Los parientes procedentes de los Países Bajos que han puesto en marcha un hospedaje campestre en Capellades: “No queremos ser los extranjeros que viven en una burbuja en lo alto de la montaña, queremos integrarnos y ser unos vecinos más”
Cambio de vida
Caroline y Loek siempre habían tenido el anhelo de crear un negocio de hostelería juntos y optaron por emprender este camino tras descubrir una finca rural que les cautivó en Anoia.

La familia se ha instalado en Capellades hace un año y medio aproximadamente

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Gran cantidad de personas han fantaseado con la posibilidad de abandonarlo todo y comenzar de cero en una nación distinta. No obstante, son escasos quienes realmente se atreven a hacerlo. Dentro de ese conjunto de valientes figuran Caroline y Loek, un matrimonio de los Países Bajos que hace dieciocho meses se estableció en Capellades (Anoia) junto a sus tres descendientes. En ese lugar han inaugurado su emprendimiento particular: un alojamiento rural. “Mudarse a otro país siempre es un reto, pero en Capellades se nos ha recibido con los brazos abiertos”, manifiesta con alegría Caroline.
El matrimonio se ha asentado en una vivienda denominada La Pedrera, sitio en el cual actualmente gestionan su emprendimiento hotelero. Los dos contaban con preparación previa en este ámbito; no obstante, durante su estancia en los Países Bajos sus trayectorias profesionales los distanciaron del trato directo con los clientes. “Cuando la gente vuelve después de alojarse una primera vez es el mejor de los reconocimientos en el trabajo realizado”, señala la propietaria.
Aunque llevan poco tiempo residiendo en Catalunya, tienen la certeza de que su porvenir se encuentra en este país. “No queremos ser los extranjeros que viven en lo alto de la montaña en su burbuja y sólo tienen huéspedes neerlandeses. Nos queremos integrar y ser unos vecinos”, finaliza Caroline.
Flechazo instantáneo al hacer realidad un gran anhelo
“El equilibrio entre la vida familiar y la laboral que teníamos en Países Bajos estaba completamente descompensado”, rememora Caroline. Durante su permiso de maternidad después de tener a su tercera niña, la carga de la cotidianidad que aguardaba su regreso crecía. En aquel lapso, el matrimonio se trasladó a Catalunya y permitieron que su creatividad fluyera. “Entramos en Idealista a curiosear y nos topamos con esta casa. Nos enamoramos al instante”, concluye.
Solíamos repetirnos con frecuencia: 'Al ser adultos iniciaremos algún proyecto'
Ambos siempre habían deseado fundar una empresa por su cuenta, aunque jamás lo concretaron. “Siempre nos decíamos: 'Cuando seamos mayores montaremos algo'. Como un bed and breakfast, por ejemplo. Cuando encontramos esta casa nos planteamos si ya éramos lo suficientemente grandes para dar el paso”, comenta. La contestación fue afirmativa. Tras medio año realizaron el traslado.
La vivienda les resultaba beneficiosa, pues los dueños anteriores la habían repartido en tres pisos y un espacio donde habitaban. “Ellos habían tenido gente alojada, pero no parece que fuera su principal actividad, sino más como un dinero que hacían de más”, explica Caroline. A pesar de que debieron realizar obras para adecuar el inmueble a sus preferencias, estiman de forma muy grata haber dado con una construcción ya existente. “No es empezar completamente de cero”, festeja.

Un año y medio en rodaje
Ha transcurrido ya un ciclo anual en este reciente periodo de su existencia, un lapso adecuado para hacer una pausa, reflexionar sobre el pasado y analizar la transformación vital. Gran parte de las ilusiones depositadas en dicha transición se han materializado, mientras que otras no. Como muestra, el tipo de clientela que manejan. “Pensaba que tendríamos más huéspedes neerlandeses, pero me alegro mucho de que no sea así, porque no queríamos limitarnos a ser una plataforma para neerlandeses”, afirma.
Caroline se alegra de que el alojamiento rural se haya transformado en un punto de interés para visitantes de la zona, especialmente para grupos familiares. “Me encanta que la gente venga a desconectar y estar con su familia en un entorno natural y bonito como este. Sobre todo vienen familias, pero también grupos de amigos”, comenta.
Dentro de los contratiempos destaca el obstáculo del idioma, el cual resultó más complejo de lo previsto. “Empecé a estudiar castellano antes de venir, pero no fue suficiente. Fue un error confiar tanto en el inglés. Quizás en las ciudades grandes tiene más sentido”, aclara asumiendo su responsabilidad. “Estoy aprendiendo más castellano y catalán, es importante cuando te vas a vivir a otro país”, enfatiza. Y admite: “Mis hijos lo llevan mejor que yo, tanto el castellano como el catalán. Todo gracias a la escuela, estoy muy contenta”.
La vida en Capellades
Precisamente, el centro educativo y el entorno social han funcionado como un enlace que los ha conectado con otros habitantes. “En la escuela somos pocos los que somos de fuera y todo el mundo nos ha ayudado mucho”, expone. Caroline relata cómo, mediante otra madre del colegio, ha descubierto la Cámara de Comercio de Barcelona y distintas iniciativas para la comarca. “Quiero estar presente en esta comunidad y trabajar aún más con los negocios locales”, termina.
Disfrutamos mucho nuestra forma de vivir, mas apreciamos especialmente el porvenir que les brindamos a nuestros pequeños.
Han hallado en Catalunya la existencia que tanto anhelaban. “Aquí la sociedad está más centrada en la familia. Nos encanta la vida que vivimos, pero sobre todo la vida que estamos dando a nuestros hijos”, subraya. Caroline indica que, aunque los Países Bajos y España no se encuentran a gran distancia, los contrastes en la forma de vivir resultan notables y finaliza con humor: “Parece que los neerlandeses nos hemos llevado nuestro clima con nosotros. ¡No para de llover!”.
Este artículo fue publicado originalmente en RAC1

