Política

Cuando Illa vuelva

Opinión

Uno siempre adquiere conocimientos de referentes de la comunicación y la sátira como Toni Clapés. Recientemente, él junto a sus colaboradores en RAC1 establecen contacto con su versión de Salvador Illa hospitalizado y conversan con él cual si el president encarnara al personaje de la legendaria cinta Good bye, Lenin! , dándole la razón cuando afirma que sus consejeros le garantizan que todo marcha correctamente, de forma habitual, con moderación. La comedia funciona como excelente artículo de opinión para exponer a la autoridad, ilustrando, por caso, la ausencia que en una etapa compleja ha generado Illa, debido a cuestiones médicas.

Resulta evidente que, hoy en día, aquellos que sostenían la narrativa de una administración eficiente por parte del ejecutivo se enfrentan a una seria dificultad dialéctica frente a cualquier ciudadano que transite por las calles o las estaciones. El Govern sufre un notable desgaste de credibilidad, siendo insuficiente su gestión para ocultar la catástrofe mayúscula que representa Rodalies.

Es necesario manifestarse ante Sánchez y descargar de competencias a Paneque.

La imposibilidad de subsanarlo adecuadamente claramente no es un problema reciente y probablemente se habría manifestado bajo cualquier otra administración al mando, no obstante, la narrativa de “gobierno de todos”, que consecuentemente tenía que solucionar “las cosas que interesan a la gente”, resulta afectada de forma evidente.

Esta situación es preocupante, pues hoy, en Catalunya al igual que en otros tantos sitios, se percibe que la población ya no requiere entidades impecables sino íntegras. Es decir, que se vean como genuinas, con escasa separación entre su discurso y su desempeño. Y en este aspecto la fractura en la reputación del actual Govern es notoria. Sin embargo, esto no representa mayoritariamente un fallo de comunicación, dado que tal oficina no consigue prodigios sin una gestión resolutiva.

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, durante su discurso.
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, durante su discurso.DAVID ZORRAKINO / Europa Press

Por consiguiente, en el momento en que Illa retome sus obligaciones tras su plena recuperación, tendrá ante sí un desafío considerable que abordar, centrado en dos aspectos que tanto aliados como opositores (de forma manifiesta o reservada) han marcado como puntos débiles que impiden su consolidación (como se observa, por ejemplo, en los sondeos).

En primera instancia, tendrá que incrementar su nivel de demanda hacia Madrid, mostrar firmeza y reclamar lo que resulte preciso, independientemente del coste individual que le suponga, frente a Pedro Sánchez. Por otra parte, le corresponde honrar una promesa asumida durante su alocución de investidura, momento en que se le cuestionó por el desequilibrio y la confusión de elementos dispares que había promovido en carteras como la dirigida por la consellera Sílvia Paneque.

Illa afirmó que no dudaría en reestructurar consejerías si estas no resultaban operativas. Resulta obvio, por tanto, que urge descargar de responsabilidades a Paneque (así como a cualquiera que liderara su extenso departamento durante una coyuntura tan crítica y a la vista de los balances), lo cual supondrá una remodelación del ejecutivo que tendrá que ejecutarse y justificarse con la precisión y magnitud requeridas, aunque parece forzosa desde la perspectiva básica que la narrativa y la actitud del president nos presentaron como cualidad distintiva: la sensatez. Aún puede demostrarlo mediante acciones concretas ( storydoing , lo llaman). No obstante, si demora en actuar, esa oportunidad que a otros nunca se les presenta podría terminar por pasarle de largo.

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