Recargas invisibles

Hace unos meses la tarjeta rosa T-4 (10 viajes) –destinada a usuarios mayores de 60 años– ha sido sustituida por la T-Mobilitat recargable (10 viajes/carga). En mi opinión, la nueva tarjeta presenta importantes desventajas respecto a la anterior. En la antigua quedaban impresos los viajes realizados y, en consecuencia, sabías en todo momento el saldo. En la nueva solo su huella magnética, lo que obliga a memorizar la cifra que aparece fugazmente en la pantalla de validación.

Y si te olvidas, subes al autobús (que no llevan dispositivo de recarga) y tu saldo es cero. Entonces tienes dos opciones: o te apeas o pagas el billete normal, cuyo coste equivale a los 10 viajes de la tarjeta. Para colmo, las recargas son invisibles hasta que sea cero el saldo de la anterior.

Pero no todo son desventajas. La nueva ayuda a ejercitar la ya menguante memoria del jubilado, obliga al sano ejercicio de caminar hasta los escasos puntos de recarga y provoca un chute de adrenalina ignorar qué pasará en el próximo viaje.

Eduardo López Balcells

Barcelona

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