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Todo lo que revela la tripa de una abeja sobre la salud ambiental de las ciudades

Biodiversidad

Un estudio demuestra que la tripa de una sola abeja silvestre lleva un mapa microscópico del entorno urbano en el que vive: puede alertar sobre la escasez de flores, la propagación de patógenos y la contaminación 

Las abejas silvestres pueden pueden convertirse en sensores vivos de la salud ambiental de las ciudades

Las abejas silvestres pueden pueden convertirse en sensores vivos de la salud ambiental de las ciudades

España es una de las áreas con mayor diversidad de abejas de la cuenca mediterránea. De las más de 22.000 especies de abejas que hay en el mundo, 1.100 habitan en España, según estima el equipo científico de la Estación Biológica de Doñana. A diferencia de lo que se cree, la mayoría son solitarias. Es decir, no forman colmenas y enjambres. Tampoco producen miel. Estas abejas silvestres son polinizadores cruciales para los ecosistemas: son las responsables de la producción de semillas y frutos de muchas plantas que consumimos, como, por ejemplo, almendras, judías, melocotones, fresas, calabacines o pimientos. Ahora se sabe que también son informantes de la salud ambiental de las ciudades. Un nuevo estudio demuestra que la tripa de una sola abeja silvestre lleva un mapa microscópico del entorno urbano en el que vive, un “informe de laboratorio” que puede alertar sobre la escasez de flores, la propagación de patógenos y el aumento de contaminación humana.

Este hallazgo científico revela que, en plena crisis climática, ambiental y de biodiversidad, las abejas silvestres pueden pueden convertirse en sensores vivos de la salud ambiental de las ciudades. Sus intestinos ofrecen una nueva forma de medir la presión ecológica de las grandes urbes, sin sensores ni estaciones de control.

Esperamos que estos métodos contribuyan al desarrollo de biomarcadores microbianos de alerta temprana en las ciudades

Min Tang

Profesor e investigador de la Universidad Jiangsu

“Hemos descubierto que el intestino de una abeja silvestre puede actuar como un sensor biológico sensible de la calidad ambiental urbana. Al integrar la dieta, las bacterias, los virus y la resistencia a los antibióticos en un único flujo de trabajo, capturamos presiones ecológicas que los estudios de campo tradicionales a menudo pasan por alto”, explica Min Tang, profesor e investigador de la Universidad Jiangsu, China, uno de los autores del estudio, publicado semanas atrás en la revista científica Insect Science

Tang y su equipo de trabajo utilizaron la secuenciación metagenómica de la abeja albañil solitaria en diez zonas agrícolas urbanas de Suzhou, ciudad al oeste de Shanghái. Analizaron el polen alimentario, las bacterias y virus intestinales, y los genes de resistencia a los antibióticos.

Las abejas urbanas suelen depender en gran medida de un pequeño subconjunto de recursos florales. En las ciudades de China, se alimentan especialmente de cultivos de Brassica -hortalizas de la familia de las crucíferas, como el brócoli, coliflor, repollo- y, en menor medida, del árbol plátano de sombra. La aparición de esta segunda planta en el intestino de las abejas es un indicador de la búsqueda de alimento de “forma oportunista” cuando las opciones son limitadas, lo que sugiere que ese entorno urbano está sufriendo escasez floral. “Una señal ecológica de que las plantaciones urbanas y el paisajismo estacional pueden limitar la nutrición”, explican los autores de la investigación.

Presiones ambientales ocultas

Detalle de un colmenar de ‘La Abeja Viajera’,  una empresa apícola dedicada a la cría de abejas y ubicada en Soto del Real
Detalle de un colmenar de ‘La Abeja Viajera’,  una empresa apícola dedicada a la cría de abejas y ubicada en Soto del RealRafael Bastante - EP

Los intestinos de las abejas contienen numerosos bacteriófagos (virus que infectan bacterias), que cumplen un papel estabilizador del microbioma. En las zonas más degradadas, el análisis arrojó tres datos importantes: una menor presencia de estos fagos reguladores, más bacterias oportunistas y una mayor cantidad de virus asociados a animales vertebrados, un “patrón” que coincide con entornos sometidos a mayor presión ecológica.

El examen a las abejas identificó un núcleo común dominado por Gammaproteobacteria, clave para la digestión del polen. Sin embargo, en dos puntos geográficos de la ciudad, desapareció y fue reemplazado por una bacteria oportunista. Este cambio abrupto, se explica en la investigación, es una señal de “alteración ambiental”, vinculada a baja diversidad floral o estrés químico.

“Si bien nuestro trabajo se centra en una sola especie de abeja en una ciudad, el enfoque es ampliamente escalable”, explica Tang. “Esperamos que estos métodos orienten la planificación urbana respetuosa con los polinizadores y contribuyan al desarrollo de biomarcadores microbianos de alerta temprana”, señala sobre la trascendencia del hallazgo.

La nueva evidencia científica, agrega, va alineada con el principio de “one health” (una sola salud), un enfoque integral y unificador cuyo objetivo es equilibrar y optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que cobró fuerza tras la pandemia de Covid-19.

Genes de resistencia a antibióticos

La resistencia a los antimicrobianos (RAM), que se produce cuando gérmenes como bacterias y parásitos desarrollan la capacidad de vencer a los fármacos diseñados para acabar con ellos y seguir creciendo y propagándose, es una preocupación central dentro de este enfoque de salud.

Los genes de resistencia a antibióticos llegan a los ecosistemas principalmente a través de las aguas residuales y excrementos de humanos y animales. Son transportados por bacterias que los transfieren mediante elementos genéticos móviles como plásmidos y transposones, diseminándose en el suelo y agua, donde otras bacterias los captan y propagan, incluso a través del aire y la lluvia, amplificando la resistencia en el medio ambiente natural.

El estudio también detectó 173 genes de resistencia a antibióticos en los intestinos de las abejas. Su distribución varió según la zona, mostrando que las abejas incorporan sin saberlo rastros de la infraestructura urbana, como entradas de aguas residuales, escorrentía agrícola o comunidades microbianas sembradas por personas y mascotas. “En otras palabras, las abejas recogen y transportan silenciosamente un eco microbiano de nuestros patrones de contaminación y plomería urbana”, detalla Tang.

Las tripas de las abejas, brújulas para orientar decisiones políticas

El equipo científico de la Estación Biológica de Doñana, liderado por el investigador Ignasi Bartomeus, especializado en ecología de comunidades, señala que la conservación de las abejas silvestres y los insectos polinizadores es uno de los “grandes retos ecológicos en la actualidad”. La función que desempeñan es clave para la reproducción de plantas, el mantenimiento de los ecosistemas y la producción de alimentos, “aunque a menudo sean ignorados por la sociedad”.

​La nueva investigación de los colegas chinos agrega más valor al rol de estos insectos: un análisis rutinario con un secuenciador de ADN puede orientar decisiones políticas sobre la salud ambiental de las ciudades. La “analítica” de las abejas puede transformarse en una alerta temprana para la adaptación a las presiones climáticas y ambientales. ¿Cómo? Gestionando los productos químicos con más cuidado y diseñando mosaicos urbanos más verdes donde los polinizadores puedan prosperar.

​En sus conclusiones, los científicos chinos aclaran que el flujo de trabajo -que analiza simultáneamente la dieta, las bacterias, los fagos, los virus y los genes de resistencia- puede aplicarse a otros insectos como moscas o avispas.

El declive de las abejas silvestres en Europa

Según los últimos estudios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), casi un centenar de especies de abejas silvestres han sido clasificadas como amenazadas, pasando a integrar la Lista Roja de Especies Amenazadas.

La pérdida y degradación de hábitats, la contaminación por agroquímicos y el cambio climático son las principales causas de este declive, denuncia la organización española Ecologistas en Acción. Enumeran la intensificación agrícola, la pérdida de prados florales tradicionales, el uso masivo de pesticidas y los periodos prolongados de calor y sequía como responsables de este declive.

En España, a estas amenazas se suma la expansión del avispón oriental (Vespa orientalis), una especie invasora originaria del suroeste de Asia y noreste de África, que se ha establecido en Andalucía debido al cambio climático y al transporte global de mercancía.

También, al ser un país agrícola, el uso de pesticidas está teniendo un impacto negativo en esta especie. Estas sustancias químicas son tan importantes como la pérdida de hábitats en el declive global de las abejas silvestres en los cultivos, advierte un reciente estudio internacional, en el que han participado miembros del grupo de investigación de Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (BESLab) de la Universidad de Oviedo y el SERIDA.

El análisis global evidencia un patrón similar lo largo de los distintos sistemas de cultivo estudiados (la manzana de sidra de Asturias, en el caso de España): el incremento del uso de pesticidas reduce el tamaño de las comunidades de abejas (menos individuos), empobrece su diversidad (menos especies) y las hace más homogéneas (especies más parecidas entre sí).

Andrés Actis Fernández

Andrés Actis Fernández

Periodista especializado en clima y medio ambiente

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