Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

En el momento en que lo real supera la fantasía

FUTUROS IMPERFECTOS

Durante estos días libres tengo que contactar con Carlos Zanón, director del certamen BCNegra, por haber galardonado a Mick Herron, quien me ha hecho gozar más que cualquier otra producción de la temporada mediante la versión de su ciclo literario Slow horses (Caballos lentos). La denominación se fundamenta en un dicho típico inglés (y sexista) que afirma que “las mujeres rápidas y los caballos lentos te arruinarán la vida”.

Gary Oldman en 'Slow Horses'. 
Gary Oldman en 'Slow Horses'. Apple TV+

Los agentes postergados de la producción retratan a los espías ineficaces del MI5 británico, enviados a una oficina de castigo para cumplir con labores monótonas. Se encuentran bajo la supervisión de un líder despreciable (Gary Oldman en el rol de Jackson Lamb), aunque finalmente logran demostrar su utilidad. Los relatos que presenta son extraordinarios y las declaraciones del personaje central, memorables. Incluyo tres de sus frases de forma aleatoria: “Esto es como explicarle Noruega a un perro”, “Estás despedido, tengo hemorroides que sirven más que tú”, “No queríamos matarle, claro que no, cabrones, si lo hubiéramos pretendido, estaría vivo”.

El escritor de ‘Slow horses’ considera que la empatía representa un instrumento ante los fascismos.

Mick Herron se ha desplazado hasta Barcelona para recibir el galardón Pepe Carvalho, ocasión que ha servido para confirmar que jamás ejerció como agente de inteligencia, a diferencia de otros autores de novelas de espionaje. Graham Greene o John Le Carré lograron relatar deslealtades y engaños debido a que arriesgaron sus vidas en plena guerra fría. No obstante, la trayectoria de Herron es distinta, pues se desempeñaba en un bufete jurídico subsanando casos de desigualdad en el trabajo y ceses injustificados. Carecía de conocimientos profundos sobre el espionaje, pero dominaba numerosos relatos sobre fracasados. Y en Slow horses se presentan más como figuras derrotadas que como agentes, si bien él logra transformarlos en auténticos héroes.

El escritor ha estado ofreciendo charlas últimamente. He consultado una en el Ara, donde comenta que los individuos estrafalarios de sus obras literarias y su programa televisivo han sido sobrepasados por la actualidad. “¿Quién había podido prever un personaje como Trump en el poder? ¿Quién sabe qué otras sorpresas nos deparará el futuro?”. Sin embargo, lo más interesante es cuando manifiesta que la empatía funciona como un escudo ante el fascismo. Y que sumergirse en los libros es una labor de comprensión. Pues la empatía es sencillamente la aptitud para asimilar los argumentos de los otros. Consiste en percibir la realidad a través de la mirada ajena. Al igual que sus caballos lentos, que logran arribar también al final del camino.

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