Opinión

Mujer blanca muere

Estamos mirando el mundo con anticipada nostalgia. Como que lo que vemos ya no está y nos acordamos de aquellas películas sobre el verano antes de la guerra, cualquiera de ellas. Entendemos ahora por qué aquellos que creían vivir una época que ya era otra no sabían qué se les venía encima. En qué se equivocaron, qué no supieron hacer, cómo les fue creciendo la bestia. Empatizamos con ellos. Con su ceguera, con su cobardía, con su necesidad de seguir como si nada, pero también con su fe y su confianza en que la violencia no se hiciera con todo el argumento de la historia. El no serán capaces, el no se atreverán, de siempre. Es imposible que les dejen, que les voten, que digan lo que están diciendo.

Renee Nicole Macklin Good, fallecida por disparos del ICE en Minneapolis
Renee Nicole Macklin Good, fallecida por disparos del ICE en MinneapolisInstagram

Luego, llegará el capítulo de creer que uno está protegido porque no es (aún) el objetivo. Después el yo no podía saber que harían lo que hicieron. Y, transcurridos los años: olvido, excusas y reconciliación. Siempre perdonan las víctimas. Siempre es libertad lo que se grita al otro.

Queda el poder de la gente: no por defender privilegios sino derechos y justicia para todos

Han baleado a una mujer en su coche. Por fortuna para el relato, era blanca, estadounidense, 37 años. Observadora civil. Un matón de la ICE lo hizo. Terrorismo doméstico, lo llaman desde el Gran Hermano. Es posible que solo la mitad de EE.UU. Pueda salvar al mundo de la otra mitad mientras se nos congela el corazón en Groenlandia. Todo resuena como un eco en la nostalgia que sentimos, pero, a la vez, hay sonidos nuevos a los que no nos queremos acostumbrar. Espadas de madera contra rifles. Normas y leyes contra fuerza bruta. Y como si miráramos nuestro propio divorcio, nos preguntamos qué pudimos hacer o defender ante el desastre. Nada desde el pasado.

Una mujer blanca muere en Minneapolis. Hoy. Ahora. Queda el poder de la gente en cada una de nuestras sociedades americanas, europeas. No por defender privilegios ni estatus, sino derechos y justicia para todos. Pero también necesitamos a líderes que se enfrenten a los matones. Aunque les rompan la nariz, aunque paguemos más caro lo que ya no podamos comprar. Representan nuestra dignidad y estilo de vida. No es luchar por Venezuela o Ucrania, sino por nuestra sanidad pública. No es hacerlo porque una mujer blanca haya sido asesinada por un ICE, sino porque no haya gente muerta de frío en la calle.

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