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El influencer que se convirtió en su propio gemelo digital: Khaby Lame se retira y vende su identidad en redes por 975 millones de dólares, para que otros la exploten mediante IA

Jubilado a los 25

Lame ha vendido su rostro, sus gestos, su manera de reaccionar y su presencia en la pantalla. El contrato contempla la creación de una réplica con IA para  hacer vídeos con su imagen sin que él tenga que intervenir personalmente para nada

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Khaby Lame, el tiktoker más seguido, vende su imagen para que otros la exploten con IA.

Khaby Lame, el tiktoker más seguido, vende su imagen para que otros la exploten con IA.

Vender su existencia digital por 975 millones de dólares. Eso es lo que ha hecho Khaby Lame, el influencer italiano que, con tan solo 25 años, redefine qué significa tener una marca personal en la era de la inteligencia artificial

Durante años, Khaby ha sido uno de los influencers más cotizados del planeta sin pronunciar una sola palabra. Su expresividad y su humor seco le han bastado para pasar de trabajar como operario a poder vivir con creces de su imagen y convertirse en el influencer más seguido en el mundo en TikTok. Pero Lame ha ido un paso más allá vendiendo su empresa, su marca y, en la práctica, su imagen e identidad digital para que una inteligencia artificial pueda replicarlo. 

La operación es tan grande como simbólica. Rich Sparkle Holdings no solo ha adquirido Step Distinctive Limited, la empresa que gestionaba la carrera de Khaby, por 975 millones de dólares en acciones, sino que como parte del acuerdo, el conglomerado financiero obtiene 36 meses de derechos globales exclusivos sobre la marca de Khaby Lame.

En una de las operaciones más sonadas de la historia de internet, Lame ha vendido su rostro, sus gestos, su manera de reaccionar y su presencia en la pantalla. El contrato contempla la creación de un “gemelo digital”. En términos prácticos, se trata de un modelo de inteligencia artificial entrenado con los datos biométricos de Khaby, incluyendo su cara, sus patrones de voz y sus modelos de comportamientos.

Va más allá de un simple avatar digital y la reproducción de su cara. El influencer ha autorizado la capacidad de generar contenido digital que imita su presencia de forma automática, en múltiples idiomas y husos horarios, sin que él tenga que grabar ni aparecer físicamente. Esto significa que Rich Sparkle podrá usar ese modelo artificial para generar contenido, anuncios, apariciones y campañas sin la participación directa de Khaby, lo que abre una dimensión completamente nueva de monetización

El plan comercial del acuerdo, según Forbes, proyecta que la monetización de su audiencia podría generar más de 4.000 millones de dólares anuales, un objetivo que ya supera con creces las métricas de cualquier contrato tradicional de influencer.

Khoby Lame deja de ser un creador de contenido para convertirse en una plataforma de influencia automatizada adaptándose a diferentes mercados y escenarios. Mientras muchas celebridades y creadores han explorado acuerdos con inteligencia artificial, ninguno hasta ahora había formalizado el derecho a replicar su identidad completa para uso comercial de esta manera.

Esto llega después de que muchas celebridades tradicionales como actores de Hollywood y de Bollywood hayan empezado a proteger legalmente su imagen. Lo hacen porque la inteligencia artificial ya puede copiar su voz, su cara o su forma de actuar, y quieren evitar que se use sin su permiso para anuncios, estafas o manipulaciones. Entre ellos hay estrellas indias como Salman Khan o Aishwarya Rai, y también figuras como Scarlett Johansson, Tom Cruise, Nicole Kidman o Rihanna.

El acuerdo de Khaby Lame es uno de los más grandes que se han hecho nunca alrededor de la imagen de una persona en internet. Marca una nueva etapa en el uso de la inteligencia artificial para publicidad y marketing, y cambia la forma en la que el público se relaciona con los creadores. Todo a la vez en todas partes.

La historia de Khaby Lame

Khaby Lame nació en Dakar, Senegal, en el año 2000, y cuando apenas tenía un año su familia se mudó a Italia. Creció en viviendas sociales en Chivasso, una localidad cercana a Turín, en un entorno humilde, con tres hermanos y una vida bastante alejada de los focos. Pasó por escuelas italianas y también, durante un tiempo, sus padres lo enviaron a una madrasa cerca de Dakar para que estudiara allí.

Antes de ser famoso, su vida era la de miles de chavales: trabajaba como operario en una fábrica manejando máquinas… hasta que en marzo de 2020 lo despidieron, justo cuando la pandemia empezaba a golpear Europa.

Sin trabajo y encerrado en casa, empezó a subir vídeos a TikTok. Bailes, clips viendo videojuegos, cosas normales. Pero cuando empezó a responder a vídeos de “life hacks” complicados y engañosos demostrando cómo se podía hacer lo mismo de forma sencilla, dio el boom. Solo con gestos, una mirada de “¿en serio?” Y su ya famosa manera de abrir las manos al final, como diciendo “era tan fácil” se expandió por el mundo.

En cuestión de meses pasó de ser un desconocido a uno de los rostros más reconocibles de TikTok. En 2021 ya era el italiano más seguido de la plataforma, y poco después empezó a adelantar a las grandes estrellas estadounidenses. Para 2022 ya había superado a Charli D’Amelio y se había convertido en el creador con más seguidores del mundo.

A partir de ahí, campañas con marcas como Hugo Boss, apariciones en eventos como el Festival de Venecia, colaboraciones con clubes como la Juventus y premios de la industria digital. Además, Y ahora, su movimiento más radical: convertir su propia identidad en un producto que puede existir sin él.