Opinión
Norbert Bilbeny Garcia

Norbert Bilbeny

Catedrático y exdecano de Filosofía de la UB

Revelación

Los medios de comunicación nos brindan constantemente diversos descubrimientos. Como muestra: el deterioro de los rieles del tren, la deshonestidad gubernamental o la policía patriótica. No obstante, igualmente: hostigamiento en las facultades, en residencias de celebridades, en círculos monárquicos, en el siniestro islote de Epstein. “Penis erectus nunquam est contentus”: representa la clase de descontento que propició el surgimiento de la especie humana.

Gran cantidad de confesiones, en los medios o de forma íntima, se vinculan con la sexualidad. Luego, con lo económico. Por último, con la política y las tareas de inteligencia. Disfrutamos encontrando los fallos ajenos mientras impedimos que nos ocurra lo mismo. La confidencialidad marca nuestra existencia. Se guardan bajo llave los errores, los desprecios y los agravios. No obstante, en ocasiones la verdad termina por manifestarse.

 
 Oversight Dems / EFE

No resulta novedoso afirmar que la clave del periodismo y la transmisión de información reside en exponer los enigmas de lo cotidiano. Un medio de comunicación dedicado exclusivamente a los descubrimientos alcanzaría un triunfo absoluto. Bajo los regímenes autoritarios no se da a conocer ningún dato. A lo largo del franquismo únicamente se dio visibilidad a la realidad de los campos nazis y a los pechos descubiertos de las intérpretes, mediante el destape. Dentro de un sistema democrático resulta obligatorio manifestar lo oculto, fomentar la claridad y practicar la honestidad hasta alcanzar el sincericidio.

El suceso más asombroso dentro de la civilización de occidente constituye una revelación: la forma en que Cristo fue engendrado y su retorno a la vida tras fallecer. Mediante los milagros manifestó su verdadera naturaleza. Al sentir amor por alguien, esa persona se nos manifiesta. Al presenciar una acción valerosa o un gran logro –ya sea deportivo, artístico o científico–, el prójimo representa igualmente una revelación. Hallar el camino profesional propio es otra forma de revelarse. Este fenómeno no se persigue; aparece de forma repentina. No se trata de un proceso lógico, sino de un evento inusual que impacta profundamente. Únicamente se considera revelación lo que desconocíamos y de repente hallamos, sin haberlo intentado. Debido a esto, tal hallazgo posee una capacidad de cambio: modifica la realidad. El pensador ateo García Morente decidió ordenarse sacerdote debido a que Dios se manifestó ante él mientras oía las composiciones de Berlioz. Por el contrario, el clérigo Zubiri abandonó el sacerdocio para dedicarse a la filosofía tras descubrir la esencia de la física relativista.

Cualquiera de nosotros puede vivir un suceso esclarecedor. Sin el individuo no hay descubrimiento: el quién resulta aquí tan fundamental como el qué. El hallazgo simple y diario es el superior. Conviene alcanzar la mayor cantidad de revelaciones posibles y que resulten beneficiosas. Transitar la calle, observar y prestar atención. Dialogar, instruirse, reflexionar. Mantener la percepción y el sentimiento receptivos. Y consultar los periódicos. Jamás se sabe cuál será el siguiente descubrimiento.