El territorio de Aragón celebra elecciones este domingo con la disputa por la Moncloa como telón de fondo.
Elecciones del 8-F
Abascal, Feijóo y en un grado inferior Sánchez han rivalizado en esta demarcación a lo largo de la segunda fase crucial del periodo de elecciones autonómicas.
¿Es Aragón una réplica electoral a escala de España?

Alberto Núñez Feijóo con el presidente aragonés, Jorge Azcón, en Teruel

La sucesión de comicios regionales impulsada por el PP con el fin de debilitar al PSOE y lograr desplazar al presidente Pedro Sánchez alcanza su segundo hito. Durante una contienda electoral marcada por el predominio de las disputas de política española, un millón de aragoneses elige este domingo a sus representantes para el siguiente cuatrienio, aunque las cifras se interpretarán como un preludio de unos eventuales comicios generales.
Asumiendo la victoria de los populares y el crecimiento global de las derechas, los principales interrogantes de este día electoral consisten en determinar el descenso del PSOE de Pilar Alegría y, especialmente, cuál es el límite de Vox, factor que determinará los pactos para el próximo ejecutivo, tal como ocurrió previamente en Extremadura.
Los comicios se llevan a cabo en un escenario bastante distinto al de hace 30 meses, cuando se efectuaron las pasadas votaciones regionales en Aragón, en las cuales el popular Jorge Azcón se impuso al socialista Javier Lambán.
PP y Vox evalúan su influencia antes de iniciar las conversaciones para el nombramiento del popular Jorge Azcón.
Lo demás es sabido: aun con sus vacilaciones, Azcón llegó a un acuerdo con Vox para integrar el ejecutivo, pero los ultranacionalistas rompieron la coalición tras once meses.
Ante esta parálisis y sin poder validar las cuentas por segundo ejercicio seguido, en diciembre, Azcón anunció los primeros comicios adelantados de la historia de Aragón.
A partir de ese instante, la realidad política nacional ha condicionado los plazos y las controversias. El siniestro de trenes en Adamuz (Córdoba) motivó un fugaz cese de hostilidades que se quebró enseguida para retomar la confrontación. La regularización masiva de extranjeros, la oposición al decreto ómnibus que integraba la subida de las pensiones y el inédito marco de financiación regional convenido entre el Gobierno y ERC han constituido los pilares de la carrera electoral, según quedó patente en los cuatro debates organizados para los candidatos.
El resultado más desfavorable para el socialismo aragonés fueron los 18 diputados de Lambán en los comicios de 2015.
La asistencia continua de dirigentes estatales de diversas tendencias políticas refuerza la percepción de que las prioridades de los aragoneses han quedado en un segundo plano. Al no coincidir con comicios locales, la afluencia a las urnas podría descender a niveles cercanos al 60%.
De manera general, la dinámica de bloques ha prevalecido sobre los planteamientos políticos. Las formaciones progresistas se han enfocado en señalar los ajustes en las prestaciones públicas y en advertir sobre el regreso de la ultraderecha a los gobiernos regionales.
No obstante, ese planteamiento no surte efecto. Afectados por la desgana electoral, el PSOE se acerca al borde de su desempeño más pobre –los 18 escaños de Lambán en el 2015-, lo que genera dudas sobre la maniobra de la Moncloa de desplazar a sus ministros –Pilar Alegría fungía como portavoz del Gobierno y ministra de Educación hasta hace escasas semanas– para la recuperación de las comunidades autónomas.
La disputa por los escaños en la provincia de Teruel resultará determinante para las formaciones regionalistas.
Podemos, tras haber logrado 14 parlamentarios en 2015, perdería su presencia en las Cortes, al tiempo que Chunta lograría sumar uno o dos representantes e IU conservaría su actual acta. Ante estas formaciones se alzará una coalición de derechas con un vigor sin precedentes. Azcón pretende incrementar sus apoyos de 28 a 30 escaños: una cifra inédita para su formación, aunque todavía distante de los 34 necesarios para la mayoría absoluta. El líder del PP ha arremetido duramente contra Alegría y Vox, “el mismo populismo que Podemos”, aunque evitando clausurar vías de diálogo que quizás deba transitar posteriormente.
Por otro lado, Vox se apoya en la figura constante de Abascal, llegando a compartir el protagonismo en los carteles de campaña, y ni siquiera su respaldo al trasvase del Ebro, que provoca tanta oposición en esta región, parece que vaya a tener consecuencias negativas. Sus siete escaños podrían incluso doblarse, un impulso decisivo que les permitirá pactar con los populares el próximo gobierno aragonés.
La influencia política definitiva de los diversos integrantes en ese foro se determinará por un reducido número de sufragios. Resulta particularmente crucial la disputa en la provincia de Teruel –conseguir un escaño requiere cerca de 5.000 apoyos–, territorio fundamental para los grupos Teruel Existe y Partido Aragonés.
Lo ocurrido en Extremadura podría reiterarse: la derecha, en crecimiento; la izquierda, en retroceso.
No obstante, sus pretensiones originales de plantear una opción de mando frente a Azcón han quedado erosionadas por la carga de la actividad política nacional y la tensión en aumento.
Si bien el primero corre el peligro de volverse insignificante, el PAR, veterana agrupación clave que incluso lideró el gobierno, afronta la posibilidad real de esfumarse del escenario. Una transformación en los contrapesos que muestra el rumbo que tomará la política española en los momentos actuales.