Las enfermedades psicosomáticas infantiles

Lectores Expertos

Indagando en la familia o la escuela podemos ver razones de la ruptura de la armonía psíquica del niño

Niño haciendo la cama

Niño mirando si se ha orinado en la cama.

Getty Images/iStockphoto

* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

La Enfermedad Psicosomática es aquella que acepta e incluye los factores psíquicos en el determinismo o en el desarrollo de los afecciones psíquicas y que son accesibles a una terapia superficial al niño y su entorno. Es un capítulo amplio de la patología infantil.

Indagando en la situación familiar (alteraciones del esquema familiar, nacimiento de hermanos, sobreprotección o carencia de afecto) o de la escuela (dificultades escolares, dificultad de integración, sistemas pedagógicos inadecuados, falta de estimulación), podemos encontrar algunas razones de la ruptura de la armonía psíquica del niño, traducida en quejas psicosomáticas como la anorexia o pérdida de apetito, el cólico del primer trimestre, el insomnio, el asma bronquial, la enuresis (emisión involuntaria de orina), la encopresis (emisión involuntaria de heces), el estreñimiento, las cefaleas, las migrañas, los eccemas, las verrugas, las alopecias, las alteraciones del crecimiento, etcétera, pueden tener un marcado componente psicosomático. 

La detección precoz de esos trastornos, que están aumentando de un modo significativo, permite que el pronóstico sea más favorable y puedan ser tratados debidamente. Existe una ley de oro y es que antes del diagnóstico psicosomático conviene descartar una organicidad.

Euresis infantil

Participé en Madrid en un Congreso Internacional de Pediatría en el que me correspondió presentar mi ponencia sobre la euresis infantil, es decir, sobre esos niños-as que siguen mojando la cama por la noche a partir de los 5 años.

Ante este problema que afecta a un 10% de los niños hay dos tendencias principales.

  • Los que se dedican a medicar de modo sistemático.

  • Los que son partidarios de motivar al niño y a la familia una vez descartada una organicidad.

Es importante abordar el problema porque puede tener repercusiones en el plano afectivo e integración social del menor ya que no puede acudir a las colonias infantiles, etc.

El primer paso es descartar una causa orgánica de tipo endocrino (diabetes), urológica (infecciones o malformaciones) o neurológica (epilepsia o malformaciones del sistema nervioso central). Es necesario tratar a un niño y no a un síntoma. En mi experiencia personal el hallazgo de organicidad ha sido mínima.

  • Medicar al niño

Existen diversas medicaciones que se han ido aplicando a los niños como antidepresivos, anticolinérgicos, sedantes y ansiolíticos neurolépticos, etc. 

Algunos pueden tener efectos secundarios importantes que la familia debe conocer. Los resultados no son espectaculares y llegan a un 34-35% de resultados positivos que suelen reaparecer al suprimir la medicación. Algunos autores comparan sus efectos con los del placebo.

Recuerdo al profesor León Kreisler de París, cuando en el Instituto de Psicosomática de la Poterne des Plepiers solía decir “es más fácil medicalizar que comprender”.

  • Motivar al niño

El profesor Léon Kreisler decía que la enuresis es una enfermedad psicosomática, es decir, “aquella que incluye y acepta los factores psíquicos en el determinismo o en el desarrollo de las afecciones psíquicas”, que viene a decir que son accesibles a una psicoterapia del niño y de su entorno.

Otro aspecto importante a considerar y que a veces pasa desapercibido es que los niños con enuresis presentan en el 20-40% de los casos problemas psicológicos y muchas veces se asocian a determinadas afecciones como el Trastorno por Déficit de atención (TDAH), el Trastorno Disocial, Trastorno Negativista, Trastorno obsesivo compulsivo y entonces la enuresis puede ser un síntoma menor dentro del conjunto. Estos niños precisan un tratamiento especializado e interdisciplinario.

Como técnica psicoterapéutica está la Relajación de Schultz, que practicada por personal cualificado y con la aceptación del menor y de la familia permite cierto dominio del terapeuta sobre el paciente que le ayuda a controlar su cuerpo y reforzar puntos débiles. Después será el paciente el que consiga su autodominio.

Esta terapia necesita varias sesiones y se complementa con test proyectivos de dibujos (familia, escuela, hogar) que permiten ver la evolución. Simultáneamente un cuestionario periódico para completar los padres, que nos indica su implicación en el proceso. “Niño-familia-pediatra, deben ser tres ruedas que giren sincrónicamente”.

Mi experiencia personal es positiva y es una forma de educar al niño y ayudarte a solucionar problemas. Los resultados positivos se acercan al 70% y las recidivas son escasas. Como decía Montaigne, “el niño no es una botella a llenar sino fuego interno que es preciso encender”.

La medicalización, a mi modo de ver, no corrige el mecanismo intimo de la enuresis para conseguir el control definitivo y al retrasarla hay un alto índice de recaídas.

Los efectos secundarios pueden ser importantes y no debemos olvidar la declaración de Nuremberg en 1947 “El interés por la ciencia nunca debe ser superior a los mejores cuidados del paciente”

La familia, debidamente orientada, debe participar activamente, modificando actitudes negativas y ofreciendo compensaciones de ocio, o un “contrato” detallado según los progresos del niño. La idea central es reducir a cero los beneficios que tenía el niño con su conducta enurética. Es deber de los padres preparar a los hijos para el camino y nunca preparar el camino.

Reunión de Lyon

Pluridisciplinaridad

“De mi vida de niño siempre quedaron rincones de melancolía, dice Jacques, pero también entré en la vida del hombre listo para la lucha” (Oliver Twist. Charles Dickens)

Tuve ocasión de acudir a Lyon a la reunión de la Sociedad Francesa de Pediatría donde se celebró una Mesa Redonda, dedicada a los trastornos esfinterianos (enuresis y encopresis) donde la Dra. Derriède. Dr. Borrione, Dra. Bourely y la Dra. Rouvière hablaron de aspectos funcionales, aspectos educativos, aspectos psicológicos e incluso aspectos quirúrgicos que pueden presentarse en estas patologías. La Mesa se titulaba Perine Coince.

Tuve noticias de que existen equipos pluridisciplinarios de pediatras, educadores, kinesiterapeutas, psicólogos y psiquiatras, como el de Marsella dedicados a la patología esfinteriana. Es un paso inteligente que pone marco adecuado al problema.

Volviendo a la reunión de Madrid, en la sala París del Palacio de Congresos, consideramos importante una correcta disección orgánica y mental por parte del pediatra, que debe tener conocimientos, actitud y habilidades sociales para abordar el problema o derivarlo a personal especializado y mejor aún crear equipos (las personas hacen las estructuras, las estructuras no hacen a las personas). Se debatió el problema de las relaciones entre las “ciencias puras” y las “ciencias humanas”.

Se citó a Ilya Priogine, Premio Nobel de Química, cuando dijo “si dividimos los saberes por un lado el científico y al otro las ciencias humanas no tendremos ni un ciencia humanizada, ni una humanidad que se beneficie de la ciencia”.

La ciencia debe tener conciencia. “La ciencia sin conciencia es la ruina del alma”, dijo Rabelais. En Lyon se explicó que “hay trenes parados hace 20-30 años” que es preciso despertar y hablar y aprender unos con otros. No venimos a “triunfar” sino que estamos para ayudar a los demás. Las ciencias avanzan cuando fecundan al otro lado de la frontera.

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