Relatos

Adam Martínez, padre a los 26 años: “Tenemos la suerte de contar con amigos que se adaptan y que están encantados de venir y pasar tiempo con ella”

Familias jóvenes

Adam y Lidia han formado una familia mucho antes de lo que es habitual en España, y su vida no ha cambiado tanto: la pareja ha renunciado a menos cosas de las que pensaban

Adam junto a su hija, la pequeña Sienna

Adam junto a su hija, la pequeña Sienna

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Durante mucho tiempo, Adam Martínez pensó que ser padre joven implicaría una ruptura radical con la vida que llevaba hasta entonces. Menos planes, menos viajes, menos amigos. Una especie de antes y después, como si la paternidad obligara a borrar una etapa entera. Hoy, con 26 años y una hija de siete meses, su sensación es otra muy distinta: no ha dejado nada atrás, pero sí ha tenido que aprender a hacerlo todo de otra manera.

“No hemos dejado de viajar ni de ver a nuestros amigos”, explica en Guyana Guardian. “Simplemente, lo hacemos distinto”. La frase resume bien una experiencia que choca con uno de los grandes miedos de quienes se plantean tener hijos jóvenes: la idea de que la vida social se apaga de golpe. En su caso, no ha sido así. Adam y su esposa, Lidia, siguen quedando con gente, siguen moviéndose y, siguen haciendo planes. Pero ahora esos planes se ajustan a los horarios, al cansancio y a las necesidades de su hija.

Padre a los 26

Una adaptación práctica 

La adaptación no ha sido dramática, sino práctica. Si la bebé está cansada, no se sale. Si tiene que dormir y están con amigos, las conversaciones pasan a tener un tono casi de susurro: “Tenemos la suerte de contar con amigos que se adaptan y que están encantados de venir y pasar tiempo con ella”, cuenta. Ya no hay cenas que se alarguen hasta la madrugada ni improvisaciones de última hora, pero sí encuentros más tranquilos, más pensados. 

Ya han hecho varios viajes e incluso han visitado Siena, la ciudad que da nombre a la bebé
Ya han hecho varios viajes e incluso han visitado Siena, la ciudad que da nombre a la bebéCedida

También han seguido viajando. De hecho, ya han hecho dos viajes con su hija y la experiencia, lejos de ser caótica, ha sido positiva. “Han sido espectaculares”, dice. Viajar con un bebé implica más logística, más previsión y menos margen para la improvisación, pero no lo vive como una renuncia, sino como un aprendizaje.

Donde sí nota un cambio más claro es en la forma de relacionarse con el tiempo. Antes, los planes giraban en torno a sus propias ganas. Ahora, el centro es otro. “Cuando tienes una hija, priorizas cómo se siente ella”, explica. Si está mala o cansada, no hay discusión. Esa prioridad, lejos de generarle frustración, le aporta una sensación de orden. Saber qué toca en cada momento reduce la ansiedad y pone límites que antes no existían.

Seguimos viendo a nuestros amigos, seguimos haciendo planes, pero ya no quedamos hasta las doce

Adam Martínez

Adam reconoce que antes de ser padre pensaba que tendría que renunciar a mucho más, y que su vida social se resentiría de forma drástica. Con el paso de los meses, esa idea se ha ido diluyendo. “Seguimos viendo a nuestros amigos, seguimos haciendo planes, pero ya no quedamos hasta las doce”, resume. La diferencia no está en el vínculo, sino en el formato.

Han adaptado todos sus planes a la pequeña y están muy felices por ello
Han adaptado todos sus planes a la pequeña y están muy felices por elloCedida

Esa adaptación constante también ha cambiado su manera de mirar el ocio y el consumo. Hay menos cenas fuera, menos planes improvisados, menos gastos superfluos. Pero no lo vive como una pérdida, sino como una consecuencia lógica de haber cambiado el eje de prioridades. La paternidad, en su caso, no ha sido un freno, sino un filtro.

Mirando atrás, Adam no siente que haya llegado demasiado pronto a nada, aunque tampoco cree que su experiencia deba servir como modelo universal. Simplemente, constata que muchos de los miedos asociados a ser padre joven no se han cumplido. La vida social no desaparece, los amigos no se esfuman y los viajes no se cancelan para siempre. Cambian de forma, de ritmo y de sentido. Y en ese cambio, lejos de perderse, Adam siente que ha ganado una manera más consciente de estar en el mundo.

Joel Sáez Vargas

Joel Sáez Vargas

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Graduado en la Universitat Internacional de Catalunya y con un máster de periodismo deportivo cursado en UPF Barcelona School of Management he trabajado durante estos años en proyectos de redacción, cobertura de eventos y creación de contenido para redes sociales. Actualmente en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian.