Por una educación que invite a amar la vida

Lectores Expertos

Sorprende que, con la llegada de la fiesta de Halloween a las escuelas, se celebra la “cultura de la muerte” 

Si te gusta disfrutar del terror en vivo, los parques de atracciones son una excelente opción para visitar en Halloween

Calabazas de Halloween.

Pixabay

* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Finaliza octubre en los centros escolares, y con ello las aulas se llenan de disfraces, calabazas, fiestas temáticas y una atmósfera que, aunque lúdica, gira en torno al miedo, la muerte o lo macabro: es la fiesta de Halloween. No pretendo con este artículo demonizar estos actos, pero realmente me sorprende que mientras celebramos la “cultura de la muerte”, nos olvidamos de la “cultura de la vida”, enseñar a amar la vida, a cuidar de nosotras/os y de los demás. Y, por lo que vivimos en la vida cotidiana, estamos quedándonos atrás.

¿Por qué nos quedamos atrás? La conversación pública en los últimos días ha vuelto a girar en torno a las dificultades que están viviendo las y los adolescentes en España y de las que todos los agentes educativos y sociales, además de los dirigentes políticos y otros grupos de poder, somos responsables: estamos quedándonos atrás en la salud mental en la infancia y en la adolescencia.

En 2023, según la Plataforma Nacional para el suicidio y la prevención del suicidio, se registraron en España 4.116 casos. En 2024, según el Consejo General de Psicología de España, se registraron 3.846. El número de suicidios en menores de 15 años va en aumento, según el Instituto Nacional de Estadística; este dato suma un número mayor en edades comprendidas entre 15 a 29 años y llega a un número más elevado aún de 30 a 44 años. 

El número de suicidios en menores de 15 años va en aumento, según el Instituto Nacional de Estadística

Durkheim en El Suicidio (1897) advirtió que las variaciones en estas tasas no se explican por causas individuales o psicológicas, sino por la forma en que las personas se integran y regulan en un contexto social determinado. 

En este sentido, el aumento de suicidios en el sector de adolescentes y jóvenes puede interpretarse como síntoma de una menor cohesión social y una crisis de integración en los marcos comunitarios como, tradicionalmente, han sido la familia, la escuela, la religión o una determinada comunidad. 

Las/os adolescentes y jóvenes se convierten así en un motivo especial de preocupación porque han perdido el vínculo, el arraigo, el sentido de su vida y no hay nada por lo les merezca la pena vivir porque, según Frankl en su obra E l hombre en busca de sentido (1946), “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

En este escenario escalofriante no podemos ignorar, en esta sociedad postdigital, el papel de las redes sociales. Sin volvernos locos con la tecnofobia, es más que evidente que estas plataformas configuran mundos idealizados en los que, desde la infancia y la adolescencia, se comparan de forma continuada con influencers como referentes irreales, editados y, en muchos casos, inalcanzables para un contexto real. 

Los más jóvenes viven una vida digital rodeada de perfiles que, según Bauman (2016), “ofrecen la ilusión de compañía sin las exigencias de amistad”. En este contexto postdigital donde la interactividad abre nuevos y desafiantes canales de comunicación, nos encontramos, por tanto, con la paradoja de que el 38,8 % del público adolescente se encuentra solo, según un Informe de la Universitat Oberta de Catalunya (2025). 

En palabras de Byung-Chul Han (2010), Premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades 2025, “el sujeto del rendimiento se explota a sí mismo creyendo que se está realizando” viviendo así una vida de espejismos y una falsa autorrealización narcisista que lleva a una vida en soledad. 

En los nuevos medios, el Prosumidor MM (Muerto digital y Muerto analógico), según presenté en el libro Educación y Comunicación en la Sociedad Postdigital. Análisis documental y perspectivas futuras (2023), se hace cada vez más presente en los contextos juveniles donde la “cultura de la muerte” está proyectándose con gran fuerza, distrayendo a la “cultura de la vida”. 

Desde la perspectiva de Durkheim, estos comportamientos pueden favorecer el desarrollo de diferentes formas de suicidio como es el egoísta, al estar aislados en comunidades virtuales donde el vínculo social es débil o inexistente; o anómico al vivir ausentes de referentes morales y normativos coherentes, generándose confusión, vacío y pérdida de sentido.

Educar para la vida no es algo utópico: es urgente y factible. Sin duda, requiere voluntad política, financiación dirigida y compromiso de los sistemas educativos y sanitarios. 

El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, unido a los gobiernos autonómicos, deben incluir objetivos específicos en sus planes y proyectos con el fin de que los centros educativos reciban formación y recursos necesarios para que se deje de “mirar para otro lado” ante estas situaciones alarmantes. 

Educar para la vida es urgente y factible. Requiere voluntad política, financiación dirigida y compromiso de los sistemas educativos y sanitario

En palabras de Paulo Freire en su obra Pedagogía del Oprimido (1979) “la educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. 

Durkheim también afirmaba que la educación es el medio por el que una sociedad forma a sus miembros y refuerza la cohesión social; educar para amar la vida, es fortalecer esos lazos sociales y prevenir la anomia que conduce a la desesperanza. 

La escuela, como defendemos constantemente, no tiene una función meramente instrumental a nivel de contenidos, sino que puede y debe enseñar a vivir y cuidarse mutuamente. No se trata de ser paternalistas, sino se trata de justicia que pueden prevenir muertes evitables.

La respuesta educativa, no puede por tanto limitarse a restringir o prohibir el uso de las plataformas digitales, sino que, como influencers de aprendizaje, debemos orientarnos hacia la creación de “paquetes curriculares” de alfabetización mediática integral: interpretar críticamente los contenidos, identificar dinámicas de comparación social, reconocer la manipulación de imágenes y algoritmos, desarrollar un sentido del valor propio más allá de los “likes” y la exposición digital, etc. 

Además de esta propuesta se debe seguir apostando por programas escolares de habilidades socioemocionales y salud mental con el fin de mejorar la capacidad de afrontamiento y reducir conductas de riesgo.

Finalmente, ante la llegada del día de Todos los Santos, recordemos con esperanza a Kira, Sandra, Daniela, Lucía, Alejandro, Laura, Claudia, Óscar, Ilan, Adam, Diego, Carla, Alan, Hugo, Alana, Jokin, Dani y tantísimos jóvenes anónimos que han sido víctimas de la violencia y del acoso escolar.

* El Dr. Javier Gil Quintana: Prof. Titular Departamento de Didáctica, Organización Escolar y Didácticas Especiales (Facultad de Educación de la UNED)

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