‘American psycho’ y la carcajada que antecede a la contienda

EL PATIO DIGITAL

‘American psycho’ y la risotada que precede a la guerra
Redactor

Las Claves

  • Patrick Bateman idolatra a Donald Trump en American Psycho, cambiando su opinión sobre la pizza de Pastels por seguir al empresario.
  • El texto compara las burlas de Donald

El Patrick Bateman que aparece en la obra de American psycho detesta la pizza servida en Pastels. Opina que la capa de queso resulta insuficiente y que la masa es excesivamente delgada y frágil debido a una cocción prolongada por parte del cocinero. Su colega Craig McDermott le muestra una pieza periodística acerca de Donald Trump. El perturbado Bateman ve en el empresario a un ídolo, situándolo como su principal modelo a seguir. Hace referencia a él en más de treinta ocasiones durante el relato, tal como señala @IAPonomarenko. Dentro del escrito, específicamente en la conclusión, McDermott subrayó un fragmento con color rojo: Trump afirma que la pizza superior de Manhattan se encuentra precisamente en ese local, en Pastels.

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MANDEL NGAN / AFP

–¿Qué te parece ahora la pizza del Pastels, Bateman?

—Vaya, considero que me hace falta catarla otra vez. [...] Atiende, si Donny aprueba la pizza de Pastels, yo también la acepto.

Bateman percibe a Trump como un líder incuestionable. Siente admiración por él dado que representa la riqueza, el triunfo, el exceso y el poder. Asimismo, recibe elogios de quienes recientemente festejaban sus ocurrencias durante la reunión republicana en el Kennedy Center acerca de los deportistas transgénero, Macron, la “fealdad” de los venezolanos o las críticas de su esposa por sus bailes. “¿Te imaginas a Roosevelt bailando?”, afirma que fue ella quien le consultó. Ese mandatario de EE.UU. Padecía polio, una afección que lo forzaba a desplazarse en silla de ruedas.

Pasando de un psicópata ficticio a uno auténtico: Hitler. Alocución del 28 de abril de 1939. Dentro del Reichstag. Quince días antes, Roosevelt le remitió una misiva. El  Führer emplea gran parte de su discurso para examinarla y burlarse de él. El momento de mayor risa ocurre al mencionar las naciones “independientes” que el estadounidense enumeró con el fin de que asegurara que no las agrediría ni las ocuparía.

La secuencia de esta lectura es la siguiente: “Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Suecia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Gran Bretaña [primeras risitas del personal del Reichstag], Irlanda, Francia [risas por debajo de la nariz], Portugal, España, Suiza, Liechtenstein, Luxemburgo, Polonia [la carcajada ya no se disimula], Hungría, Rumanía, Yugoslavia, Rusia, Bulgaria, Grecia, Turquía, Irak, Arabia Saudí, Siria, Palestina [partiéndose la caja todos], Egipto e Irán [aplausos hilarantes y apoteosis final del humor]”. La carcajada antecede al conflicto.

Trump no equivale a Hitler, a pesar de lo que su actual vicepresidente JD Vance lo acusara en el 2016 de serlo. Sin embargo, no hace falta tal comparación para identificar en él una actitud idéntica. Resulta sencillo visualizar actualmente una misiva similar enviada por algún mandatario de Europa hacia Trump. Es fácil contemplarlo desempeñando esa misma función, mofándose con sus seguidores al repasar un listado de naciones que el presente líder de Estados Unidos, según indican en X, ha intimidado con la fuerza o atacado directamente en apenas doce meses: México, Canadá, Cuba, Groenlandia, Colombia, Panamá, Irán, Nigeria, Yemen, Somalia, Siria, Irak o Venezuela.

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Resulta sencillo visualizarlo dado que Trump se refiere a cualquier región al sur de EE.UU. Como el “patio de atrás” o lebensraum; debido a que en enero del 2021 orquestó su particular putsch  en el Capitolio y en el Congreso; puesto que ciertos colaboradores suyos realizan el saludo nazi; ya que hostiga a habitantes de su propia nación; porque falta a la verdad igual que cualquier autócrata y al asegurar que evitará estrategias de expansión (este vídeo de la CNN que contrasta realidades con compromisos resulta fulminante). Además, ignora la legalidad internacional y ha dejado de percibir la obligación de aparentar ante los demás. Posee su grupo de fieles, aquellos que celebran sus ocurrencias y le siguen la corriente.

“No pienso en nada –dice Bateman-. Hay silencio en la oficina. Para romperlo, señalo un libro sobre el escritorio, al lado de la botella de San Pellegrino. El arte de la negociación, de Donald Trump”. Aquello sucedió hace 35 años. En este momento, encima de la mesa, descansa El arte de la guerra cubriendo los Epstein files.

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