Las catástrofes más relevantes de 2025 fueron más devastadoras por el calentamiento.
Balance
Los diez desastres más graves provocaron daños evaluados en 122.000 millones de dólares.

Un hogar resulta devorado por el fuego al tiempo que un efectivo de bomberos intenta sofocar el siniestro de Palisades en el área de Pacific Palisades de Los Ángeles el martes 7 de enero de 2025.

Las pérdidas financieras generadas durante el presente ejercicio a nivel global debido a las altas temperaturas, los fuegos en bosques, la falta de agua y los temporales han sumado una cifra elevada. Únicamente los diez desastres meteorológicos de mayor relevancia supusieron un gasto para el planeta de 122.000 millones de dólares (103.500 millones de euros), de acuerdo con un estudio de la entidad Christian Aid. El calentamiento global incrementó la ferocidad de los siniestros ocurridos en 2025.
Los responsables del estudio sostienen que el cambio climático está potenciando de manera sustancial los desastres meteorológicos extremos en todo el globo, incrementando su rigor y las repercusiones en decesos, sustentos aniquilados y finanzas perjudicadas.
Simultáneamente, señalan en gran parte como responsables de este panorama a las corporaciones de combustibles fósiles, por el “papel fundamental que desempeñan en la crisis”.
Christian Aid demanda acciones inmediatas para disminuir las emanaciones de gases de efecto invernadero y reforzar la ayuda a las poblaciones en riesgo, destacando que las consecuencias de estas catástrofes pueden suavizarse con las intervenciones apropiadas.
“El mundo está pagando un precio cada vez más alto por una crisis que ya sabemos cómo resolver. Estos desastres no son naturales, sino el resultado inevitable de la continua expansión de los combustibles fósiles y la demora política”, señala Joanna Haigh, profesora emérita de Física Atmosférica del Imperial College de Londres, afirmó.
“Si bien los costos ascienden a miles de millones, la carga más pesada recae en las comunidades con menos recursos para recuperarse. A menos que los gobiernos actúen ahora para reducir las emisiones y financiar medidas de adaptación, esta miseria solo continuará”,
Los fuegos de California lideran el listado.
En la clasificación de los desastres con mayor impacto económico durante 2025, sobresalen los incendios forestales de Palisades y Eaton, en California, que originaron perjuicios superiores a los 60.000 millones de dólares (con una cifra de víctimas que supera las 400 personas).
Los factores meteorológicos favorables (aridez intensa, altas temperaturas, ráfagas potentes) que otorgaron tal poder destructivo a los fuegos de Palisades y Eaton han incrementado su probabilidad en un mínimo del 35 % dentro del entorno atmosférico presente frente a un escenario carente de calentamiento global provocado por la humanidad.
Ocupando la segunda posición del listado figuran los ciclones y desbordamientos que golpearon el sudeste asiático en noviembre, generando perjuicios por 25.000 millones de dólares y rebasando las 1.750 defunciones en Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, Vietnam y Malasia.
Conforme los registros térmicos mundiales se elevan por el alza de los gases de efecto invernadero generados al quemar combustibles fósiles, la aptitud del aire para albergar humedad también se incrementa. Esto, por consiguiente, puede provocar que los ciclones se tornen más intensos y perjudiciales.
El huracán Melissa impactó Jamaica, Cuba y Bahamas, dejando perjuicios por 8.000 millones. Los analistas establecieron que el cambio climático incrementó la potencia del huracán en Jamaica un 30% y volvió dos veces más factible su aparición.
Del mismo modo, un análisis actual de atribución climática determinó que el cambio climático agravó las potentes precipitaciones monzónicas en Pakistán, volviéndolas un 12 % más severas de lo que habrían resultado en un entorno sin cambio climático.
Las tormentas en Filipinas generaron perjuicios económicos por encima de los 5.000 millones de dólares, resultando en más de 1,4 millones de desplazados. Conforme a los análisis referidos, el calentamiento global antropogénico incrementó la potencia de un ciclón similar al de Ragasa y volvió su aparición un 49% más frecuente respecto a una realidad sin alteraciones climáticas.

Gran parte de las proyecciones financieras se fundamentan en los daños asegurados.
Gran parte de estas valoraciones financieras se fundamentan exclusivamente en los daños asegurados, lo cual implica que posiblemente los gastos económicos reales resulten todavía superiores, al tiempo que el impacto humano suele quedar sin registrar.
El cálculo de los gastos suele ser superior en las naciones más prósperas, donde los bienes inmuebles poseen un valor elevado y cuentan con seguros, no obstante, varios de los desastres naturales más graves de 2025 golpearán a los estados con menos recursos. Estas poblaciones apenas han tenido responsabilidad en la crisis climática y carecen de herramientas suficientes para reaccionar. Esto abarca las crecidas de agua en Nigeria durante mayo (con cientos de individuos en paradero desconocido) y en la República Democrática del Congo en abril (con más de 100 decesos verificados por el gobierno). Por otro lado, la aridez extrema en Irán puso en peligro a los 10 millones de ciudadanos de Teherán.

Demás de igual modo catastróficos, como Brasil o España
El documento asimismo resalta diez fenómenos meteorológicos críticos que no generaron perjuicios cubiertos por seguros lo bastante elevados para figurar en el top diez, aunque resultaron igual de catastróficos y, frecuentemente, perjudicaron a millones de individuos. Tales sucesos abarcaron diversos episodios en naciones con menos recursos, donde gran parte de la población no posee pólizas y el acceso a los datos es más limitado.
Durante el primer semestre de 2025, Brasil experimentó un estiaje constante y extenso que impactó a más de la mitad del territorio en su momento más crítico. El estado de aridez extrema se propagó desde las regiones norte y noreste hacia zonas agrarias de gran relevancia, tales como São Paulo, Goiás, Minas Gerais y Mato Grosso do Sul,
Los cauces fluviales disminuyeron hasta cotas mínimas, el abastecimiento de agua en las ciudades enfrentó serias dificultades y los grupos originarios y campesinos experimentaron una entrada restringida al líquido vital junto con la reducción de sus producciones agrícolas.
Los impactos financieros resultaron severos y se estimaron durante el lapso de enero a junio en 4.750 millones de dólares estadounidenses en perjuicios. El sector agrícola fue el más perjudicado.
Diversos científicos identifican el cambio climático como un factor determinante en la recurrencia y magnitud de los periodos de sequía en Brasil. Una investigación de atribución llevada a cabo el ciclo anterior demostró que el cambio climático incrementó 30 veces las posibilidades de que ocurriera un estiaje histórico en la selva amazónica. El incremento térmico y las variaciones en los ciclos de precipitaciones provocan además que el periodo de estiaje resulte más extremo y errático, elevando la amenaza de sequías críticas y exponiendo al país a una fragilidad creciente.
Península Ibérica atravesó uno de los periodos de incendios forestales más catastróficos
A lo largo de la época estival, la Península Ibérica atravesó uno de los periodos de fuegos forestales más destructivos de los últimos decenios. Episodios de calor intenso que persistieron por varias semanas, alcanzando cifras por encima de los 40 °C, junto con una escasa humedad ambiental, generaron un entorno propicio para la propagación de las llamas. España contabilizó temperaturas históricas, destacando un pico máximo de 45,8 °C en una sola jornada.
Cerca de 383.000 hectáreas de terreno habían sido consumidas por las llamas en España hasta el mes de septiembre. Diversos especialistas han relacionado las situaciones meteorológicas críticas que propician incendios con el calentamiento global. Expertos en estudios de atribución calculan que la crisis climática elevó 40 veces las posibilidades de que ocurran estos eventos, incrementando además la fuerza de los fuegos en cerca de un 30 %.

No constituyen eventos fortuitos ni simples hechos de la naturaleza. Representan la consecuencia de cielos y mares con temperaturas elevadas determinados por décadas de emanaciones de combustibles fósiles.
“Los sucesos documentados en este informe no son desastres aislados ni fenómenos naturales. Son el resultado predecible de una atmósfera y océanos más cálidos, regidos por décadas de emisiones de combustibles fósiles”, resume Davide Faranda, director de investigación del Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente (LSCE) del Instituto Pierre Simon Laplace (Francia). “Lo que presenciamos en 2025 no es una advertencia del futuro; es la realidad actual del colapso climático”.
Patrick Watt, director ejecutivo de Christian Aid, declaró: “Estos desastres climáticos son una advertencia de lo que nos espera si no aceleramos la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles. También subrayan la urgente necesidad de adaptación, especialmente en el sur global, donde los recursos son limitados y las personas son especialmente vulnerables a las crisis climáticas”.
“El sufrimiento causado por la crisis climática es una decisión política. Está impulsado por las decisiones de seguir quemando combustibles fósiles, permitir que las emisiones aumenten e incumplir las promesas sobre financiación climática”, añade Watt. “En 2026, los líderes mundiales deben actuar, apoyando a las comunidades que ya se están adaptando a nivel local y proporcionando los recursos que se necesitan con urgencia para proteger vidas, tierras y medios de vida”.

