Opinión

Lo que queremos ser

Rosa Rodríguez recientemente obtuvo el gran premio del certamen de cultura Pasapalabra . Logró superar diversas marcas, comenzando por la cuantía de la recompensa, 2.716.000 euros, además de convertirse en la mujer que más emisiones ha aguantado frente a su rival, el talentoso Manu. Al igual que la mayoría de los participantes en esta prueba tan rigurosa, se entrenó con dedicación, empleando disciplina y regularidad, logrando controlar su ansiedad y esa tendencia a responder rápido que le provocaba errores en sus inicios.

 
 Atresmedia

Tuve la ocasión de tratarla tras su paso por el espacio y me siento dichosa por integrar su grupo de trabajo. Es una persona que motiva el orgullo de sus familiares y allegados. Muestra convicciones firmes, aunque no teme manifestar sus incertidumbres. Se siente fascinada y reconoce lo experimentado, deseando encarar lo que vendrá con entusiasmo, independientemente del resultado final.

Individuos como Rosa, de ‘Pasapalabra’, constituyen nuestra mayor riqueza.

No obstante, aparte de su modelo como participante debido a su perseverancia, nobleza y educación, existen diversos aspectos que sobresalen en su persona. Su profunda preparación académica y el anhelo de progreso continuo. Su procedencia extranjera desde Argentina hacia Galicia representa la ruta contraria que multitud de gallegos han recorrido durante más de cien años. La voluntad de retribuir la fortuna obtenida mediante su dedicación: empezando por auxiliar a sus progenitores “en lo que necesiten”, con el fin de compensar la entrega hacia ella y sus parientes, hasta aceptar la elevada cuantía, propia de un galardón tan magnífico, que se destinará a tributos: “He llegado a ser quien soy gracias a lo público: educación pública, becas para formarme, sanidad pública, de la que he recibido un trato y un tratamiento estupendos. (…) Así que, en mi caso, lo que haya que aportar, encantada”. Como integrante de su época, su gasto inicial principal será una vivienda, ya que a la edad de 32 años ese es el derecho que se le arrebata de forma inmerecida a sus contemporáneos.

Previo a la emisión de su entrega final, coincidimos por los corredores de la televisión. Al estar al tanto de su victoria, le di un abrazo, ambas conmovidas. Y experimenté la satisfacción de reflexionar que, al igual que Rosa, existen millones y millones de ciudadanos más. De forma discreta y sin aspavientos, representan nuestra mayor riqueza. Enhorabuena otra vez, triunfadora.

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