La regla de las tres capas o cómo la ciencia te ayuda a no pasar frío cuando viajas en moto
Consejos
El frío no es simplemente una incomodidad para los motoristas, es un factor de riesgo que afecta a la concentración, a la rapidez de reflejos y, en definitiva, a su seguridad

Es importante abrigarse bien en moto cuando hace frío en invierno

Al manillar, el frío no es simplemente una incomodidad. Es un factor de riesgo que afecta a la concentración, a la rapidez de reflejos y, en definitiva, a la seguridad. Y lo más paradójico es que para enfrentarse a las bajas temperaturas tampoco basta solo con “abrigarse”, lo realmente importante es abrigarse bien.
En este sentido, hace tiempo que la ciencia médico-deportiva halló la mejor solución. Una norma que se aplica en todo el deporte de alto rendimiento que se practica al aire libre y a expensas de bajas temperaturas, desde el alpinismo y el esquí a la náutica, pasando -por supuesto- por el motociclismo. Es la llamada “regla de las tres capas” constituida ya como la forma más eficaz y versátil de proteger al cuerpo del frío, basada en fundamentos científicos sólidos y una aplicación práctica ampliamente comprobada.
El desafío térmico del cuerpo humano
Lo primero que hay que saber es que el cuerpo humano mantiene su temperatura interna en torno a los 36,5/37 °C gracias a un delicado equilibrio entre la producción de calor y la pérdida del mismo. Es un mecanismo de una extraordinaria precisión capaz de ajustarse a la décima de grado que -obviamente- enfrentado a ambientes muy fríos se desajusta. Según un artículo publicado por dos de los mayores especialistas en el tema, John Castellani y Andrew Young, en The Journal of Applied Physiology, la exposición prolongada al frío provoca una reducción del rendimiento muscular, una ralentización de los reflejos y un aumento del gasto energético, ya que el organismo debe esforzarse más para conservar el calor y, por tanto, un agotamiento prematuro.

La pérdida térmica ocurre principalmente por cuatro vías: conducción, convección, radiación y evaporación. El viento y la humedad intensifican estos procesos, lo que explica por qué una temperatura moderada puede sentirse extrema en determinadas condiciones. La ropa, en este contexto, actúa como una barrera artificial que ayuda a regular el intercambio de calor entre el cuerpo y el entorno.
La pérdida por conducción se da por contacto directo con una superficie o un líquido frío. La convección se produce cuando nos exponemos al aire o agua en movimiento y es la causa de enfriamiento más habitual en moto. Llamamos pérdida por radiación al calor que irradia el cuerpo irradia calor para compensar que el aire está más frío que la piel. Y por último, la evaporación del sudor de la piel absorbe mucho claro del cuerpo, enfriándolo por evaporación. De hecho por eso sudamos en entornos cálidos.

La regla de las tres capas no se basa en acumular prendas sin criterio, sino en asignar a cada capa una función específica. Un enfoque sistemático que permite maximizar la protección térmica sin sacrificar movilidad ni comodidad.
Primera capa
Gestión de la humedad La capa base, en contacto directo con la piel, cumple una función crucial: mantener el cuerpo seco. Durante cualquier actividad -desde caminar por la ciudad hasta conducir una motocicleta- el cuerpo transpira. Si el sudor se acumula, la evaporación, como hemos visto, acelera la pérdida de calor. Estudios publicados en el International Journal of Clothing Science and Technology destacan que materiales como el poliéster técnico de alto rendimiento tipo Coolmax o mezclas con fibras naturales o la lana favorecen la evacuación del sudor y mantienen un microclima más estable junto a la piel. En contrapartida, el algodón absorbe la humedad y la retiene, aumentando la sensación de frío, razón por la cual los expertos desaconsejan su uso como primera capa en invierno.
Segunda capa
Aislamiento y conservación del calor La capa intermedia es el núcleo térmico del sistema. Su objetivo es retener el calor corporal atrapando aire caliente cerca del cuerpo. Prendas como forros polares, suéteres de lana o chalecos térmicos funcionan gracias a su estructura, que crea pequeñas bolsas de aire aislante. El “U.S. Army Research Institute of Environmental Medicine”, un organismo que investiga -con fines militares- el comportamiento del cuerpo en circunstancias extremas de hipotermia señala que el aislamiento térmico es más eficiente cuando se logra que el aire permanezca inmóvil entre capas de tejido, reduciendo la pérdida de calor por convección. La capa, por tanto, debe ajustarse en grosor según la intensidad del frío o el nivel de actividad física.
Tercera capa
Protección frente al entorno La capa exterior no aporta calor directamente, pero resulta esencial para que el sistema funcione. Su misión es bloquear el viento, la lluvia y la nieve, factores que neutralizan muy rápidamente el aislamiento interno. Las Investigaciones (Osczevski & Bluestein, 2005) sobre la sensación térmica muestran que el viento puede duplicar o triplicar la pérdida de calor corporal incluso a temperaturas no extremas. Por ello, chaquetas impermeables y cortavientos, preferentemente transpirables, son la opción más recomendada.
La disminución de la temperatura corporal reduce la sensibilidad en manos y pies, empeora el tiempo de reacción y puede afectar la concentración
En el mundo de la moto la regla de las tres capas adquiere una importancia aún mayor porque a diferencia de un peatón o un automovilista el motociclista está expuesto de forma constante al viento, lo que incrementa de manera exponencial la pérdida de calor. Tanto es así que a 80 km/h, una temperatura de 10 °C puede sentirse cercana a los 0 °C. La disminución de la temperatura corporal reduce la sensibilidad en manos y pies, empeora el tiempo de reacción y puede afectar la concentración. De hecho, incluso en el motociclismo profesional y de aventura, la gestión térmica es considerada un elemento estratégico.

Pilotos de rally y de larga distancia hacen del mantenerse secos y abrigados la prioridad absoluta para mejorar el rendimiento durante horas de conducción. Respaldada por la ciencia y validada por la experiencia en contextos tan exigentes como el motociclismo, la regla de las tres capas se presenta como un método eficaz, flexible y accesible para enfrentarse al frío.
Entender cómo funciona el cuerpo y elegir la ropa adecuada puede marcar la diferencia entre una jornada incómoda y una experiencia segura y saludable. En invierno y en moto abrigarse bien no es solo cuestión de estilo: es una decisión bien informada que puede salvarnos la vida.

