Conducir una moto con viento: las claves de un motorista experto para no acabar en el suelo
Consejos
El viento lateral, sobre todo si es racheado, es el más peligroso porque empuja el vehículo hacia un lado

El viento es uno de los peligros en la conducción, especialmente para los motoristas

En ruta la moto tiene dos grandes enemigos: el pavimento resbaladizo y el viento. El primero resulta tan obvio que nos hace saltar de inmediato las alarmas en cuanto percibimos el asfalto brillante o mojado, pero paradójicamente al segundo suele costar más valorarlo antes deponerse al manillar, salvo que estemos hablando de ráfagas de extrema fuerza.
Sin embargo, no hace falta que aparezcan estas grandes velocidades para que el viento se convierta en peligroso. El gran problema de conducir con viento es que cansa mucho y muy deprisa y hace perder la concentración porque obliga a estar continuamente peleando con el manillar en vez de estar focalizado en el asfalto.

Y otro gran inconveniente es que resulta muy difícil concretar la velocidad a partir de la cual se puede establecer una “línea roja” de peligrosidad por viento, porque depende de muchos factores como la aerodinámica del vehículo, la orografía o la presencia de más tráfico en la vía...
Estudios efectuados en túneles de viento han establecido que como, norma general, vientos de velocidades constantes de 30-40 km/h son perfectamente manejables, mientras que a partir de ráfagas superiores a 60-70 km/h es cuando ya se da un grave riesgo de pérdida de estabilidad. Más allá de los 80 km/h se considera que ya hay peligro grave y resulta aconsejable detenerse.
La importancia de intensidad y la dirección del viento
Hablar de “viento”, sin especificar más, sería tan erróneo como hacerlo de “lluvia” o de“nieve”, también sin más. Asumiendo que todo tipo de viento comporta peligro, evidentemente hay factores que agravan la situación. La clave está en la intensidad de las rachas y la dirección, no solo la velocidad. Un viento constante es predecible y, por tanto, más seguro; mientras que el riesgo máximo lo representa esa ráfaga inesperada que pilla por sorpresa.

Sea como sea, es importante adaptar la conducción para reducir el riesgo de accidente. Tal como explica el monitor de seguridad motociclista Josep Chaume, es importante reducir la velocidad -pues el aire afecta más cuanto más rápido se va-, pero procurando que sea siempre ligeramente superior a la del viento y hacerlo evitando cortar gas bruscamente cuando golpea una ráfaga. Asimismo, hay que llevar siempre el motor en régimen medio-alto de vueltas para mantener capacidad de reacción.
El viento lateral -sobre todo si es racheado- es el más peligroso porque empuja la moto hacia un lado. En este sentido, las máquinas con grandes carenados -las Gran Turismo y las deportivas- son mucho más sensibles a este fenómeno, mientras que las “naked” aguantan mucho mejor el ataque aéreo. De hecho, el viento lateral es a lo que más temen los pilotos de MotoGP, incluso más que la lluvia y es justo por eso que en las carreras no se utilizan carenados envolventes o llantas macizas.

El viento de cara resulta más cansado y aumenta el consumo de combustible, pero es menos peligroso que el lateral. El viento de cola, por su parte, es lo contrario; no impide avanzar y reduce el gasto de gasolina, pero exige igualmente atención porque puede hacernos cambiar súbitamente de carril al formar remolinos en la parte trasera.
La postura es la mejor arma “antiviento”. Aunque las soluciones como deflectores o parabrisas regulables -aquellas motos que los lleven-pueden ayudar, no existe mejor manera de enfrentarse a una carretera batida por el viento que adoptar una postura baja, inclinarse hacia adelante para hacerse más pequeño y reducir todo lo que se pueda la resistencia aerodinámica. En este sentido, Chaume da seis consejos.
1. Adaptar la ergonomía
Inclinar ligeramente aunque sin exagerar la parte superior de cuerpo hacia el lado del que viene el viento lateral.
2. Conducir con las rodillas
Aunque la posición no sea demasiado natural no hay que preocuparse, pues la estabilidad depende de la cintura y las rodillas, que hay que colocar bien apretadas para que no circule aire entre ellas y la carrocería.
3. Mantenerse firme pero flexible:
El manillar debe sujetarse con los codos firmes y pegados al cuerpo pero al mismo tiempo con la flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios de trayectoria.

4. Adaptarse es mejor que enfrentarse
Al salir de túneles, en adelantamientos o circulando por viaductos hay que dar siempre por hecho que más temprano que tarde llegará una ráfaga, de modo que hay que estar siempre con el puño del gas preparado.
5. Tener mucho cuidado con los otros vehículos
Los camiones y los automóviles muy grandes crean siempre un efecto “remolino” al circular detrás y a su lado. Imprescindible por tanto aumentar la distancia de seguridad tanto lateral como lineal.
6. Ajustar el equipamiento
La ropa técnica motociclista debe llevarse bien ajustada para evitar el incómodo y agotador “efecto bandera”. Del mismo modo, si la pantalla parabrisas es regulable colocarla en una posición media. Demasiado alta hará de vela y demasiado baja no nos protegerá.
Y un consejo más, este el más importante: sentido común. Si el viento comienza a todas luces a incomodarnos demasiado o a afectar seriamente al control de la moto siempre hay que parar en un lugar seguro y esperar que cese la ventisca.



