
El día de las elipsis
FUTUROS IMPERFECTOS
Pedro Sánchez compareció en la Moncloa, solo y sin periodistas, para fijar la posición del Gobierno español respecto a las amenazas de Donald Trump sobre su intención de cortar todo el comercio con España, tras la negativa de prohibir el uso de sus bases en Rota y Morón de la Frontera en su guerra contra Irán. La intimidación no fue una más de las bravatas improvisadas del presidente americano. Se refirió a ello durante su reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, anunciando que ha pedido a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, que corte todo el comercio con España por su posición “terrible” con su país.

Trump ha decidido con su guerra saltarse todas las reglas del derecho internacional y de la propia Constitución americana. Estados Unidos –y el mundo– va a remolque de sus caprichos. La guerra contra Irán ni tiene la luz verde del Consejo de Seguridad de la ONU, ni tampoco del Congreso y el Senado de EE.UU. Ni siquiera ha buscado la complicidad de sus aliados europeos, que se encontraron con un ataque cuando se despertaron el sábado. El propio canciller intentó aclararle, sin demasiado éxito, que España pertenece al bloque de la UE y no se puede individualizar su política comercial, que depende de Bruselas. Pero Trump no atiende a razones y, como la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas, solo sabe repetir “que les corten la cabeza” a quienes le llevan la contraria.
En su alocución, Sánchez no citó a Trump, ni dijo quienes eran sus seguidistas serviles
Sánchez dedicó diez minutos a abordar esta cuestión. Replicó a Trump con un “no a la guerra” renovado, le dijo que no va a ser cómplice por miedo a las represalias y rechazó una posición de “seguidismo ciego y servil”. En su alocución abundaron las elipsis, que son un recurso narrativo que consiste en omitir nombres o palabras que se sobreentienden. No citó a Trump o Netanyahu y solo, de pasada, a EE.UU. E Israel en una ocasión. Como tampoco aclaró quiénes son los serviles. Pero se le entendió todo. A la misma hora, Feijóo se refirió a las amenazas trumpistas con más patriotismo que el día anterior.
En otro momento de la historia, la diplomacia repararía este descosido. El problema es que para Trump los diplomáticos son maîtres de hotel en traje de etiqueta.
