El archimandrita

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Conocí a Manuel Nin en Roma. En el Aventino, donde los monjes benedictinos de Sant'Anselmo me acogieron unos meses. Octubre o noviembre de 1998. Yo escribía una novela sobre un ladrón que roba en grandes museos con la excusa de la muerte del arte, pero Nin, un sabio, ya era profesor de siríaco y de ciencias patrísticas en varias universidades. Un domingo por la mañana, recuerdo, fuimos al mercado de Porta Portese (el rastro de Roma: un infinito mercadillo). En aquellos años, la derrota de la URSS había convertido el Estado ruso, no en la compacta estructura que Putin ahora rige a la clásica manera leninista, sino en un caos desguazado. Manuel Nin me había explicado que era posible comprar por pocos miles de liras (no existía el euro) preciosos iconos de los siglos XVIII y XIX, que las mafias robaban en los pequeños templos ortodoxos para malvenderlas en Occidente. Vimos unas cuantas, pero las descartó: "Son falsas". Era un experto: ya había publicado su tesis sobre Juan el solitario, uno de los llamados "padres del desierto" (anacoretas que, entre los siglos III y IV, se instalaron en polvorientos valles de Egipto y Siria para llevar una vida radicalmente austera, estrictamente espiritual).

No recuerdo si Nin ya llevaba barba, entonces, pero seguro que no era tan larga como la que lleva ahora. Tiene la sonrisa dulce y serena de quien no necesita casi nada para vivir. Su austeridad proviene de tiempos remotos. Es archimandrita de las diócesis de Akko, Haifa, Nazaret y Galilea. Archimandrita (del griego aqvi -superior- y de lámdqa -cercado para el rebaño-) es un título honorífico, equivalente a abad visitador. Desde 1999 también es el rector del Pontificio Collegio Greco di Roma, el lugar en el que se forman los futuros clérigos católicos de rito oriental de muchos lugares: de Rumanía a Siria, de Líbano a Eritrea.

¿Cómo ha llegado un catalán con apellido de trotskista a archimandrita de Galilea y formador de seminaristas del Líbano? Nacido en El Vendrell y monje de Montserrat, se interesó en el estudio de las lenguas y la liturgia de las iglesias de Oriente, siguiendo las huellas de Bonaventura Ubach (1879-1960). Ubach fue el iniciador de la traducción catalana de la Biblia, pionero de la geografía bíblica, especialista en lenguas orientales, profesor en Jerusalén, fundador de los museos de Montserrat y formidable aventurero. La de Ubach es de una de las grandes historias catalanas ignoradas (nos falta tiempo: hay que saberlo todo de las fisuras óseas de Neymar).

Para explicar las aventuras de Ubach necesitaría muchos veranos, pero me comprometo, al menos, a contar cómo llegó gracias a él un Caravaggio a Montserrat. Mañana, sin embargo, explicaré por qué hoy hablo de Manuel Nin. Me envió una carta, "Un pergamino escrito en sangre", sobre los cristianos martirizados en Mosul. Les hablé de ellos sin conocer el lugar. Nin conoce muchos personalmente.

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