Opinión

Entrevistar a Jesús

A veces imagino entrevistas imposibles. La historia está llena de figuras con las que valdría la pena sentarse frente a frente. Si tuviera que elegir, mi prioridad sería Jesús de Nazaret.

Se me ocurren mil preguntas: ¿Cómo vivió su mensaje? ¿Qué pensaba del poder político y religioso de su tiempo? ¿Qué lugar otorgaba a la duda, al miedo, a la contradicción? ¿Qué esperaba de quienes le escuchaban?

   
   LV

Hay algo en el mensaje de Jesús que sigue resultando profundamente contemporáneo: su manera de mirar a los marginados, su reconocimiento del valor de las mujeres en una sociedad que las relegaba, su insistencia en la dignidad de cada persona.

Hace poco vi la película Los domingos, que se adentra en el mundo de las monjas de clausura. La idea de que una mujer muy joven pueda decidir aislarse del mundo, sometiéndose a una serie de votos que implican renuncia radical, plantea interrogantes inevitables. No creo que esa opción le hubiese gustado al Jesús que predicaba al pueblo.

Hoy hay generaciones culturalmente desarmadas para leer su propio patrimonio

Hace unos días, durante la gala de los premios Goya, las declaraciones de la actriz Sílvia Abril sobre cuestiones religiosas provocaron un momento tenso que muchos percibieron como irrespetuoso. El episodio refleja un clima cultural en el que la religión suele aparecer caricaturizada o reducida a un objeto de burla.

Buena parte de los jóvenes en la sociedad occidental carecen de cualquier referencia de la cultura católica. No se trata de fe –que es una elección personal–, sino de alfabetización cultural. Muchos son incapaces de reconocer una iconografía religiosa básica o de comprender los códigos simbólicos que atraviesan siglos de arte europeo.

Sin esas claves resulta difícil entender a Giotto, a Velázquez o a Caravaggio; difícil comprender la arquitectura de nuestras catedrales, la literatura medieval o incluso buena parte de la música clásica. Hemos creado generaciones culturalmente desarmadas para leer su propio patrimonio.

Paradójicamente, también se percibe un resurgir de la fe en distintos ámbitos. En una época marcada por la incertidumbre, vuelve a aparecer esa pregunta que acompaña al ser humano desde siempre: qué significado tiene nuestra vida.