
Bueno, yo tuve un accidente de moto... ¿Te parece poco? De repente apareció en un periódico digital de alcance nacional que había fallecido en un percance de motocicleta; a mí me causó hasta risa, pero me molestó por mi familia y amigos, quienes lo pasaron mal. Tuvieron que entrevistarme en vivo para desmentirlo. Recuerdo que respondí que si me hubiera matado, lo recordaría, pero que podía ser que estuviera muerto y en el cielo porque en ese instante estaba rodeado de jamones de Jabugo. Y una tienda de jamones llena de jabugos me parece una excelente metáfora del paraíso.
Sorprendido por noticia falsa de muerte en moto, me divertí, pero lamenté el susto de mi familia y amigos.

Has viajado extensamente por Andalucía y Barcelona, ¿existen marcadas diferencias culturales entre ambas comunidades en lo que respecta al motociclismo?
Barcelona posee la cultura motera más arraigada. Barcelona es mi gran pasión. ¡He experimentado una inmensa alegría allí en todos los aspectos. El relacionado con las motos, el culinario, e incluso el emocional!
He recorrido toda Cataluña en motocicleta. Me viene a la memoria, por ejemplo, una excursión a Santes Creus que me fascinó. Por otro lado, Andalucía en moto es un placer, a excepción de los meses de verano. Con el casco y el calor del motor uno se lo toma con humor, pero su otoño e invierno son espléndidos para circular en moto. La costa gaditana, la de Huelva, Doñana, Aracena... Itinerarios que cruzan las dehesas de encinas y alcornocales más espectaculares... Sin ir más lejos, el trazado que conduce a Ronda se cuenta entre los más bellos del continente europeo.

