
Los romanos y nosotros
La docencia es un intercambio vivo: cuando el entusiasmo se transmite, la enseñanza se renueva, y aunque el tiempo avanza, lo esencial —ese fuego silencioso por aprender— nunca se apaga.

Sin embargo, aunque soy docente, sigo aprendiendo, y en este caso, la experiencia me ha llevado a valorar aún más el proceso: cuando se trata de la poesía, el mero hecho de abordarla transforma la experiencia, y aunque el curso se centra en textos que exigen profundidad, lo cierto es que su riqueza nace de la sencillez.
Al analizar la ‘Ilíada’ descubrí que reside una estética dramática en el relato de una contienda.
Hace tiempo encontré a una docente de manera fortuita. En ocasiones, las vivencias positivas aparecen de modo imprevisto y nos asombran, brindándonos perspectivas distintas. Entré en contacto con Mònica Miró Vinaixa, graduada en Filología Clásica y Filología Francesa, traductora y también poeta, por medio de un taller digital sobrela Ilíada que jamás borraré de mi memoria.
Consiguió transportarme a un universo maravilloso de héroes griegos y troyanos, de dioses y guerra. Me presentó a Hércules, Paris, Héctor, Helena… Estudiando la Ilíada de Homero supe que existe una belleza trágica y enorme en la narración de una guerra. Mònica es una mujer extraordinariamente culta, pero también una gran comunicadora. De ese curso surgió en parte mi última novela, Todos los nombres de Helena, donde intenté crear mi particular versión de la guerra troyana.
Mi profesora me contagió su pasión por las grandes obras de la literatura clásica, pero también por los hankas y poemas de su propia creación, que merecerían un capítulo aparte.
Hace pocas semanas, junto a un grupo de alumnos con inquietudes similares, iniciamos un recorrido por Roma desde una perspectiva sensorial y culta. El curso se titula: “Amb els cinc sentits: els romans i nosaltres”.
Es una suerte poder escuchar en la voz de quien narra, tan cerca y tan viva, mientras el tiempo se desliza suave y las sombras susurran su propia verdad.
