Paula Carmona y Carla Pamies realizan trayectos de cuatro horas al día en ferrocarril frente al coste de 500 euros por un dormitorio en un apartamento de Barcelona junto a otras cinco personas.
Vivienda
En España, el promedio de edad para emanciparse ronda los 30 años a causa del elevado precio de la vivienda.

Paula Carmona y Carla Pamies.

Durante el periodo reciente, España ha presenciado un incremento significativo en los gastos cotidianos, sobre todo en núcleos urbanos de la talla de Madrid, Valencia y Barcelona. El acceso al hogar se ha vuelto más costoso a una velocidad que sobrepasa el crecimiento de los sueldos, provocando una carga financiera y psicológica en los ciudadanos más jóvenes.
Esta situación ha provocado que bastantes individuos reflexionen sobre su autonomía y el tipo de posibilidades de trabajo y de vida que tendrán. Las remuneraciones reducidas junto a los elevados requisitos formativos han causado que gran parte de la juventud medite sobre su porvenir, tanto en el ámbito privado como laboral, aun antes de finalizar su formación. El interrogante sobre su lugar de residencia al emanciparse resulta cada día más complejo de aclarar, debido a que los sueldos de hoy en día impiden que numerosos ciudadanos logren su independencia.

Un par de estas jóvenes son Paula Carmona (19) y Carla Pamies (20), vecinas de Granollers y Calafell, que cursan Derecho en la Universidad de Barcelona. Durante una charla con Guyana Guardian, manifiestan sus dudas y explican el descontento de su grupo de edad frente al panorama presente.
“Tal y como están las cosas ahora mismo, cuesta mucho encontrar trabajo”, comenta Paula. A pesar de estar cursando una titulación con futuro laboral, ella sabe que en la actualidad es sumamente complejo conseguir un puesto de trabajo y más aún que este tenga un sueldo digno. “Me parecen una broma los salarios en España, básicamente porque el coste de vida no está equilibrado con lo que cobra la gente. Los salarios siguen siendo prácticamente los mismos y, en cambio, las viviendas han subido muchísimo”, agrega.
El desequilibrio entre las ganancias y los desembolsos obliga a gran parte de la juventud y población adulta a demorar su emancipación; en España, el promedio de edad para dejar el hogar familiar se aproxima a los 30 años, en contraste con naciones como Finlandia, donde dicha cifra se establece cerca de los 21 años.
Disfruto mi carrera, aunque me resulta complicado asistir a este sitio, y esa circunstancia te obliga a replantearte la situación por completo.
En cuanto a Paula, desearía establecerse en Barcelona para ir a la facultad, pero las tarifas excesivas se lo impiden, de modo que cada jornada dedica al menos una hora y media a desplazarse hasta el aula. No obstante, incluso las personas que logran habitar en la metrópoli tienen que pagar arrendamientos muy elevados. Asimismo, el contexto de Carla es muy parecido. “Hago dos horas de trayecto cada día porque no me puedo permitir alquilar una habitación en Barcelona por 500 euros, compartiendo con cinco personas”.
Debido a esto, las dos dedican cuatro horas cada jornada a viajar, ya que constituye la única opción económica para proseguir sus estudios. No obstante, ambas señalan que los trenes suelen llegar tarde, por lo que siempre requieren prever un tiempo superior al necesario. “Me gusta lo que estudio, pero se me hace difícil venir aquí y esto te hace cuestionarte todo el panorama; en general, acabas desanimándote”, admite.
Los ciudadanos de fuera que reciben sueldos de Europa mientras laboran a distancia en España, no resultan en absoluto beneficiosos para los españoles.
Este panorama causa que bastantes jóvenes dejen de creer en la posibilidad de emanciparse sin recurrir a pisos compartidos. “Es casi imposible que jóvenes como nosotros podamos independizarnos”, expone Carla. “Los salarios en España no son proporcionales a los años de estudio de muchas personas. Por ejemplo, los médicos estudian unos diez años y cobran un salario relativamente bajo”, agrega. Pese a que anteriormente disponer de una titulación y un máster garantizaba una colocación, hoy el desasosiego generalizado es la ausencia de vacantes, sin importar el grado de instrucción o la carrera, lo que entorpece la compra de un hogar. “Es una barbaridad el precio del m² en Barcelona”, manifiesta Paula.
“Los extranjeros que cobran un salario europeo mientras teletrabajan en España no nos beneficia nada a los españoles”, agrega. Un asunto que ha generado controversia es que urbes tales como Barcelona y Madrid han pasado a ser lugares llamativos para europeos que realizan trabajo remoto, lo cual les facilita gozar de una calidad de vida superior a la de los habitantes locales. Este elemento figura entre las causas que han impulsado el encarecimiento de los inmuebles durante el último tiempo, provocando inquietud en la población, de la que una gran parte considera trasladarse hacia la periferia.
“Todo está muy caro y ya no es solo la vivienda. El sueldo no alcanza para el alquiler, la gasolina, el seguro, la comida, etc. Todo suma, y con el salario que tenemos no llega. Esto hace que muchos acaben recurriendo a préstamos bancarios y a la ayuda de los padres”. En el presente, la remuneración mínima interprofesional se establece en 1.184 euros brutos al mes distribuidos en 14 abonos, que suponen un total de 16.576 euros brutos por año. Después de la crisis sanitaria, el precio de la vida se ha incrementado entre un 22-23% en España, mientras que en Cataluña, el encarecimiento interanual vigente ronda el 2,3%, conforme a las cifras de Idescat, evidenciando una disminución de la capacidad de compra durante el último periodo.