
Vox: ¿crisis, qué crisis?
Escándalo en el Ayuntamiento de Madrid. La dirección de Vox ha suspendido de militancia a su portavoz municipal y uno de los fundadores del partido, Javier Ortega Smith, pero él no se da por enterado y se mantiene en el cargo. También ha sido suspendida la portavoz adjunta, Carla Toscano, y el concejal Ignacio Ansaldo. Los tres mantienen el pulso con el partido y han retado al presidente Santiago Abascal. Ortega Smith está dispuesto a recurrir a la justicia ordinaria porque afirma que “mi honorabilidad no está en venta”.

No es la primera crisis seria que ha tenido Vox con algunos de sus dirigentes más significativos. Antes pasó por este trago Macarena Olona o Víctor Sánchez del Real, y otros como Iván Espinosa de los Monteros o Rocío Monasterio abandonaron el partido por discrepancias con la dirección. Vox ha sufrido también el desgaste de irregularidades contables de Revuelta, la asociación juvenil ligada a su partido, o las habituales sanciones impuestas por el Tribunal de Cuentas por irregularidades en su financiación, principalmente relacionadas con la aceptación de donaciones anónimas.
Es igual. Vox sigue creciendo en las encuestas y todos los expertos demoscópicos auguran aún un mayor crecimiento. Estos mismos escándalos en el PSOE o el PP tendrían seguramente consecuencias para sus bases. No es el caso de Vox. La marca funciona sola y tampoco hace falta que su líder, Santiago Abascal, se prodigue en exceso en conferencias de prensa o entrevistas a los medios. Un trabajo muy activo en las redes sociales y el mimo con el que es tratado por el algoritmo de X hacen el resto.
Dirigentes como Kiko Méndez-Monasterio o Gabriel Ariza, que están bajo el radar, están siendo estos días muy activos en contactos con empresas del Ibex. Y Abascal está siendo mimado por las grandes fundaciones vinculadas al movimiento MAGA de Estados Unidos, como la fundación Heritage, y por los propios líderes de derecha extrema europeos. La fotografía de Abascal con Giorgia Meloni en un Mini rojo paseando por las calles de Madrid este pasado enero fue su mejor acto propagandístico. En fin, se entiende que en la sede de Vox se hagan esta pregunta: ¿crisis, qué crisis?
