Opinión
Norbert Bilbeny Garcia

Norbert Bilbeny

Catedrático y exdecano de Filosofía de la UB

El sentido común

Tres convoyes de gran rapidez transitando por un carril diseñado para una única unidad. Cadencia de ferrocarriles en un trayecto único programado para una menor cantidad de vehículos. Un transporte de proximidad que avanza a máxima potencia por raíles situados en terrenos de arena mientras el océano se aproxima. ¿Acaso no resulta esto una carencia de lógica elemental? O caminos pavimentados, en vez de sistemas de drenaje, en áreas expuestas a posibles inundaciones. O la preferencia por la oferta económica más reducida, omitiendo la mayor protección, al conservar prestaciones y obras públicas, considerando que lo económico suele salir costoso.

  
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No hay estado que alcance la perfección en su funcionamiento. No obstante, tal hecho no impide que nos inquiete el nuestro, donde conviven aciertos con graves deficiencias: el sistema de salud, los geriátricos, el acceso a la vivienda, una universidad precaria, la indigencia de los niños ante los beneficios bancarios y la capacitación de médicos que acaban marchándose. Además, hoy se duda de la fiabilidad del transporte por tren. Lo que prospera lo hace gracias a la lógica, y lo que fracasa suele ignorarla. La cordura no es propiedad de la derecha ni de la izquierda. Tampoco reside en la equidistancia o el centrismo. Constituye un elemento propio de la capacidad intelectual del ser humano.

Requerimos una mayor dosis de juicio práctico. ¿De qué forma podemos volver a impartirlo? 

Esta posee múltiples facetas, con diversos ángulos, aunque frecuentemente carece de lógica elemental. Un individuo sumamente astuto y talentoso puede resultar ineficaz en el ámbito doméstico o gubernamental. La lucidez jamás es absoluta. Resulta evidente que mediante el juicio ordinario –esa facultad tan escasa– no se logran transformaciones radicales ni se alcanza Marte. No obstante, en todo proyecto de índole técnica, social o privada, es preciso emplearlo. El pensador marxista Manuel Sacristán recurrió finalmente a la cualidad de la prudencia para oponerse al capitalismo monopolista que ha derivado en el tecnofeudalismo y la ultra­derecha. Utilizando El criterio de Balmes, ni los carlistas habrían iniciado revueltas ni los cantonalistas se habrían refugiado en Cartagena. Ni “Viva Cristo Rey” ni “Viva Cartagena”. Balmes y Pla, así como Ferrater Mora, Sacristán, Fuster…

Si Vargas Llosa se cuestionaba “¿cuándo se jodió el Perú?”, hoy me interrogo ¿en qué momento se arruinó la sensatez? Ciertamente, los catalanes “hacen cosas”, y no existe nadie más apto que un gallego para afirmarlo. No obstante, requerimos una mayor dosis de cordura. ¿De qué forma podemos instruirla nuevamente? No debe mezclarse con la precaución tradicionalista o el temor de los reaccionarios. Se trata de aquel fragmento del intelecto basado en el criterio acertado. En resumen, se define como la percepción de lo real y la moderación frente a las consecuencias de lo que hacemos. Inicialmente, tal lección tendría que asimilarse en el hogar.