Patrizia Escoin, cantante de Los Romeos: “Cuando no lograba aparcar el coche, el resto de la banda bajaba y lo colocaba a pulso”
VIP sobre ruedas
La artista recuerda algunas anécdotas de su vida y de la etapa con la banda Los Romeos, que este año se ha vuelto a reunir para hacer una gira en conmemoración de su 35 aniversario

Patrizia Escoin en el estudio de grabación

Más de tres décadas después de su momento más álgido en los 90, Los Romeos vuelven a los escenarios este 2026 con la formación original, despertando la emoción de quienes crecieron con Muérdeme y Mi vida Rosa. Aquellas canciones no solo marcaron una época del pop español, sino que siguen siendo referencia para nuevas generaciones que descubren ahora el estilo fresco y directo que hizo único al grupo.
Patrizia Escoin, su voz y rostro indiscutible, ha mantenido una trayectoria constante, explorando proyectos paralelos como Lula, Los Amantes y ExFan, y demostrando que su energía y compromiso con la música no han dejado de crecer.
Los Romeos vuelven a los escenarios este 2026 con la formación original, despertando la emoción de quienes crecieron con Muérdeme y Mi vida Rosa
La vuelta de Los Romeos no es solo un reencuentro con el público, sino también con una historia compartida que ha influido en toda la escena musical española, y que hoy retoman con la misma fuerza que en sus bolos cuando, todavía, estaba todo por hacer.
Esta entrevista se adentrará en los recuerdos de la banda, en la experiencia de Patrizia Escoin durante aquellos años y en cómo vive ahora este regreso que tantos esperaban. Hoy vamos a descubrir el viaje de Patrizia y esa parte más desconocida de ella que no aparece en titulares, pero que, sin duda, la ha definido en lo profesional y en lo personal.
Patrizia, ¿cómo recuerdas tus primeras giras con Los Romeos?
La memoria es caprichosa y acaba guardando lo que quiere, porque a veces lo vivido no coincide con lo que queda en la cabeza. Ahora que Los Romeos nos hemos vuelto a juntar, coincidiendo con el 35 aniversario de la banda, se me van refrescando escenas que tenía medio olvidadas. No es que lo haya borrado todo, pero sí dejé pasar bastante. Empecé con 17 años y el boom llegó enseguida; cumplí los 18 cuando firmé el contrato con Hispavox. Lo viví como algo aterrador y emocionante a la vez.

En aquella época, viviste alguna intensa gira en verano...
Era la Super 1 de Los 40 Principales. Durante todo el verano fuimos de ciudad en ciudad, casi recorriendo el país entero. Íbamos en una furgoneta alquilada para la ocasión. En cada sitio apenas veíamos nada; hacíamos la promo en la radio, tocábamos en la plaza principal o en el lugar más conocido y al día siguiente salíamos hacia otro destino. Todo era trepidante porque, si estando en La Coruña nos salía un bolo en Málaga y podíamos hacerlo, lo confirmábamos, subíamos a la furgoneta y nos plantábamos allí; y quizás al día siguiente estábamos en Lugo. Fue una auténtica locura.
¿Cómo era moverse en furgoneta de un lugar a otro con la banda?
A mí me encantaba. Siempre me ha gustado ir en furgoneta. Recuerdo que íbamos demasiado rápido y ahora me impresiona, porque soy muy estricta con la velocidad y no me gusta nada correr. Las carreteras en los años 90 eran horribles, no estaban como ahora, y muchas veces pienso que sobrevivimos de milagro.
A todo esto, ¿cuándo comenzaste a conducir tú?
Empecé a conducir con 22 años. Cuando comencé con Los Romeos siempre iba detrás en la furgoneta. Delante iba Tomás, que se turnaba para descansar con nuestro batería, Ñete, que venía de Nacha Pop, y era mayor que nosotros. Ñete controlaba las carreteras porque había ido a todas partes cuando no había GPS, así que él era nuestro navegador; llevábamos mapas, pero aun así se sabía todos los caminos, era un lujo.
Yo me saqué el carnet por necesidad cuando empezamos a grabar maquetas y tuvimos que ir continuamente de Castellón a Valencia. Además, coincidió con que mi madre se cambió de coche y me regaló su Seat Panda negro. Me duró poco. Al cabo de un mes, en un viaje a Valencia, hice el trayecto con la luz roja del aceite encendida todo el tiempo. Al llegar, el coche ya no volvió a arrancar.
Mi madre regaló su Seat Panda, que me duró poco: al cabo de un mes viajé a Valencia con la luz roja del aceite encendida y, al llegar, el coche ya no volvió a arrancar”

¿Alguna vez fuiste voz y chófer de Los Romeos?
No. Siempre llevábamos a un conductor que además hacía de road manager, stage manager… un poco de todo. Me daba miedo conducir las furgonetas en aquella época; bastante me costó adaptarme al coche. Con Los Romeos yo aparcaba como podía y, cuando no había manera, se bajaban, porque el coche no pesaba nada, y entre todos lo movían a pulso para dejarlo bien colocado.
¿Qué vehículo conduces, Patrizia?
Me cambié el coche el año pasado porque antes llevaba uno pequeñito y por fin cumplí la ilusión de mi vida, que siempre fue tener una furgoneta de panadero. Me compré una Fiat de segunda mano y estoy encantada. También tengo una T5 Multivan. Es la que utilizo con el duo Exfan, que tengo con mi pareja. También la usamos para ir de camping y hacer ese tipo de planes.
¿Qué tal se te da ir de copiloto?
Soy la copiloto perfecta. Detrás me mareo bastante; antes no me pasaba, así que prefiero ir delante. Soy controladora, voy pendiente de cada cruce y de cualquier detalle, pero no molesto, sumo. Yo llevo el GPS y, aunque normalmente conduce más Tommy, cuando vamos juntos de gira o de viaje lo repartimos, aunque conduce más él. Yo lo hago sobre todo de noche, porque no me duermo: tengo mucho respeto a la carretera y voy superalerta. Además, me hincho a café porque tengo la tensión baja y me encanta. Me tomo uno y puedo tirar millas sin problema.

Antes de los Romeos, ¿de qué viajes en familia tienes mejores recuerdos?
No viajábamos. Recuerdo que fuimos de camping a Torre Blanca, que estará a unos 40 kilómetros, durante un par de años. Cargábamos todas las cosas en el Citroën GS de mi padre, que para mí era el más bonito del mundo. Ese modelo tenía la suspensión hidroneumática, que bajaba y subía el coche; cuando mi padre se lo compró, creía que iba en avión. También recuerdo una vez que me llevaron al peñón de Ifach.
¿Cómo gestionas esos momentos previos al concierto cuando todo va tan rápido?
Me encanta llegar al hotel y tener ese momento para mí antes de la prueba de sonido. Necesito ese espacio de calma para respirar y estar tranquila, porque todo va muy rápido. Aunque parezca lo contrario, soy nerviosa, así que si no tengo mi rato de relax, me sobrepaso. Disfruto mucho cuando llegamos con tiempo y puedo tener una hora o dos; cuando no se puede, se hace un poco agobiante.
En los inicios, ¿qué hotel te dejó sin habla?
Cualquier hotel que fuera un poco impresionante, porque a veces nos llevaban a paradores y a sitios antiguos que a mí me daban terror. La compañía intentaba alojarnos en lugares lujosos, con mucha historia, pero no me gustaban nada; me asustaba quedarme en esas habitaciones, los pasillos largos, todo tan solemne. Prefería los hoteles funcionales que empezaban a hacerse entonces; recuerdo los New Hotels, que me encantaban. No soy de grandes lujos, solo necesito que esté limpio y sentirme tranquila.
Un vuelo de Madrid a Valencia con grandes turbulencias me dejó muy tocada y durante un tiempo no quise volver a coger un avión”

En la carretera, en el tren o en un avión, ¿cuál fue la vez que te llevaste un buen susto?
Cogimos un avión estando de promoción del segundo disco, y como nunca había subido a uno, les tenía cierto miedo. Salimos de Madrid hacia Valencia y en el trayecto nos metimos en una tormenta enorme; no sé cómo conseguimos aterrizar. Hubo rayos y una sensación de caída libre constante; fue horrible. Cuando tocamos tierra éramos el único avión que había llegado; el resto lo habían cancelado o desviado. Aquello me dejó muy tocada y durante un tiempo no quise volver a volar. Con los años lo he superado y he seguido viajando, pero todavía les tengo respeto.
La noche tiene una intimidad que pocas veces se consigue a plena luz del sol, ¿qué secretos has descubierto, tanto de ti misma como de otros, en una carretera a las 3 de la madrugada?
Lo que se habla en una furgoneta a las tres de la madrugada no se hace en ningún otro sitio. Ese tiempo en la carretera parece muerto, pero no lo es, porque después de dos horas ahí dentro, todos juntos, nadie se puede escapar y al final te abres más. Para mí es una terapia buenísima. He conocido de verdad a toda la gente con la que he tocado y girado porque en esos trayectos hablamos de nuestras vidas sin prisas, como hermanos. En un ensayo paras un momento y comentas algo, pero todo va rápido y cada uno vuelve a lo suyo; en la furgoneta no, ahí escuchas música, comentas cualquier cosa, compartes silencios y te quedas.

Cuando Muérdeme y Mi vida rosa estaban en boca de todas y todos, ¿cómo llevabas el viajar y que alguien te dijera “¡cántamela!”?
Siempre lo llevé mal. Entonces no lo sabía y pensaba que no estaba preparada, pero con el tiempo entendí que no soy una persona hecha para el éxito; me gusta pasar desapercibida. En mi ciudad fue bastante duro, porque Castellón no es grande y en aquella época salíamos en televisión cada semana; la promoción fue brutal y había muchísimos programas musicales. Estaba haciendo COU y tuve que estudiar en clases nocturnas porque ir al instituto durante el día era un escándalo; lo pasaba fatal. Soy tímida, lo era y lo sigo siendo, así que no me gustaba nada. Después dejé incluso las clases nocturnas y terminé estudiando desde casa. Me encanta compartir con el público cuando estoy sobre el escenario y también hablar con ellos antes o después de tocar; eso sí lo disfruto, pero que me pidieran “¡cántamela!” Mientras tomaba un café me incomodaba mucho. Ahora no pasa nada porque ya no soy famosa, han pasado muchos años y casi nadie se acuerda, pero en aquel momento lo pasé regular.
¿En qué cambia el volver a cantar esas canciones después de los años?
Es un cúmulo de muchas cosas. Nunca hemos querido volver y yo jamás quise cantar esas canciones otra vez. He tenido otras formaciones y otros repertorios, y aunque mucha gente me decía que incluyera un par de temas de Los Romeos, nunca quise hacerlo; además de ser difíciles, me dolía demasiado mirar atrás. Pedro, que era el bajista y compositor del grupo, murió en 2006; era mi pareja, el padre de mi hijo, y aquello fue muy duro, sigue siéndolo, de hecho. Durante años no podía cantar esos temas sin llorar; ahora también me emociono, ya les dije que en el primer ensayo lloraría porque me lo iba a remover todo, pero he encontrado la fortaleza para colocarlo en otro lugar. Siento que también se lo debía a él, a Pedro, porque esas canciones son su eco y él sigue presente en esos discos.
Necesité silencio para crecer, para demostrarme que podía hacer otras cosas como cantante, guitarrista y compositora, sin apoyarme en el pasado. Este último año nos hemos reunido más como amigos, en cumpleaños y encuentros, con ganas de hablar de todo aquello, y nos dimos cuenta de que había una añoranza real. Cuando Julián propuso quedar para comer y vernos, fue la pieza que faltaba; surgió la idea de probar en el local y ver cómo estábamos. Ha salido de forma natural y es bonito que sea así. También pensamos que si no lo hacemos ahora, quizá no lo hagamos nunca, viendo cómo vienen las cosas.
Mi primer gran viaje fue a Florida a ver a mi tía Silvia; y lo hice con mi abuela, que tenía 76 años y no había salido nunca de España”

Hablando de la gente que siempre ha seguido a Los Romeos, ¿cómo ha sido reencontrarse con los fans después de tantos años?
Hay mucha gente que ha seguido ahí, porque yo no he dejado de tocar. He girado por toda España en un circuito más underground con Lula, con Exfan, con Los Amantes, y en cada ciudad aparecía algún fan resistente de la época. Se acercan con muchísimo cariño y respeto, y eso lo noto mucho más que entonces. En los años más masivos apenas podía conectar en el tú a tú; ahora, en salas pequeñas y con el público más cercano, he llegado incluso a hacer amigos en distintos sitios, personas estupendas que venían de Los Romeos. Desde que hemos abierto redes lo estamos notando todavía más; hay un cariño muy fuerte y es bonito sentirlo.
En aquella etapa yo percibía más envidia y menos afecto directo; cuando algo es mainstream, no siempre recibes ese calor. También influía que era una mujer joven y muchas veces me reducían a “qué guapa”, y eso generaba una respuesta distinta, incluso por parte de otras mujeres. Hoy siento muchísimo más apoyo femenino y lo agradezco infinito, porque necesito esa energía activa y positiva que entonces no notaba. Cuando tocábamos antes, todo eran hombres y yo lo que quiero es que las mujeres también vengan a verme.
Más allá de los escenarios, ¿cuál fue el primer “gran viaje” de Patrizia Escoin?
Fue a Estados Unidos, aunque suene fatal porque no quiero volver, pero es un lugar al que he ido muchas veces. Mi tía Silvia, que se lleva cuatro años conmigo y prácticamente nos hemos criado juntas, se fue a vivir a Florida con 18 y sigue allí, en Cayo Hueso, a unas 80 millas de Cuba, donde estuvo Hemingway una temporada. Mi primer gran viaje fue precisamente para verla, y lo hice con mi abuela, que tenía 76 años y no había salido nunca de España. Fue precioso compartir aquello con ella.

¿En cuál de esos viajes hiciste una amiga o un amigo para siempre?
Pues de allí, sin duda, no olvidaré a José Augusto. Era compañero de trabajo de mi tía y terminó siendo familia. Hizo una amistad preciosa con mi abuela; la llevaba a todos lados y la llamaba cada día. Vino a visitarnos un par de veces y se convirtió en un amigo de verdad. Murió el año pasado y es la persona más importante que he conocido viajando. Lo echo muchísimo de menos.
Hablando de viajes personales, ¿qué vacaciones en familia querrías repetir sin parar?
Cuando Luca era pequeño, me compré una caravana chiquitita. Teníamos una T4 azul que nos costó 1.000 euros y, aunque era preciosa, nos dejamos la vida en arreglarla. Antes del boom de las caravanas encontré una pequeña, la pinté de verde y la enganchamos a la T4 porque siempre nos ha gustado ir de camping y en verano íbamos a Mundaka. Con Luca y las tablas no cabía nada, así que aquello era casi una necesidad. Algún año ni siquiera conseguimos llegar; una vez perdimos una rueda y en Teruel siempre nos pasaba algo, pero cuando por fin lo montábamos todo, merecía la pena.
¿Hay algún viaje con Los Romeos que recuerdes especialmente?
Recuerdo más las risas que algo que me cambiara la vida. Las cosas malas no las borro, aunque a veces intento apartarlas. Por ejemplo, el viaje que hicimos cuando Ñete nos dijo que dejaba el grupo; íbamos hacia Murcia y en ese trayecto lo pasé fatal. Hasta entonces todo era alegre y de repente entendí que las cosas no siempre salen perfectas y que se iba en un momento complicado para nosotros, con la presión de buscar sustituto deprisa.
Recuerdo el viaje que hicimos cuando Ñete nos dijo que dejaba el grupo; íbamos hacia Murcia y en ese trayecto lo pasé fatal y, de repente, entendí que las cosas no siempre salen perfectas”

Patrizia, cuando llegas a un país nuevo, ¿qué es lo primero en lo que te fijas o buscas?
Me encanta ir a los mercados y a los supermercados. Lo primero que hago es entrar en uno y mirar especias o productos que aquí no existen; me flipa. En Estados Unidos te puedes volver loco con la cantidad de cosas, hasta con la mantequilla, y eso me divierte mucho. Antes tenía muchas más ganas de recorrer el mundo. Como toco y viajo mucho por trabajo, no tengo esa necesidad de romper la rutina en agosto porque mi vida ya es movimiento. También tengo gatos y me cuesta muchísimo dejarlos; eso pesa más de lo que parece.
La vuelta a los escenarios con los Romeos te va a llevar a lugares en los que ya cantaste Muérdeme. ¿Cuánto hay de aquella Patrizia?
Yo no he dejado de tocar ni de ir a ciudades como Madrid, donde será el primer concierto, así que el impacto quizá sea menor porque he seguido subiéndome a escenarios, aunque en salas más pequeñas. Si hubiera estado años sin hacerlo, sería mucho más fuerte, pero aun así sé que reencontrarme con esas canciones va a remover cosas. Cantar lo mismo que canté entonces, con la edad que tengo ahora, lo vivo como un reto que me apetece y me divierte. Quiero tomármelo como una celebración, quitándole hierro; esto es para disfrutar. Salimos a pasarlo bien y a conectar con la gente que quiera compartirlo con nosotros, revivir esas canciones y vivir la experiencia juntos. Si no fuera desde ahí, yo no saldría.
¿Qué lugar del mundo te sigue inspirando cuando cantas o compones?
Me gusta España, pero lo que más me inspira es el norte, la zona de Urdaibai. Allí es donde más canciones he escrito; es un lugar precioso y para mí ideal. Me da pena decirlo por si va todavía más gente, porque ya está bastante concurrido desde que empezamos a ir, pero es un paraíso.
Vais a publicar nuevas versiones de dos de vuestros temas más emblemáticos, uno feat. Samantha Hudson y otro con La La Love You...
Es un lujazo contar con esas colaboraciones para Los Romeos; nos ha hecho muchísima ilusión. Con La La Love You no hemos coincidido porque están a tope; les enviamos las pistas y nos las devolverán con su parte. Da un poco de pena no compartir estudio ni ese intercambio en persona, pero aun así es un honor que estén ahí. Con Samantha sí pudimos vivirlo, vino con Gema a Castellón, pasó el día con nosotros y grabó sus pistas. Cuando me preguntaron con quién me gustaría hacerlo, lo tuve claro, pensé en ella porque me parecía perfecta para Muérdeme y, además, todo lo que dice y representa me encaja mucho.
Si pudieras escoger un personaje de toda la historia, esté vivo o no, para hacer un largo viaje, ¿quién sería?
Sin duda, Patti Smith. Me encantaría viajar con ella, coger las cámaras Polaroid y recorrer cementerios haciendo fotos a las tumbas de Rimbaud y de toda la gente que es importante para ella y para mí. Compartir ese viaje y poder conocerla sería un sueño.
Hablar con Patrizia Escoin es recorrer el viaje de su vida, desde los primeros escenarios hasta el regreso de Los Romeos en este 2026. Escucharla hablar de 'Muérdeme' y 'Mi vida Rosa' es viajar con ella: cada canción guarda recuerdos, emociones y kilómetros recorridos que la formaron como artista y como persona. Ahora, mientras se prepara para volver a los escenarios con la banda que la vio crecer, no solo revive la música que marcó generaciones, sino también las historias que la hicieron ser quien es. Este regreso no es un simple revival; es Patrizia conectando con su pasado, con los fans de siempre y con otros nuevos, transformando cada acorde en un testimonio de su vida en movimiento, de sus viajes y de su pasión intacta por cantar y emocionar.

