La esposa de Tejero: “lo han dejado tirado...¡pero si tenía detrás a Milans, a Armada, al Rey”
Documentos 23-F
La mujer del golpista trató en vano de hablar por telefóno, criticó que lo “hubiesen dejado tirado como a una colilla” y llegó a temer por su vida tras la advertencia de la esposa de otro militar

Los tanques toman Valencia la tarde del 23-F de 1981 por orden del capitán general, Milans del Bosch

La esposa del teniente coronel Tejero, Carmen Díez, mantuvo numerosas conversaciones telefónicas tan pronto empezó la toma del Congreso con personas no identificadas pero a las que muy pronto expresó que “el tonto desgraciado, lo han dejado solo, para variar” o “tirado como a una colilla”.
Uno de los hijos del matrimonio resume el sentir a un amigo: “lo han dejado atrás entero, solamente lo ha apoyado Milans del Bosch y al ver que no apoyaba nadie más, ni Armada, ni el Rey ni nada...¡Estaba todo el mundo detrás!”.
A una amiga, identificada solo como Herminia, le confiesa: “qué desgraciado, tanto amor a la patria, tanto darlo todo, mira como le han engañado. Estaría el ejército detrás...en la cabeza y ahora nadie ha hecho nada”. Otro interlocutor, Fernando Caro, la traslada que “Ya se lo dije yo en Navidades”.
“He llamado (a Milans) y me han dicho que estaba durmiendo. Y aquí se creen que viene de camino”
Las transcripciones revelan el desconcierto inicial de la esposa y su angustia inicial porque trata de hablar con él sin éxito -la confusión parece monumental- y tampoco recaba información de sus contactos con oficiales del ejército o la Guardia Civil. “He llamado al Capitán general de Valencia. Me han dicho que estaba durmiendo. Y aquí se creen que viene de camino”, explica en tono desengañado a una amiga. Deja en repetidas ocasiones el mensaje para su marido de “que me llame” a quienes le responden desde el hemiciclo. Nunca hubo llamada.
Una vez, da por perdida la esperanza de que triunfase el golpe, la esposa de Tejero es requerida por “el subscretario de Gobernación” para que grabe un mensaje dirigido a su marido a fin de que deponga su actitud y se entregue. Inicialmente se niega -”¡no quiero!-, alegando que puede ser “contraproducente” porque “yo conozco a Antonio y Antonio piensa que me han forzado”. En posteriores conversaciones se aviene pero no hay noticia de que le enviasen a su domicilio personal técnico para dicha grabación.
A medida que se suceden las llamadas, cunde la alarma y el dramatismo. La esposa del general Francisco Coloma Gallegos, en la reserva desde 1978, le transmite el rumor de que van a desalojar a tiros el Congreso en cuestión de minutos. Un interlocutor del Estado Mayor trata de calmarla:
-”Que no, que no se deje poner nerviosa y esté tranquila que no es eso”.
-”Pero es que me ha dicho que es de minutos, que se lo cargan”
-”Que no, que no hay nada de eso”
Algunas llamadas registradas son de personas anónimas que daban apoyo al golpe y expresaban su desengaño con el cariz adverso de la situación. A una señora desconocida le comenta: “lo único que le pido es que pida a Dios que salga con vida”. Herminia, de nuevo, es menos conciliadora:
-”Mira que te digo, ¡tenía que cargárselos antes de salir!
-”No por dios, eso no”
