El Muro de Berlín fue un símbolo tangible del choque entre los mundos capitalista y comunista. 155 kilómetros formados por 45.000 módulos de hormigón armado en su pared exterior, reforzados por 95 km de foso antivehículos y custodiados por una patrulla de 14.000 guardias.
Unas 5.000 personas de Alemania del Este consiguieron burlar la seguridad de esta gran muralla que dividió la capital alemana entre 1961 y 1989. Tuvieron suerte. Otras 3.000 fueron detenidas por intentarlo y 138 murieron al tratar de huir. Su desmantelamiento llegó con una revuelta popular que ocurrió por estas fechas 36 años atrás. Pero, ¿qué fue de aquella mastodóntica construcción? ¿Se conservaron sus restos?
La muestra reflexiona sobre cómo se levantó una división, física e ideológica de tal magnitud en el corazón de Europa
La respuesta es sí. Algunos de sus vestigios se podrán ver desde el próximo 7 de noviembre en el Espacio Inmersa de Barcelona, en el marco de la muestra El Muro de Berlín. Un mundo dividido, producida por Musealia junto a la Fundación Muro de Berlín. Esta incluye más de 200 objetos, como diez metros originales de la muralla, artículos personales, documentos oficiales y elementos cotidianos que reflejan la vida a ambos lados del muro.
“Es una exposición especial por las piezas originales que reúne, pero también porque permite reflexionar sobre cómo se levantó una división, física e ideológica, de una magnitud tan grande en el corazón de Europa y qué supuso para la ciudadanía vivir en plena Guerra Fría”, dijo Luis Ferreiro, director de Musealia, durante la presentación de la muestra. “Es una historia de ideologías enfrentadas, de intereses geopolíticos, democracia y autoritarismo para entender mejor los retos de nuestro tiempo”.
La muestra incluye el alambre de púas colocado en las fases iniciales de la división
La exposición, que se podrá ver hasta el 15 de marzo, ha pasado por Madrid y París, donde la han visto más de 300.000 personas. Barcelona es la última parada en Europa antes de iniciar su gira por Estados Unidos. “Tiene mucha actualidad”, comentó Axel Klausmeier, director de la Fundación Muro de Berlín. “Su relevancia crece a medida que, en más lugares del mundo, la libertad y la democracia dejan de ser algo que podamos dar por sentado”. Así, el visitante conocerá la historia del muro al tiempo que medita sobre la libertad en el contexto actual.
Con una duración de dos horas, se basa en un recorrido cronológico divido en tres dimensiones: Berlín como epicentro del enfrentamiento entre dos bloques ideológicos; los relatos personales de familias y amigos separados durante décadas; y la visión global de un conflicto que marcó la geopolítica del siglo XX. Destacan elementos como seis fragmentos originales del Muro de Berlín, el alambre de espinos colocado en las fases iniciales de la división, mientras se construía el muro, y una cámara dañada durante una manifestación en Berlín Oriental.
Algunos de los objetos personales que reúne la exposición
Objetos personales como el peluche que el periodista alemán Jörg Hildrebrandt llevó consigo cuando su familia abandonó la casa fronteriza del número 4 de la Bernauer Strasse y que también recoge la exposición permiten entender la fuerte represión que impuso la República Democrática Alemana y cuál fue la respuesta ciudadana, que con mucha valentía contribuyó poco a poco a la caída del muro.
Este diario cubrió el gran hito histórico con un artículo del corresponsal Valentín Popescu que arrancaba así: “Desde ayer la República Democrática Alemana es un país abierto”.

