
Peor pintaba todo en 1968
Cuando la actualidad asfixia, el mundo parece desnortado y la tecnología amenaza más que ilusiona, me doy a la historia. Nada, un paseo hasta subir el ánimo. Se llama 1968.
¿Derrotismo? ¿Vértigo? ¿Fobia a Trump? La civilización parecía irse al carajo en 1968, sobre todo si uno piensa en la generación que había ganado la Segunda Guerra Mundial. ¿España? En lo suyo, fuera del juego, entre el tardofranquismo y el desarrollismo.

Aunque existía la legalidad internacional cuyo declive tanto nos ocupa, Occidente parecía enfilar al desastre. El líder del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, Martin Luther King, fue asesinado a balazos el 4 de abril en un motel de Memphis. Semanas más tarde, el candidato demócrata y favorito a la presidencia, el senador Bobby Kennedy, fue tiroteado en un hotel de Los Ángeles. En mi cole, rezamos para que sobreviviera, angelitos, sin mucho éxito.
¿Pesimismo? ¿Vértigo? ¿Fobia a Trump? Si nuestro mundo no se hundió aquel 1968...
Los campus de Estados Unidos hervían contra el reclutamiento obligatorio para ir a Vietnam, donde la guerra aumentaba en salvajismo a medida que se alejaba la opción de derrotar a los comunistas de Vietnam del Norte. Las estampas eran espeluznantes. ¿La de enero de 1968? El comisario jefe de Saigón pegándole un tiro en la sien a un joven maniatado, en vivo y en directo ante las cámaras. Estados Unidos ya bombardeaba en secreto Camboya –a espaldas del Congreso y del mundo–, Estado soberano y vecino de Vietnam.
Pese a gozar de los Trente Glorieuses , la juventud tomó las calles de París en mayo a fin de subvertir un orden social tan confortable como rígido y los franceses de una cierta edad se tiraban de los cabellos: ¡Dónde iremos a parar! ¡Francia se hunde! Y con ella la civilización occidental...
1968. El año de una región nigeriana llamada Biafra. La humanidad descubrió niños con vientres hinchados, una estampa pedagógica que obligaba a no dejar comida en el plato. Un millón de muertos. Desgarrador.
Bajo el llamado telón de acero, los tanques soviéticos reprimían a tiros las protestas juveniles. China vivía el caos y los excesos de la revolución cultural.
Y el mundo siguió adelante.

