IU aboga por trascender las fronteras de Sumar y establecer una separación respecto al PSOE.
Izquierda progresista
Antonio Maíllo señala que el pacto vigente no consigue aglutinar a la totalidad de las formaciones del espectro político.

La segunda vicepresidenta del Ejecutivo, Yolanda Díaz (i), y el líder de IU, Antonio Maíllo (d), durante una jornada en Sevilla.

Izquierda Unida ha iniciado el año 2026 con una visión pesimista del panorama global y un propósito político que supera los límites vigentes de Sumar. Esto se desprende de la propuesta del reciente análisis político del responsable federal, documento consultado por Guyana Guardian, el cual vincula una interpretación preocupante del contexto mundial con una resolución de relevancia interna centrada en dos pilares. “Ir más allá” respecto a la agrupación dirigida por la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, con el objetivo de crear una herramienta política diferente. Y “desmarcarse” ante un PSOE al que reprocha la falta de un plan de cambio verdadero.
El escrito se inicia con un examen mundial de matiz sombrío. IU alerta de que el presente ejercicio comienza en un “contexto de extrema gravedad”, condicionado por “el momento de mayor peligro desde la Segunda Guerra Mundial”, con el incremento de las guerras, “violaciones sistemáticas del derecho internacional” y un desgaste veloz de las instituciones multilaterales. Dentro de este escenario, ubica a Estados Unidos e Israel como centro de una acción exterior apoyada en “la coerción, la fuerza militar, la injerencia directa y el desprecio total al derecho internacional”, donde se vuelven a validar “la guerra, el bloqueo económico, las sanciones unilaterales, las amenazas de anexión territorial y el secuestro de jefes de Estado”.
El conflicto en Gaza constituye un eje fundamental del documento. IU señala que, aunque Washington consideró finalizada la etapa inicial de su estrategia, Israel ha vulnerado “de forma sistemática y deliberada” los pactos, ignorando el cese de hostilidades -“más de 400 personas han sido asesinadas desde que este fue decretado”- y persistiendo en el cerco humanitario. Ante el discurso sobre un segundo periodo enfocado en el desarme y la rehabilitación, el escrito afirma que “la realidad es que hoy, en Gaza, Israel continúa ejecutando de manera planificada y con el apoyo explícito e incondicional de Estados Unidos una política de castigo colectivo y asfixia sistemática contra el pueblo palestino”, empleando “el hambre como arma de guerra”.
IU no abandona las coaliciones, pero sugiere transformarlas: “Necesitamos organizar la esperanza, dirigirnos a la gente y dejar de hablar de nosotras y nosotros”
La crítica se extiende a la Unión Europea, descrita como “dividida y temerosa de contradecir a EEUU”, limitada a “gestiones diplomáticas estériles” que acaban otorgando “una licencia de impunidad a Israel” y convirtiéndola en “corresponsable” de lo que sucede sobre el terreno. En América Latina, el informe suma a este panorama “la agresión cometida sobre Venezuela” y las amenazas de Donald Trump a Cuba, Colombia y México. El “bombardeo de EEUU a Venezuela y el secuestro al presidente constitucional Nicolás Maduro” son calificados como “una escalada sin precedentes” y “un acto de guerra”, con “al menos, 100 víctimas mortales”, orientado -según IU- a la apropiación de recursos estratégicos y a frenar la presencia china fuera de la hegemonía del dólar.
El cambio más sustancial del escrito surge al tratar el periodo de votaciones y el porvenir del entorno de la izquierda alternativa. El coordinador federal califica como “un éxito y un ejemplo” el balance de Unidas por Extremadura —siete escaños, cuatro de IU— y lo vincula a un desempeño “construido durante años desde el territorio”, distante de la “espectacularización de la política”. Ese esquema de proximidad es el que IU desea proyectar actualmente hacia las autonómicas de 2026 y, posteriormente, hacia las generales y municipales de 2027.
Bajo esa perspectiva, el escrito resulta claro: “Es evidente que la coalición Sumar, tal y como la conocemos ahora, no es un instrumento capaz de aglutinar al conjunto de organizaciones políticas y personas conjuradas para evitar un gobierno de PP y de Vox”. El anhelo consiste en “construir una alternativa de país” y lograrlo sin aceptar las restricciones de un PSOE cuya “alma neoliberal y atlantista impide una agenda de gobierno de avance real que frene al trumpismo en España”.
IU mantiene su apuesta por las coaliciones, aunque sugiere transformarlas. Plantea asimismo un “proceso político” bajo “un nombre diferente al de las organizaciones parte, para que no vuelva a ocurrir la confusión del todo por la parte”, agilizar consensos, confeccionar una agenda compartida que respete la independencia de cada formación y establecer un cronograma que culmine en listas electorales para los siguientes comicios generales. Todo esto se complementa con una mejor sincronización en el seno del Gobierno “para marcar posición política propia, como en el caso de las guerras, la OTAN o la vivienda”.
La idea esencial recalca que no es suficiente con la disposición de entendimiento entre las cúpulas. “Necesitamos organizar la esperanza”, “dirigirnos a la gente y dejar de hablar de nosotras y nosotros”. Mediante una cita programada el 22 de enero con sus delegaciones regionales, IU pretende armonizar la deliberación nacional con la labor en las zonas locales, emitiendo un aviso nítido a los votantes progresistas para señalar que existe una estrategia, una lucha política y que, ante el progreso de la derecha y la extrema derecha, no se admite la rendición.