
Insubordinación episcopal
OBSERVATORIO GLOBAL
Ciertos obispos españoles han manifestado su oposición ante la regularización de inmigrantes por el Gobierno español. Un decreto que ampara el bienestar y la honra de miles de individuos íntegros, laboriosos y valiosos para la comunidad.
Aducen que no es factible recibir a tantos inmigrantes. ¿Desde cuándo los supuestos pastores se lamentan por la extensión de su rebaño?

Al actuar así se rebelan contra la propia Conferencia Episcopal española, la cual lamenta que tal disposición no se tomara antes. Se oponen al espíritu y la letra de los Evangelios. Además, ignoran la doctrina de los dos papas más recientes. Francisco, en la jornada internacional del Migrante de 2021, manifestó que “es necesario caminar hacia un nosotros cada vez más grande, para recomponer la familia humana”. Y León XIV recalcó en julio de 2025 que “las comunidades que acogen a los inmigrantes son un testimonio vivo de esperanza y promesa de un presente y un futuro en el que se reconozca la dignidad de todos como hijos de Dios”.
No obstante, se percibe en sectores del episcopado global una tendencia de rechazo al extranjero. Ante la cual, León XIV, de manera discreta pero con firmeza, está tomando medidas. Un acontecimiento relevante: admitió el retiro del arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, quien simpatiza con Donald Trump. Y designó en su posición a Ronald Hicks, obispo de Joliet (Illinois), distinguido por su vínculo con América Latina y por su protección de las garantías de los migrantes. La existencia de prelados xenófobos no tendría que asombrarnos, dado que bastantes obispos también protegen a sus abusadores. Sin embargo, esta disputa trasciende esos límites.
Los obispos opuestos a la regularización de migrantes ignoran las enseñanzas de los dos últimos papas.
Debido a que sitúa a la Iglesia católica frente a la encrucijada de retomar los principios primordiales del cristianismo, la hermandad humana sin exclusiones, en un entorno global donde se expande la tendencia contraria: el rechazo al prójimo. Esta disputa cultural y espiritual constituye un aspecto fundamental de las tensiones que ponen en riesgo la supervivencia de la humanidad. Los excesos de la fuerza en Minneapolis y la movilización multitudinaria de los estadounidenses, con diversos orígenes y estatus legales, ilustran la relevancia de la discusión migratoria que se sitúa en el núcleo de los principios que sustentan la vida en sociedad.
Tanto en España como en Europa, la deriva contemporánea hacia el neofascismo, permitida por la derecha en su intento de obtener el mando a cualquier costo, se apoya principalmente en el desprecio irracional hacia la inmigración, impulsado por las fake news y las proclamas de odio en los entornos sociales. Es un hecho que los inmigrantes han generado la mitad del progreso económico de España en 2022-2024 y que el alza poblacional hasta los 49,4 millones de hoy es consecuencia de los nacidos en el exterior, puesto que los oriundos del país presentan un balance negativo desde hace tiempo. Sin dicha expansión de la fuerza laboral y de aportantes, el modelo de la Seguridad Social no se podría mantener. Por añadidura, al ser los inmigrantes bastante más jóvenes que la ciudadanía local, actúan como soporte de nuestras pensiones: entregan más de lo que obtienen.
No obstante, tales razonamientos evidentes carecen de validez para aquellos cuya prioridad es el temor al prójimo, vinculado equivocadamente con la criminalidad. Resulta una manera deficiente de afrontar la existencia, basándose en un recelo impreciso hacia aquello que escapa a nuestro dominio. Las estadísticas evidencian que el colectivo inmigrante no presenta niveles de delincuencia superiores a los del resto de la ciudadanía. Sin embargo, esto es irrelevante para quienes confían en las falsedades de agitadores que buscan manipular y finalmente mandar apoyándose en el rencor, ya que requieren señalar a un responsable por la incertidumbre que perciben en una sociedad éticamente degradada, aun con las cifras macroeconómicas favorables. Justo cuando es más urgente restaurar una moralidad humanista, ciertos guías espirituales incrementan la angustia de las personas nobles para su propio beneficio. Dios y el Papa se encargarán de juzgarlos debidamente. ¿Acaso en el infierno?
