La alta costura da esperanza. El modisto vasco Javier Barroeta, ha iniciado un proyecto con Lights of Kazinga Orphanage, un orfanato situado en el extremo noreste del Queen Elizabeth National Park.
Lejos de las rutas más turísticas y de las grandes ONG, la pequeña aldea de Kyambura se encuentra rodeada de naturaleza. Allí nació hace seis años Lights of Kazinga Orphanage , un proyecto comunitario que toma el nombre del cercano canal de Kazinga, que une el lago Edward con el lago George y divide en dos el parque nacional.
Detrás de esta iniciativa están Cristina Maruri, Shamia Namuga y Hamza (Boss Amuza). Se conocieron en 2020 en plena pandemia de la Covid-19, cuando Maruri recorrió Uganda en furgoneta, guiada por Hamza, mientras repartían agua y alimentos en aldeas remotas. El guía le presentó a Shamia que ayudaba a los niños de la zona que habían perdido a sus padres por el virus o por otras enfermedades como el sida.
Aula de Lights of Kazinga.
“Los tres decidimos luchar por aquellos niños”, explica Maruri. Así iniciaron un proyecto que no parte de grandes ONG ni de financiación institucional, sino que se nutre de donaciones privadas, de microproyectos y de voluntarios y voluntarias.
Decidimos luchar por los niños
Cada uno tiene un rol importante en el proyecto: Shamia se encarga de las actividades diarias y el trabajo en el terreno, Hamza es el director general del orfanato y consigue el dinero necesario organizando safaris turísticos y Cristina se encarga de dar el apoyo económico y material necesario desde España mediante aportaciones privadas y voluntarios. Desde Bilbao, la última iniciativa ha sido contar con la colaboración del modisto Javier Barroeta para que asesore a las mujeres en talleres de costura.
La organización de Lights of Kazinga
Lights of Kazinga funciona como una red de microproyectos donde han puesto en marcha una granja de pollos, elaboran souvenirs para turistas, producen jabón líquido que venden a hoteles y supermercados locales y organizan experiencias de café para clientes. También regentan un pequeño hostel para viajeros, cuyos ingresos contribuyen a la financiación del proyecto.
Uno de los microproyectos que se hacen en el orfanato.
Para ellos también es importante invertir en la propia comunidad. Por eso, los materiales que usan los compran en aldeas cercanas y cuentan con la ayuda de mujeres solteras o viudas de la zona, que reciben un salario mensual por parte de Shamia, quién agradece de corazón su ayuda.
Todo ello en un contexto donde muchas de estas mujeres trabajan como jornaleras y apenas ganan 8.000 chelines ugandeses al día (unos dos euros), un salario que no les permite cubrir el alquiler, la alimentación y la escolarización de sus hijos.
Según explica Shamia, la mayoría de niños del área viven con madres solteras o con abuelos en situaciones de extrema vulnerabilidad. Desde Lights of Kazinga intentan cubrir gastos escolares y sanitarios, les informan y les aconsejan, crean proyectos para ellos y ofrecen alojamiento a los menores completamente huérfanos. También colaboran con las escuelas locales para dar soporte a sus alumnos, tanto en material como en educación.
Hora de pintar en Kazinga.
Hoy en día el estigma asociado al sida sigue siendo un problema en la comunidad. “Muchas personas evitan ir al médico por miedo a ser reconocidas”, relata Shamia, “pierden sus vidas por negligencia e ignorancia”. En estos casos, Shamia también orienta a las mujeres con el apoyo de un médico local, para que se sientan seguras e informadas.
Además, cada año, Shamia se coordina con los voluntarios para llevar a cabo los distintos proyectos y realizar entrevistas por los alrededores para evaluar las necesidades reales de las familias y actualizar la lista de beneficiarios. Continuamente intentan ampliar esta lista, si la situación financiera del orfanato lo permite. Aun así, los recursos no siempre alcanzan para todos. Pero Shamia destaca: “Ayudamos sin esperar nada a cambio, pero con amor y pasión por ver sonrisas diferentes”, y aprovecha para recordar el lema de su organización: “Where hope shines (donde brilla la esperanza)”.
Ayudamos sin esperar nada a cambio, pero con amor y pasión por ver sonrisas diferentes
La pequeña escuela de costura
Mujeres de Kazinga en el taller de costura.
El último proyecto que recientemente están organizando desde Lights of Kazinga es un pequeño taller impulsado por Maruri y el modisto de alta costura, Javier Barroeta. La idea consiste en ofrecer clases online como forma de empoderamiento económico y social para las mujeres de la comunidad.
En este taller Javier Barroeta planea enseñar técnicas de alta costura de manera sencilla, como vestidos sin mangas y prendas amplias y cómodas. Incluso plantea enseñarles a hacer la costura francesa, una costura que es oculta, en la qual no se ve el sobrehilado y hace que no se deshile tan facilmente.
De momento ya han podido instalar Internet en la cabaña donde se impartirán las clases y el modisto ha enviado los primeros patrones para que empiecen a practicar. Además ha hecho clases online con Shamia para enseñarle nociones básicas con tal de que ella pueda comenzar a explicarlas a las mujeres interesadas.
Shamia en el taller de costura.
El principal problema del proyecto es conseguir máquinas de coser porque, como explica Maruri, en Uganda, los trámites para conseguirlas son más lentos y complicados. Pero Barroeta recalca: “Es un proyecto a largo plazo que haremos poco a poco y con los recursos disponibles”.
Es un proyecto a largo plazo que haremos poco a poco y con los recursos disponibles
Javier Barroeta espera que con este taller, en un futuro, las alumnas puedan llegar a diseñar con ordenador y estampar sus propios diseños. Y añade que le hace mucha ilusión poder aportar su granito de arena y hacer que una persona pueda usar el aprendizaje adquirido para independizarse.
Shamia cree que este proyecto ayudará sobre todo a esas adolescentes que han afrontado embarazos tempranos y puede ser una gran oportunidad para adquirir más habilidades y valerse por sí mismas. Aunque añade que la formación también estará abierta para aquellos hombres o niños que estén interesados.
De Bilbao a Uganda
La Universidad de Deusto beca a estudiantes para hacer de voluntarios
Los becarios de la Universidad de Deusto aprendiendo técnicas de costura con Javier Barroeta antes de partir para Uganda.
“Gracias a la Universidad de Deusto, a través de sus becas han empezado a ir becarios voluntarios que tanta labor y ayuda hacen en Kazinga”, remarca Cristina Maruri.
Actualmente, tres estudiantes, Sandra Martínez, Lander Hernández y Uxue Intxausti se encuentran en Kyambura, donde harán de voluntarios durante seis meses.
Llevan apenas un mes sobre el terreno pero ya participan en actividades educativas y en la coordinación de los microproyectos que se llevan a cabo.
La experiencia de los voluntarios sobre el terreno
“Al principio el choque es muy grande”
Los tres voluntarios con niños de Lights of Kazinga.
¿Por qué decidisteis emprender este proyecto?
Sandra Martínez: Tenía ganas de volver a salir de lo conocido y era el último año que podía acceder a esta beca y tener otra experiencia en el extranjero. Este proyecto me daba la oportunidad de conocer una cultura y modo de vida diferentes, poder aprender de ello y a la vez aportar lo que pueda desde mi experiencia y mi persona.
Lander Hernández: Algunos conocidos me recomendaron esta experiencia y decidí aprovechar una oportunidad única.
Uxue Intxausti: Venir a África a hacer de voluntaria siempre había sido un sueño pendiente de cumplir. Cuando se me presentó la oportunidad no pude dejarla pasar. Además, después de haber sido voluntaria durante 8 años en un grupo de scouts de mi pueblo, quería probar un tipo de voluntariado totalmente diferente.
¿Cómo fue vuestra primera impresión del lugar y la gente?
S.M: Es difícil de explicar la primera impresión. Vayas por donde vayas eres el centro de atención tanto de adultos como de niños y todos te saludan. No dejas de oír ”¡muzungu!, ¡muzungu!” (persona blanca en su idioma) y o bien te piden dinero o que les compres algo. Los niños te agarran por todos lados y te siguen. Sinceramente, aunque no lo hagan con ninguna maldad, puede llegar a ser muy agobiante. Pero, por otro lado, la gente es amable y cercana.
L.H: La primera impresión fue muy buena, es un lugar precioso e increíble y la gente es muy agradable en cualquier situación.
U. I: El lugar no se parece a nada que podría haber imaginado antes de venir. Al principio el choque es muy grande sobre todo viendo las condiciones de algunas cosas, pero aún así todo tiene su encanto. Y en cuanto a la gente, la verdad que han sido todos maravillosos desde el primer día, siempre con una sonrisa en la cara y cuidándonos como si fuéramos uno más de la familia.
Siempre van con una sonrisa en la cara y nos cuidan como si fuéramos uno más de la familia
Una voluntaria de la mano de un niño de la comunidad.
¿Cuál es vuestro papel en el orfanato?
S.M: Ayudar y colaborar en todo lo que podamos. Nos piden ideas para mejorar el orfanato y el pequeño hostel que regentan. También ayudamos en colegios y alrededores. Aunque cada uno tiene su especialidad y puede aportar algo diferente, por el momento todos hacemos tareas parecidas. Tenemos también proyectos en mente como el de Javier Barroeta que iremos desarrollando en la medida que podamos junto a otros más.
Nos piden ideas para mejorar el orfanato y el pequeño 'hostel' que regentan
L.H.: Nosotros nos centramos en ayudar con cualquiera de las tareas que necesiten un apoyo externo. También nos centramos en ayudar a la comunidad.
U. I: Nuestra función es ayudar en lo que haga falta y eso puede ser: pintar paredes exteriores, ayudar con la producción de café, ayudar en los colegios de la zona o hacer recogidas de basura. Lo importante es estar siempre dispuesto a ayudar, sin que te importe sudar y, probablemente, terminar sucio de pintura, tierra o mocos y babas de niños.
¿Qué es lo más esencial que creeis que se necesita en el orfanato?
S.M: Realmente no sabría qué decir, creo que ellos lo sabrán mucho mejor que yo. Creo que han conseguido mucho en muy poco tiempo. Muchas veces queremos aportar desde nuestra forma de vida y lo hacemos con necesidades nuestras y no son las mismas que las del sitio al que vamos. Lo que sí me atrevo a decir es que faltan conocimientos a nivel muy básico de higiene y salud alimentaria con los que muy probablemente mejorarían otros problemas de salud que tienen.
L.H: Se necesitan muchos voluntarios, gente que esté dispuesta a trabajar y ayudar.
Se necesitan muchos voluntarios, gente que esté dispuesta a trabajar y ayudar
U. I: Sería necesario instalar placas solares para que el orfanato no tenga que depender de generadores a gasolina cada vez que se va la luz, algo que pasa varias veces por semana. Así ahorrarían en gasolina, ya que con las placas solares todo dependería del sol. Además, aunque no sea una necesidad esencial, también creo que vienen bien las personas dispuestas a dedicar parte de su tiempo a ayudarles a sacar adelante el proyecto de la misma forma que estamos intentando hacer nosotros, ya que con un poquito se puede hacer una gran diferencia.
El modisto Javier Barroeta, en su taller en Bilbao.
Tanto Cristina como Shamia, dos de las mujeres que ayudan a sacar adelante Lights of Kazinga Orphanage, agradecen a Javier Barroeta su gran apoyo en organizar el nuevo proyecto de costura. Además, aprovechan para hacer un llamamiento a todas esas personas que quieran contribuir también pero no saben cómo hacerlo y les aconsejan: “Ayudar puede ser tan solo una sonrisa”.
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