Citroën Méhari: la historia del todoterreno de plástico que fue un símbolo de libertad
Creado en Mayo del 68
Aunque su imagen está asociada a la diversión, el icónico descapotable francés fue diseñado para los usos más variados

El Citroën Méhari nació como símbolo de libertad para una generación con deseos de romper con el pasado
Si imaginamos un coche de plástico, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de un cuatriciclo infantil como los que se alquilan por minutos en los centros comerciales para que los niños estén entretenidos mientras sus padres realizan las compras. Si retrocedemos unas décadas en el tiempo y nos ponemos en contexto, lo más seguro es que nuestra mente dibuje la silueta del Citroën Méhari, un todoterreno de plástico, versátil y veloz que representó un símbolo de libertad para toda una generación de conductores.
Nacido en plena revuelta del Mayo del 68 francés, el Méhari encajaba como anillo al dedo con el ansia de libertad que reivindicaban los estudiantes franceses al grito de ‘Bajo los adoquines, la playa’. Fue un modelo adelantado a su época que su creador concibió tanto como un vehículo de trabajo, pero sobre todo como un coche de ocio. Era fácil de convertir en un descapotable o una pick-up y se enfrentaba con éxito a firmes irregulares, saliendo airoso del barro y sin encallarse en la arena o en la nieve.

Con un peso de apenas 525 kg, el Citroën Méhari destacaba por su carrocería de ABS, un material fácilmente termoformable, flexible y que se podía colorear en la masa. El resultado fue un pequeño todoterreno de plástico montado sobre la estructura del Dyane 6 con una lona como techo y dos puertas poco convencionales. Su interior era austero y carecía de cualquier elemento superfluo, tanto es así que detrás de los asientos delanteros se encontraba un considerable espacio de carga donde en muchos casos se amontonaban mayores y niños sin control.
El origen
Un empresario que elaboraba piezas para Citroën tuvo la idea de construir un coche de plástico después de que una camioneta de su empresa sufriera un accidente
El Méhari fue presentado en sociedad el 11 de mayo de 1968 en el campo de golf de Deauville y en seguida recibió los elogios unánimes de la prensa. Fue el inicio de un canto de libertad que se prolongaría durante 20 años con una producción total de 150.000 unidades, incluyendo las versiones 4x4 que sirvieron en el ejército francés y que también se emplearon como ambulancia rápida en el Rally París-Dakar de 1980. Una parte de la producción, 12.400 ejemplares, salió de la fábrica que la firma francesa tiene en Vigo.
Detrás del Méhari se esconde la intuición de Roland de la Poype. Este empresario francés creó en 1947 la SEAB, una fundación de aplicaciones y patentes, en donde trabajaba con materiales innovadores para la época, particularmente plásticos y resinas coloreados en la masa. Una de las furgonetas de la SEAB desarrollados por Citroën sobre la base del 2CV sufrió un accidente, pero De la Poype decidió no repararla porque tenía una idea en mente: quería fabricar una carrocería de plástico para instalarla sobre la base Citroën creando un coche completamente nuevo orientado al mercado de los vehículos comerciales. La idea era crear una pick-up con la posibilidad de cerrarse como una pequeña camioneta o abrirse completamente como un descapotable de dos plazas.

Con la ayuda del diseñador Jean-Louis Barrault se realizaron diversas propuestas y al final uno de los prototipos con carrocería ABS que utilizaba el chasis del bicilíndrico AZU, una de las furgonetas de la flota de SEAB, fue presentado a la dirección general de Citroën. No era la primera vez que se encontraban: la SEAB estaba entre los proveedores de la marca de vehículos, para la que producía paneles de puertas, salpicaderos y otros elementos de plástico. Eso sí, muchas veces sin respetar los plazos de entrega acordados.

Por este motivo cuando De la Poype sugirió a los dirigentes de Citroën que ellos les enviasen los chasis y que la SEAB se encargaría de la carrocería y de montar los coche, Pierre Bercot, director general de la marca automovilística, dibujó una sonrisa y contestó: “De ninguna manera; vosotros os encargareis de la producción de las piezas, pero el coche lo montaremos nosotros”.
Desde Citröen vieron que este coche marcaría una época, como así fue. Primero se creó un prototipo de color ocre y posteriormente se fabricaron una veintena de unidades en los colores más dispares: amarillo, rojo, azul, verde e incluso plata. Todos estos colores se utilizaron para la presentación oficial del coche, aunque finalmente si una tonalidad identifica a este curioso vehículo todoterreno, pick-up y descapotable es la naranja.

Su nombre, Méhari, se eligió derivado de una raza de camellos de carreras, particularmente robustos y resistentes, y de inmediato se inició en Francia una producción de dos versiones de dos y cuatro plazas. Este vehículo, que actualmente tiene una versión eléctrica, fabricada también en las plantas de Vigo, Forest (Bélgica) y Mengualde (Portugal).

