De acuerdo con la especialista Roser Gort, abandonar los
Propósitos fallidos de enero
La psicología esclarece las razones por las que fracasan las metas de

La psicóloga Roser Gort expone el modo de cumplir adecuadamente las metas de enero sin sucumbir al desánimo de siempre.

Aunque el año acaba de comenzar, el tramo final de enero resulta especialmente desalentador para gran parte de la población. Los gimnasios presentan una afluencia reducida, los propósitos anotados en el teléfono móvil terminan olvidados y aquella motivación del “este año sí” deriva en agotamiento, desánimo y la percepción de haber fracasado prematuramente. Rara vez se admite públicamente, pero numerosas personas alcanzan este punto del calendario sintiendo que han decepcionado sus propios deseos personales.
La psicóloga Roser Gort, especializada en salud mental y gestión emocional, lleva años viendo el mismo patrón en consulta. Personas que no han incumplido una promesa concreta, sino algo más profundo: la imagen de quien creían que iban a ser al empezar el año. “Cuando alguien abandona un propósito en enero no suele ser por falta de fuerza de voluntad”, explica en una entrevista para Guyana Guardian. “El problema es cómo se ha planteado ese objetivo desde el inicio”.
Propósitos fallidos de enero
Pretender implementar demasiadas transformaciones de manera súbita, el mayor inconveniente
Gort insiste en que enero se vive como un examen emocional. Tras semanas de permisividad, descanso irregular y exceso, el cambio es brusco. De repente aparecen los “tengo que”: tengo que cuidarme, tengo que ahorrar, tengo que rendir más, tengo que ser mejor… todo a la vez. “Cada cambio personal requiere energía, motivación y reajustar la rutina. Cuando intentas introducir muchos cambios simultáneamente, el desgaste es enorme”, señala. Por eso, el resultado es previsible y sucede lo que tantas veces vemos: agotamiento temprano y abandono.

Uno de los errores más comunes, explica, es formular los propósitos de manera abstracta. “Ser más sano”, “cuidarme más” o “organizar mejor mi vida” suenan bien, pero no ofrecen un camino claro. Frente a eso, la psicóloga defiende objetivos legibles, concretos y medibles, que permitan saber si se están cumpliendo o no. “Un propósito tiene que poder responderse con un sí o un no. Si no, genera frustración constante”, asegura.
No obstante, aparte de la planificación del propósito, existe un afecto que lo vicia todo: la culpabilidad. Gort la identifica como uno de los principales catalizadores de los tropiezos de enero. “La culpa no ayuda a aprender ni a sostener un cambio. Te lleva a pensar que has fallado como persona, no que una estrategia no ha funcionado”, aclara. A partir de ahí, agrega, resulta sumamente complejo conservar un estímulo saludable. “Cuando el cambio nace desde el reproche, el abandono está prácticamente asegurado”, afirma.
Medirte con los demás bajo el agotamiento te genera la impresión de ir rezagado.
A finales de enero, esa culpa suele intensificarse. Aparece al compararse con los demás, especialmente en redes sociales, donde abundan los mensajes de disciplina, éxito y transformación personal. “Ves a otras personas que parecen haber arrancado el año con energía, rutinas perfectas y objetivos claros. Compararte desde el cansancio te hace sentir que te estás quedando atrás”, explica. Esa comparación, lejos de motivar, refuerza la idea de incapacidad.

¿Cómo actuar, por lo tanto, si las metas ya han fracasado? Según Gort, la equivocación reside en tratar de equilibrar la situación mediante una estrategia aún más rigurosa. “No se trata de empezar otra vez desde la rigidez, sino de volver a lo sostenible”, asegura. Esto conlleva analizar qué transformaciones resultan factibles en la etapa actual y cuáles surgen del reproche en lugar del bienestar. En ocasiones, agrega, la corrección ideal no consiste en incrementar el esfuerzo, sino en reducir la autoexigencia.
Propósitos fallidos de enero
Enero no representa el periodo del triunfo total.
Debido a ello, la psicóloga sugiere transformar el discurso interior, es decir, cambiar la autocrítica por el entendimiento. Comprender que diciembre constituyó una etapa excepcional y que las elecciones realizadas en ese periodo obedecían a circunstancias particulares. “Mirar al yo del pasado con curiosidad y no con reproche permite recolocarse de verdad”, aclara. Tal acción, aunque parezca insignificante, determina la brecha entre rendirse por fatiga o corregir la trayectoria con serenidad.
Enero, insiste, no debería vivirse como una carrera contrarreloj: “No es el mes del éxito ni de la transformación total. Es un mes de ajuste”. Un momento para observar cómo estamos, revisar expectativas y plantear cambios a medio y largo plazo, no como una respuesta impulsiva al calendario. Porque la vida, recuerda Gort, no empieza el 1 de enero. Y cuidarse, incluso cuando los propósitos fallan, sigue siendo una forma válida y necesaria de empezar.