
Rodalies, descontento político en la red.
El patio digital
Si existe un rincón donde reside el català emprenyat, ese son las redes sociales. En los años recientes, su visibilidad en el espacio público ha menguado y solo brota cuando el agravio es lo bastante serio como para elevar la protesta —como sucede con el debate de la financiación. No obstante, en internet siempre se ha localizado este nuestro y particular enfado, que se arrastra desde la etapa del preprocés. Solo es cuestión de buscar un poco. En ocasiones es por la situación del catalán o por el “charneguismo”; otras, por rencillas ligadas a las consecuencias del 1-O; otras, por las tendencias xenófobas de algunas corrientes, y otras, por temas como la mencionada financiación, el estado de la vivienda, la educación o, resaltado en mayúsculas, Rodalies. En X, absolutamente todo funciona mal en Catalunya, aunque algo de razón hay en ello.

No es que esto suponga un gran logro, ni que los catalanes seamos singulares en el escenario digital. Se puede asegurar que X representa el espacio idóneo del català emprenyat, tal como ocurre con el español emprenyat, el estadounidense emprenyat, el argentino emprenyat o el botsuano emprenyat. Si experimentas enojo y buscas que la gente se percate, X se diseñó para ti. Sin embargo, no se deben despreciar las muestras de furia en las plataformas: por muy fingidas o incentivadas que se perciban, que lo son, reflejan tendencias subyacentes o cuentan con la facultad de originar transformaciones en el plano físico. La esfera virtual no es una copia idéntica de la realidad; no obstante, podría llegar a serlo. O, cuando menos, tiene esa ambición.
Debido al bloqueo de los trenes, los 'ferrocatas' han cosechado nuevamente importantes aplausos y el independentismo ha sido la corriente que mejor ha dirigido la molestia social en internet.
Debido a esto, al surgir una emergencia como la experimentada recientemente debido al desorden circulatorio en Catalunya, el català emprenyat encuentra su mayor manifestación en X, plataforma que aglutina la indignación constante que se percibe cotidianamente en internet. Resulta llamativo que este malestar se manifieste únicamente mediante el independentismo y no a partir de otros sectores ideológicos, considerando que los perjudicados por la insólita detención de Rodalies seguramente eligen las diversas alternativas presentes en nuestro estimado espectro político catalán. Es asombroso que, frente a un desbarajuste de tal calibre —no es poca cosa que en un área metropolitana de cinco millones de habitantes los ferrocarriles dejen de operar—, resulte extraño que quienes muestran mayor irritación parezcan ser siempre los mismos perfiles. Habrá quienes crean que ciertos grupos claman en exceso; otros considerarán que el resto guarda un silencio excesivo.
Así, las soluciones propuestas en la red han variado desde dimisiones a tutiplén a la aceleración del anunciado traspaso íntegro de Rodalies o directamente la “expulsión” de Renfe. Todo ello entre elogios de la empresa de la Generalitat, los “ferros” o “ferrocatas” como se les ha llamado toda la vida, al que de nuevo le han caído todas las flores. “Se ve que si subes a un tren de los ferrocarrils, te libras del cambio climático”, comentaba @herodot10 a propósito de las explicaciones del ministro Puente. Ventajista o no, lo cierto es que estos han sido los únicos trenes que han circulado, puntualmente, esta semana. “Bon dia. El servei d'FGC funciona segons l'horari programat a totes les línies”, no se ha cansado de repetir el presumiblemente feliz community, al que seguro envidiará su colega de @Rodalies.
Gran parte de la sociedad desearía que esta indignación derivara en cambios políticos reales, no obstante, si bien el malestar digital agita y genera corrientes de opinión inmediatas y fervientes, existe el peligro de que solo sean destellos pasajeros. Por citar un caso, ¿qué impacto real tendrá el vídeo viral del Partido Verde británico, que ha recibido tantos elogios recientemente en X “por poner la clase en el centro del discurso político”? Dicha pieza publicitaria, donde aparece el dirigente Zack Polanski trotando mientras menciona la precariedad de los sectores obreros, resulta excelente como estrategia de comunicación política, ciertamente, pero... ¿logrará trascender de ser una simple ilusión virtual con ciertos tintes de optimismo?
¿Precisa la causa independentista algo más que una campaña viral como la que Rodalies le ofrece cotidianamente para “despertar”? ¿Conseguirá la indignación por el bloqueo de los trenes —reflejada mayormente en publicaciones furiosas— motivar a los ejecutivos actuales, de un lado y de otro, a realizar giros verdaderos que frenen la reactivación de este sentimiento ahora latente? Es probable que durante el próximo tiempo se obtengan más señales acerca de si el retorno del català emprenyat se queda solo en X o si genera consecuencias políticas tangibles.


