Opinión
Màrius Serra Roig

Màrius Serra

Escritor y enigmista

El agridulce paso del tiempo

En el paseo Maragall, no muy lejos de donde se situaba el antiguo cine Dante, ha bajado la persiana un negocio de dulces histórico, la Rovira. Dicho cine, luego de pasar a ser los multicines Lauren-Horta, se convirtió hace ya bastantes años en un súper. Otra sala que alcancé a conocer en Horta, el Venecia, es ahora una iglesia protestante que cada domingo convoca en el vecindario a muchos filipinos con ganas de cantar, oír prédicas y desayunar, en ese preciso orden.

 
 LV

La Rovira baja la persiana tras 72 años despachando cocas, pasteles, roscones, monas, cruasanes y panellets. Han colgado una nota de despedida muy emotiva en su vitrina, escoltada por retratos del local de los años cincuenta, setenta y de su remodelación definitiva en el año 2000. Dicho mensaje rebosa gratitud y hace referencia a esa tradición azucarada que ha unido a distintas generaciones en el comercio. Al encontrarse en un sector del paseo con gran afluencia, pegado a una parada de bus, bastantes personas se frenan a contemplar el texto, le sacan fotos y lo publican en sus redes sociales.

Las papilas gustativas representan uno de los estímulos más inmediatos para la memoria.

Yo mismo lo he experimentado, y las opiniones confirman que el sentido del gusto constituye uno de los estímulos más inmediatos para el recuerdo, especialmente para quienes disfrutan del dulce. Aparte de las reminiscencias generales sobre otros establecimientos pasteleros locales que ya cerraron (la Sant Jordi o la Mayol), la evocación se manifiesta a través de sensaciones específicas sumamente gratas. Hortenses célebres como Jordi Basté o Lluís Fortuny, de la Dharma, rememoran “la nata de los domingos que compraba allí mi madre” o “el pastel de manzana como premio por bajar a comprar el pan desde lo alto de la Font d’en Fargues”. El autor originario de Xàtiva Toni Cucarella solía adquirir en el lugar “el dolcet per al cafè quan puge a ca la meua filla” y diversos usuarios enfocan su añoranza en algún manjar exquisito como los turrones (Francesc Soler) o los barquillos con galleta, chocolate y porción de nata (Oscar Martínez).

Hoy día en Horta, en las cercanías de la Rovira, se ubican siete cadenas de panadería y café industrial respaldadas por fondos de inversión, en una superficie que se puede recorrer en menos de cinco minutos de caminata. Por fortuna, también se hallan otras alternativas, como la reformada pastelería Sant Antoni o el negocio Pastim, que todavía operan con obradores artesanales.