* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
En febrero de 2022, el entonces príncipe Andrew (Andrés) de Reino Unido acordó pagar una compensación económica para que se retirase una demanda civil por abuso sexual, presentada en Estados Unidos por Virginia Giuffre, quien le acusaba de haberla agredido sexualmente, varias veces, después de haber sido traficada por Jeffrey Epstein cuando ella aún no había cumplido la mayoría de edad (tenía 17 años).
Andrew siempre negó que las acusaciones fuesen fundadas, pero optó por un pacto extrajudicial para evitar que el caso llegara a juicio. Tras ser apalabrado en febrero, el acuerdo se documentó para dejar sin efecto la demanda con un tribunal federal de Nueva York en marzo de 2022.
El monto no fue divulgado oficialmente en los documentos judiciales. Sin embargo, la prensa internacional informó ampliamente que la suma rondó los 14 millones de euros. El príncipe aceptó la obligación del pago, pero no se sabe cuánto de ese dinero salió directamente de sus propios recursos.
Hubo reportes de que la mayor parte del acuerdo fue financiada con ayuda de la fortuna privada de su madre, la Reina Isabel II, quien falleció unos meses más tarde, en septiembre de 2022. En concreto, se especuló que su madre le habría dado, como préstamo, alrededor de 8 millones de euros de su patrimonio personal, no de fondos públicos ni como regalo.
No obstante, cabe preguntarse si, en última instancia, esa fortuna se construyó con aportaciones de generaciones de contribuyentes y cuál sería el plazo para devolver el préstamo. En cualquier caso, Andrew pudo cumplir con el acuerdo extrajudicial sin necesidad de llegar a juicio.
En febrero de 2026 la policía británica interrogó y arrestó brevemente al ya expríncipe Andrew (al parecer sin avisar previamente a su hermano, el Rey Carlos III), dado que estaba siendo investigado por posible misconduct in public office (conducta indebida en el ejercicio de un cargo público), un delito serio bajo el derecho común en Reino Unido.
Se alegó que podría haber compartido información confidencial o documentos del Gobierno con el condenado delincuente sexual Jeffrey Epstein, durante su tiempo como enviado comercial de Reino Unido (2001-2011).
Documentos y correos electrónicos revelados recientemente (parte de los llamados Epstein files publicados por el Departamento de Justicia de EEUU) parecen indicar que Andrew habría reenviado informes oficiales u otra información sensible sobre comercio e inversión a Epstein, lo que, caso de demostrarse, podría constituir un quebrantamiento de la obligación de confidencialidad que tenía en su cargo.
La detención ocurrió exactamente el 19 de febrero, coincidiendo con su 66 cumpleaños. Andrew fue llevado a una estación de policía, y estuvo bajo custodia durante unas 12 horas, siendo interrogado como parte de una exhaustiva investigación. No se le han impuesto cargos formales, pero sigue siendo sospechoso de esa posible actividad criminal, y la investigación continúa abierta.
En septiembre de 2022 escribí un obituario para Guyana Guardian tras la muerte de Isabel II, destacando sus numerosas contribuciones a la sociedad británica a lo largo de siete décadas de reinado, así como su capacidad para superar situaciones difíciles: su annus horribilis, el desmembramiento del Imperio británico, el Brexit y los despropósitos de algunos de sus descendientes, incluido Andrew.
El “ser o no ser” de Isabel II
Planteé la posibilidad de que ella hubiera sentido un dilema existencial: ser o no ser, ser reina o ser madre. Sin embargo, en realidad no tiene por qué tratarse de una dicotomía, ya que ambos roles pueden desempeñarse simultáneamente, como de algún modo lo hizo su propia madre, Elizabeth Angela, que pasó a la historia con el título de la Reina Madre.
La historiografía sugiere que Isabel II dio prioridad a que Carlos, su hijo mayor, fuese educado como futuro Rey. Se cree que las obligaciones inherentes a este proceso pudieron generar cierta distancia emocional entre madre e hijo. A nivel público, no se percibía un apego materno-filial cercano.
Por ello, se da por hecho que Andrew, el segundo hijo, pasó a ser el favorito de su madre, quien quizá intentó compensar la distancia con Carlos mediante una sobreprotección hacia Andrew.
Funeral de Isabel II.
La polémica desatada por el reciente interrogatorio policial ha reavivado el interés por unas declaraciones hechas en 2022 por Charlotte Briggs, ex-doncella del Palacio de Buckingham durante los años noventa.
Briggs reveló algunas de las peculiaridades de Andrew: ya adulto, el entonces príncipe tenía una colección de 72 peluches y exigía que cada uno fuese colocado en su cama diariamente en perfecto orden, según tamaño y características. El personal necesitaba al menos un día completo de entrenamiento para aprender a organizar los peluches correctamente.
Para Charlotte, todo esto resultaba muy extraño. Al fin y al cabo, Andrew se suponía un hombre hecho y derecho, tras haber servido en el ejército británico durante la guerra de las Malvinas.
La ex-doncella explicó en detalle el modo jerárquico en que los peluches debían ser ordenados: sobre la cama con dosel, desde el más grande atrás hasta el más pequeño delante. La mayoría eran osos de peluche antiguos, casi todos vestidos con trajes de marinero y gorros.
A la hora de dormir, todos los peluches debían retirarse de la cama y colocarse en diferentes lugares de la habitación, cada uno con un sitio asignado. Los más pequeños se apilaban en la chimenea, mientras que sus dos osos favoritos ocupaban sendos tronos a cada lado de la cama.
Puede decirse que Isabel II realizó un trabajo decente y constructivo como Reina, admirado por muchos. Sin embargo, persisten dudas legítimas sobre sus cualidades como madre.
Como psiquiatra, me interesa reflexionar sobre el significado de la peculiar conducta de Andrew; no obstante, por respeto a mi Juramento Hipocrático, no realizaré diagnósticos indirectos. Es preferible que el lector saque sus propias conclusiones.
Como grupo-analista, también me viene a la mente que, a nivel inconsciente, a veces se busca un chivo expiatorio.
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