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La travesía épica de seis aventureros españoles que cruzaron África en tres Seat 600 hace más de medio siglo

Historia curiosa

Se cumplen 55 años de una memorable ruta al volante del utilitario español por excelencia: más de 22.000 kilómetros recorridos durante 3 meses, desde Madrid hasta Ciudad del Cabo

Este fue uno de los tres Seat 600 que hicieron una travesía desde Madrid hasta Ciudad del Cabo en 1971

Este fue uno de los tres Seat 600 que hicieron una travesía desde Madrid hasta Ciudad del Cabo en 1971

Seat

El 18 de mayo de 1971, seis amigos partieron de la capital de España para el que parecía, a ojos de todo el mundo, un reto imposible: cruzar África al volante del rey de las carreteras de nuestro país, el entrañable Seat 600. La osada y descabellada idea partió de la mente de Luís Martínez-Artajo, que la compartió con su hermano Carlos Martínez-Artajo, un experimentado cazador en Mozambique y buen amante del continente africano y de los safaris.

Éste se la trasladó a su vez a su amigo Álvaro Campos, capitán del ejército español, un militar experto en África y en mecánica de automóviles que había pertenecido al escuadrón automovilístico de El Pardo, que daba servicio al entonces joven príncipe don Juan Carlos, y que había estado destinado en la colonia española del Sahara Oriental y Marruecos.

El techo montaba una baca para llevar carga 
El techo montaba una baca para llevar carga Seat

Campos, de 32 años, acogió la idea con entusiasmo, pese a las reticencias de Carlos, que lo consideraba imposible: “África no puede ser atravesada en un Seiscientos. Es una utopía. Se podría hacer en Land Rover o Jeep pero en la sabana o en la selva, un 600 no dura ni cien kilómetros”, dijo el intrépido expedicionario. Para recabar otra opinión experta contactaron incluso con Félix Rodríguez de la Fuente. “Si lo hacéis –dijo el naturalista– vais a enfrentaros a tres tipos de problemas: de supervivencia, automovilísticos y políticos. Hay países y zonas muy inestables y peligrosas y en esos cochecitos es como intentar correr el Grand National en un poni. Tendríais que tener mucha suerte para lograrlo...”.

Arrojo y valentía o desconocimiento e inocencia

Pero lejos de desanimarse, Luis y Álvaro prosiguieron con la iniciativa y comenzaron a hilvanar la aventura. “Elaboré el ‘Proyecto de la travesía africana en Seat 600 Madrid-Ciudad del Cabo’”, recuerda Campos, “con itinerarios, distancias, equipamientos para los dos o tres coches que creí que debían participar y lo entregué a un amigo ingeniero de Seat buscando patrocinio. Lo presentaron al presidente de Seat por aquel entonces, Juan Sánchez Cortés, que apostó sin dudarlo por el reto en contra de la opinión de parte de su consejo. Nos advirtió que la iniciativa tenía enemigos que decían que no era factible y que un fracaso sería negativo para el prestigio de la compañía. Pero ante nuestra sorpresa, dijo: ”-Voy a daros lo que necesitéis. Tengo gente que no es partidaria, así que demostradles que están equivocados. El Seiscientos es mi hijo predilecto, pronto se dejará de fabricar y esta es una buena forma de despedirlo por todo lo alto–”.

En 2017, uno de los protagonistas de la aventura, Álvaro Campos, escribió el libro 'Travesía Africana en SEAT 600', publicado por Ediciones del Viento con viñetas de José pablo García 
En 2017, uno de los protagonistas de la aventura, Álvaro Campos, escribió el libro 'Travesía Africana en SEAT 600', publicado por Ediciones del Viento con viñetas de José pablo García Ediciones del Viento

Cabe recordar que a principios de los años setenta, el 600, el utilitario por excelencia de toda una generación, ya había cumplido con creces el propósito con el cual fue lanzado al mercado en 1957. Además, aunque siguió en producción hasta 1973, ya tenía ‘sucesores’ de mayor entidad; en 1966 apareció el 850 y para 1972 estaba prevista la presentación del 127, pero la “gracia” del reto era emplear para semejante desafío al modesto “pelotilla”, con sus escasos tres metros y medio, sus 600 kg de peso y su modesto motor de 29 CV.

La Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) puso a disposición de la expedición 300.000 pesetas para contribuir con los gastos, dos modelos estándar L y uno descapotable. Los preparó a conciencia para llevar a cabo la empresa aunque las modificaciones para soportar el durísimo viaje no debían alterar en exceso los vehículos de forma que siguieran siendo identificables, demostrando así la resistencia de los pequeños utilitarios de ciudad incluso en circunstancias extremas.

Ni la estructura, ni la carrocería, ni el motor, ni la transmisión, ni el sistema eléctrico debían ser alterados. Se aumentó, eso sí, la autonomía instalando un segundo depósito para doblarla y se cambió el sistema de filtrado de aire y refrigeración, aunque no se reforzó la suspensión, cosa que provocó numerosos problemas por culpa del temible “tôle ondulée”, ese terreno duro y ondulado por efecto del aire que convirtió el recorrido en un traqueteo insoportable durante cientos de kilómetros.

Tres minúsculos vehículos ante la inmensidad

Cada coche fue equipado también con asientos reclinables para poder dormir, un sistema de defensas y barras de protección de los bajos, una caja completa de herramientas y numerosos repuestos extra en el lugar de los asientos traseros, lo que dejaba poco espacio para el equipaje personal. Los integrantes de la expedición recibieron una exhaustiva formación técnica en mecánica por parte de ingenieros de la marca para que fueran capaces de reparar el motor del 600 en caso de avería.

En la parte frontal, una estructura de hierro protegía los faros, parachoques y bajos 
En la parte frontal, una estructura de hierro protegía los faros, parachoques y bajos Seat

Con todo preparado, ya solo quedaba configurar el equipo definitivo, que finalmente estuvo formado por el citado Álvaro Campos, Luis Martín-Artajo, estudiante de Publicidad, y su amigo desde el internado Juan Espinosa de los Monteros, estudiante de Derecho e Historia, junto con otros tres amigos: Julio Alonso Martínez y Víctor Prim, estudiantes de Economía, y el pintor y decorador Antonio Izquierdo, hijo de diplomático y el único casado y con hijos en el momento de partir.

Los preparativos demostraron que iban a ser necesarios más recursos para cubrir los costes del viaje, así que sumaron patrocinadores como El Corte Inglés o Kodak, entre otros, para reunir finalmente 600.000 pesetas destinadas a sufragar averías, combustible, alojamiento cuando fuera posible, víveres y cualquier imprevisto, como por ejemplo los numerosos sobornos a la policía a los que tuvieron que hacer frente en los diferentes pasos fronterizos entre países, a menudo cerrados y muchos de ellos en guerra o gobernados por temibles dictadores.

La comitiva, previamente apadrinada por la Princesa Sofia en la Zarzuela, emprendió camino a mediados de mayo desde Madrid con destino a Málaga y, de allí, a Melilla, luego a Argelia para alcanzar Níger y, posteriormente, Nigeria. Fueron tres semanas atravesando el desierto, avanzando una media de 20 km diarios en agotadoras jornadas de 16 horas; muchas de ellas de noche para evitar el calor abrasador (a veces con temperaturas de hasta 63º en las horas de mayor insolación), con la correspondiente deshidratación.

Superado el desierto, la peor etapa del viaje, en la que alguno de sus miembros llegó a perder 15 kilos en 15 días por las duras condiciones, los parajes cambiaron en el sur de Nigeria, al adentrarse en un terreno más selvático y tropical. El clima se suavizó, pero no por ello cesaron las vicisitudes del trayecto.

Finalmente, tras atravesar Marruecos, Argelia, Níger, Nigeria, Camerún, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Uganda, Kenia, Tanzania, Zambia, Rodesia y, finalmente, Sudáfrica, el 14 de agosto, tres meses y cinco días desde la partida y 22.377 kilómetros después, a una media de 465 km por día, los seis aventureros en sus tres monturas alcanzaron exhaustos pero con éxito su destino: Ciudad del Cabo, desde donde se embarcaron en un carguero que les llevaría de vuelta a Málaga.