Mónica, jubilada española en Tailandia, 56 años: “Vivo con 1.000 euros al mes que saco del alquiler de mi piso en España”
Relatos desde Tailandia
Dejó Málaga, alquiló su piso y metió su vida en dos maletas. Vive a pie de playa, sin lujos, con mil euros al mes y una rutina sencilla que le ha devuelto algo que había perdido: la calma.

Mónica ha encontrado en Tailandia su lugar y de momento no se plantea volver

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Mónica camina despacio por la arena cuando el sol todavía no aprieta. Son las siete de la mañana y la playa de Hua Hin está casi vacía. No hay hamacas, ni música, ni selfies. Solo paseantes, alguna pareja de jubilados y el ruido constante del mar. “Aquí vengo todos los días”, explica en el canal del youtuber Adrián Martín. No para bañarse, pues las medusas la mantienen alerta, sino para caminar, respirar y empezar el día sin prisa. “En España vivía siempre con una sensación de agobio. Aquí eso se me ha ido”, asegura.
Tiene 56 años, es malagueña y vive sola en Tailandia desde hace cuatro meses. Llegó sin conocer el país, sin hablar inglés y con una idea muy concreta: parar. “Yo no veía futuro allí. Me quedé sin trabajo, se me acabó la ayuda y no quería depender de mis hijos ni de mi madre”, cuenta. El golpe fue duro: “No caí en depresión, pero estuve muy cerca”, explica. Entonces tomó una decisión que llevaba tiempo rondándole la cabeza: alquilar su piso en España y probar suerte en el sudeste asiático.
Relatos desde Tailandia
A dos minutos de la playa
Mónica vive en un pequeño estudio sin lujos, a dos minutos de la playa. No tiene cocina propia —la alquila por 12 euros al mes—, no usa casi el aire acondicionado y duerme con las ventanas abiertas. “Quería una vida simple, lo más sencilla posible. Meter mi vida en dos maletas fue casi terapéutico”, explica. Con el alquiler de su piso y algo de ahorro, se apaña con unos mil euros al mes. “Se puede vivir, pero sin excesos. Si quieres lujos, spa todos los días o comer siempre comida occidental, no. Yo vivo con 1.000 euros al mes que saco del alquiler de mi piso en España”, asegura.

El dinero, admite, ha sido clave: “En España con 480 euros de ayuda no se vive. Aquí, con cabeza, sí”. Paga unos 210 euros de alojamiento, come a diario fuera o cocina cuando le apetece y se mueve en transporte local por céntimos. “El coste de vida es más bajo, pero sobre todo es la sensación de que el dinero aquí rinde”, explica.
También la sanidad le sorprendió. Cuando sufrió una tendinitis fuerte en el pie, acudió a un hospital público. “En cinco minutos estaba con el traumatólogo. Me hicieron radiografías, me dieron medicación y salí de allí sabiendo exactamente qué tenía”. El seguro cubrió casi todo. “En España habría tardado semanas”, señala.
Aquí o te adaptas o te frustras
Pero no todo es idílico. El calor, la humedad y los mosquitos forman parte del día a día. “Hay bichos que te dejan marcas durante una semana”, dice riendo mientras muestra las piernas. Tampoco idealiza la experiencia social: sus amistades son extranjeras y reconoce que integrarse con locales no es fácil: “Aquí o te adaptas o te frustras”.

Aun así, no se plantea volver pronto: “Volver a España ahora me sería muy difícil, sobre todo económicamente”. Por eso, no lo vive como una huida, sino como una pausa necesaria. “Yo no he venido buscando pareja ni lujo. He venido a encontrar mi propia felicidad”, afirma.
Cuando se le pregunta si se quedaría en España si el coste de vida fuera el mismo, no lo duda: “Probablemente sí. Pero necesitaba romper con todo”, sostiene. Por ahora, Tailandia es su lugar. Un sitio donde, por primera vez en mucho tiempo, no siente que va siempre tarde. Y eso, dice, no tiene precio.