Política

¿Moverán votos Gaza, Ucrania o Venezuela?

El impacto electoral de los conflictos geopolíticos

La actuación israelí reactivó electores potenciales de izquierda, y podría hacerlo ahora la crisis venezolana, pero no la agresión rusa

Edificio en ruinas en la ciudad de Gaza tras un ataque israelí (AP Photo/Jehad Alshrafi)

Edificio en ruinas en la ciudad de Gaza tras un ataque israelí (AP Photo/Jehad Alshrafi)

Jehad Alshrafi / Ap-LaPresse

Las guerras generan pasiones y las pasiones mueven votos. Cuántos y en qué dirección es un secreto que solo desvelan las urnas. En el 2003, la impopular implicación de España en la guerra de Irak contribuyó a la caída, un año después, del Gobierno del PP. ¿Podría tener hoy algún tipo de impacto el conflicto de Gaza a tenor de las distintas actitudes de derecha e izquierda frente a la sangrienta respuesta israelí al brutal atentado de Hamas? Y la invasión de Ucrania o la intervención en Venezuela: ¿pueden dar o restar votos a partir de la posición de los diversos partidos?

El conflicto palestino ha tenido una gran respuesta callejera, hasta el punto de que el periodo álgido de las protestas se llegó a equiparar con un nuevo “momento 2003”, cuando la adopción de una política tan controvertida como la participación en la invasión ilegal de Irak devaluó el capital político que José María Aznar había cosechado con la mayoría absoluta del 2000. Y ahora, más de dos décadas después, la contención semántica del PP ante la matanza en Gaza parecía también capaz de alejarlo de buena parte de la ciudadanía.

La postura proisraelí no ha desgastado a la derecha como sí lo hizo su respaldo a la guerra de Irak en el 2003

Sin embargo, hay serias diferencias entre la situación actual y la de hace 22 años. La primera es la volatilidad de una opinión pública aturdida por la suciedad ambiental y por una agenda policial y judicial de simetría variable. En este contexto, y desde que estalló el conflicto de Gaza, el grado de preocupación que generaba había caído 11 puntos en octubre pasado (y 17 en diciembre), hasta el punto de que poco antes del alto el fuego casi un tercio de los consultados por el CIS ya apenas se mostraba preocupado por la situación en Gaza (y esa tasa se elevaba al 53% entre los hombres menores de 34 años). En el 2003, en cambio, el nivel de preocupación por el conflicto de Irak alcanzaba a más del 80% de la ciudadanía, con pocas diferencias en razón del signo del sufragio o de la edad de los consultados.

En el 2003, el rechazo a la implicación de España en Irak alcanzaba al 90% de los ciudadanos, y al 80% de los votantes de Aznar

El segundo factor diferencial es la aguda polarización actual, que condiciona la percepción y el voto de los distintos grupos de electores, por encima de los hechos objetivos o de los dilemas geopolíticos. Por ejemplo, mientras hasta el 94% de los votantes de izquierda ha expresado inquietud por los sucesos de Gaza, la preocupación ha llegado a caer por debajo del 50% entre el electorado popular y hasta el 26% entre los electores de Vox. Y ese mismo alineamiento se aprecia frente a la actitud del Gobierno progresista ante el conflicto: menos del 7% de los votantes conservadores (y apenas el 3% de los ultras) respalda la política del Ejecutivo.

Hoy, a la mitad de los electores populares les preocupa la situación en Gaza, pero solo un 7% apoya la posición de Sánchez

La situación era bien distinta hace más de dos décadas. Solo un 11% aprobaba la actitud del Gobierno del PP ante el conflicto de Irak, frente a un 60% que la suspendía. Y aunque un 29% de los votantes populares juzgaban positivamente la conducta del presidente Aznar, eran más (un 33%) los que la rechazaban. Además, las posiciones más críticas se registraban entonces entre los jóvenes. Y si la pregunta se centraba en la intervención directa en Irak, el rechazo alcanzaba al 91% (y a más del 80% de los propios votantes de la derecha). Claro que la política de Aznar sobre Irak incluía el despliegue de tropas sobre el terreno y no podía excluir las eventuales réplicas terroristas en España.

En consecuencia, aunque hoy la mayoría de la opinión pública española rechace la actuación israelí (pero más tibiamente el votante conservador), los férreos alineamientos electorales y la fisura generacional neutralizan el impacto de ese rechazo e impiden que afecte a la correlación de voto entre bloques. A lo sumo, y coincidiendo con el fugaz repunte del centroizquierda en algunas encuestas, la guerra de Gaza y la decidida acción internacional del Gobierno de Pedro Sánchez pudieron reactivar momentáneamente a un núcleo de votantes de izquierda que permanecían hibernados hasta los próximos comicios. Y lo mismo podría provocar ahora la intervención imperial de Estados Unidos contra la autocracia venezolana. Es cierto que se registra en un escenario más divisivo, pero el discurso neocolonial de Trump descoloca a la derecha, por lo que su impacto electoral es algo más incierto. 

La actuación de Trump contra la autocracia venezolana parte de un escenario muy divisivo, pero su discurso neocolonial descoloca a la derecha 

Por su parte, la guerra de Ucrania parece menos capaz de alterar la conducta de grupos significativos de electores. Entre otras cosas porque las posiciones de PP y PSOE son más coincidentes en este asunto, lo mismo que los niveles de preocupación entre sus seguidores. Además, la inquietud ante el conflicto ha caído 22 puntos desde el inicio de la invasión, en febrero del 2022 (y hasta seis puntos solo entre octubre y noviembre pasados). Aun así, la fisura generacional marca una clara línea de separación entre los menores de 34 años (más de la mitad de los cuales no están preocupados por la amenaza rusa) y los mayores de 65 (con tasas de preocupación cercanas al 80%).

Asimismo, la valoración de la actitud del Gobierno ante la invasión rusa se ciñe a la polarización partidista y a la rusofilia de cada espacio electoral: el 40% del total aprobó la respuesta del Ejecutivo sobre Ucrania, y ese aval alcanzó al 65% de los votantes socialistas, pero solo al 40% de los electores de Podemos, al 33% de los del PP y al 22% de los de Vox. Y el reciente desenlace electoral en la Siberia extremeña quizás anticipe el exiguo eco de los conflictos geopolíticos en las futuras elecciones generales.

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