De un tiempo a esta parte, noto en algunos cines que no solo el volumen sonoro de los anuncios es excesivo, sino que el de películas y retransmisiones de eventos ha aumentado a niveles insoportables, incluso para los que ya tenemos algo mermada la capacidad auditiva. Incluso en una ocasión nueve personas abandonamos la sala al cabo de media hora de iniciada la proyección porque no pudimos resistir más, ni tapándonos los oídos.
¿Qué necesidad hay de someter al público a esta tortura? Es una moda molesta y degrada la calidad del espectáculo.
Lolita Sagrera Álvaro
Suscriptora Barcelona
Mostrar comentarios