Opinión

Esos watsaps odiosos

Es de sobra conocido que los mensajes de WhatsApp pueden traer problemas, algo que pueden confirmar muchos individuos, entre ellos algunas princesas noruegas, que se equivocaron al teclear en sus dispositivos móviles en múltiples ocasiones enviando recados erróneos, incluso cuando el receptor no resultaba ser alguien tan vil y delincuente como el finado Jeffrey Epstein.

Puesto que la mensajería móvil se ha transformado en algo habitual, convendría ir valorando la implantación de ciertas pautas de comportamiento. Me cuesta comprender que para bastantes individuos represente el único canal de contacto, cuando todavía es factible telefonear o, incluso, mantener una charla presencial. Se acepta que los watsaps son prácticos para dejar recados, concertar reuniones o, en su utilidad más destacada, organizar grupos de interés —aunque a veces resulten tediosos— para gestionar temas que atañen a mucha gente. Es indiscutible que, en chats profesionales, de vecinos, de familia o en aquellos puntuales para coordinar festejos, resulta más eficaz un mensaje común que avisar por separado, a pesar de que, a veces, algún integrante lo use para ahorrarse la terapia y acabe dando la tabarra.

 
 LV

Asimismo considero muy beneficioso que, por ese medio, te notifiquen un compromiso en la peluquería o en el médico. Dado que resulta preciso solicitar turno en cualquier prestación con muchísima antelación, es frecuente que al llegar la fecha no lo rememores, por lo que se valora el gesto.

De las múltiples amenazas que suponen los watsaps como herramienta comunicativa, la inicial es que te confundas con un par de diálogos que llevas a la vez y remitas un texto a quien, o a quienes, no toca, cometiendo una pifia. Un riesgo más consiste en que, por no reflexionar lo suficiente sobre lo que vas a teclear, actúes con prisa mediante una consulta o una contestación irreflexiva. Puesto que ahí radica otra cuestión, el hecho de visualizar pero no replicar enseguida a un envío para cavilar, aunque solo sea un instante,
lo que vayas a expresar podría interpretarse como una falta de educación, así de impacientes somos.

Recientemente, además, observamos con asombro que todo diálogo, aunque procures impedirlo, permanece eternamente en la denominada nube y, tras pulsar enviar, cualquier disparate redactado en un instante desafortunado puede volverse contra ti. No existe espacio para el remordimiento ni opción de eliminar tu carencia de juicio, aun siendo pasajera. En fin, ya lo he manifestado: detesto los ­watsaps.

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