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Un mapa sin precedentes muestra cómo el magnetismo da forma a la Vía Láctea

Avance científico

El trabajo, liderado desde UBC Okanagan y basado en observaciones con el radiotelescopio de 15 metros del Dominion Radio Astrophysical Observatory (Canadá), utiliza la rotación de Faraday para reconstruir estructuras magnéticas que antes quedaban ocultas

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El JWST capturó recientemente una imagen de un chorro estelar de gran tamaño en las afueras de nuestra galaxia, la Vía Láctea, en el protocúmulo Sh2-284

El JWST capturó recientemente una imagen de un chorro estelar de gran tamaño en las afueras de nuestra galaxia, la Vía Láctea, en el protocúmulo Sh2-284

NASA, ESA, CSA, STSCI, YU CHENG (NAOJ) / Europa Press

La Vía Láctea no solo es un disco de estrellas, polvo y gas. También está atravesada por un campo magnético que influye en cómo se organiza la materia entre las estrellas y, con ello, en procesos tan básicos como la formación estelar. Esa “arquitectura invisible” acaba de verse con más detalle gracias a un nuevo mapa publicado en la revista científica Phys.org, que presenta la imagen más completa hasta ahora del magnetismo de nuestra galaxia en el cielo del hemisferio norte.

El trabajo lo ha liderado un equipo internacional encabezado desde la University of British Columbia Okanagan (UBCO). Para lograrlo han utilizado datos del radiotelescopio de 15 metros del Dominion Radio Astrophysical Observatory (DRAO), cerca de Penticton (Canadá). Con esas observaciones han construido el primer mapa de banda ancha de la llamada rotación de Faraday, un efecto que permite “seguir” los campos magnéticos a partir de cómo cambia la polarización de las ondas de radio cuando atraviesan gas ionizado.

De izquierda a derecha: Rebecca Booth, la Dra. Anna Ordog y el Dr. Alex Hill con el telescopio DRAO de 15 m detrás
De izquierda a derecha: Rebecca Booth, la Dra. Anna Ordog y el Dr. Alex Hill con el telescopio DRAO de 15 m detrásConsejo Nacional de Investigación de Canadá/Conseil National de Recherches Canada

El conjunto de datos, bautizado como DRAGONS y enmarcado en la iniciativa Global Magneto-Ionic Medium Survey (GMIMS), aporta algo clave: al cubrir un rango amplio de frecuencias, deja ver estructuras magnéticas que antes quedaban camufladas. “Con nuestro nuevo conjunto de datos podemos mirar la emisión polarizada desde dentro de la propia galaxia y vemos que el campo magnético tiene mucha estructura”, explica en Phys.org la investigadora Anna Ordog, una de las responsables del proyecto. Dicho de otra manera, el magnetismo galáctico no se comporta como un patrón simple y uniforme, sino como un entramado con pliegues, cambios y capas.

La gran sorpresa del estudio, según los investigadores, es cuánta parte del cielo resulta ser lo que denominan “Faraday complex”. Esto significa que en muchas zonas la señal no responde a una sola “capa” magnética fácil de interpretar, sino a varias contribuciones superpuestas a lo largo de la línea de visión. Ese detalle importa porque obliga a repensar modelos demasiado promediados del campo magnético: si el mapa está lleno de “relieve”, las explicaciones también tienen que estarlo.

Podemos mirar la emisión polarizada desde dentro de la propia galaxia y vemos que el campo magnético tiene mucha estructura

El proyecto además recupera una idea antigua que parecía adelantada a su época. En 1966 ya se propuso que observaciones de radio polarizada en muchas frecuencias permitirían medir la estructura tridimensional del magnetismo de la Vía Láctea, pero faltaban instrumentos capaces de hacerlo a gran escala. El salto llega ahora gracias a radiotelescopios modernos y a campañas sistemáticas como DRAGONS, que han “pintado” el cielo con una velocidad impensable hace décadas.

El radiotelescopio de 15 metros del DRAO tiene otra historia curiosa: fue construido como prototipo para el Square Kilometre Array (SKA), el gran proyecto internacional de radioastronomía que se despliega en el hemisferio sur. En este caso, ese prototipo se ha convertido en una herramienta perfecta para rastrear estructuras magnetizadas de gran tamaño: no busca el detalle fino de una región concreta, sino el dibujo general que conecta burbujas creadas por supernovas, brazos espirales y zonas extensas del medio interestelar.

 El equipo explica que estos datos ya han servido para estudiar una gran inversión en el campo magnético galáctico y que, a partir de ahora, permitirán cruzar resultados con otros sondeos y afinar cómo se separa la “señal de la galaxia” de otras emisiones del universo.