Marta Marín, de 24 años, maniquí de raíces catalanas en Shanghái: ''Existen dispositivos de grabación por doquier y el suburbano consigue detectar tus pertenencias; no obstante, antepongo el control a la falta de seguridad''
Españoles por el mundo
Originario de Sitges, inició su carrera profesional en la industria de la moda a los 16 años y hoy en día desarrolla proyectos en Londres, Milán o incluso en China.

Marta Marín, modelo catalana en China

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Españoles en el extranjero
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Lejos del prestigio y las opulencias de la parte superficial del modelaje, se encuentra una labor llena de expertos que subsisten con altibajos: audiciones, un viaje mañana y una filmación pasado mañana que se prolonga hasta el límite de la resistencia. Es una ocupación discontinua y global, marcada por equipajes, viviendas comunes y ocasiones que surgen con la misma celeridad con la que se esfuman.
Una labor, frecuentemente, envuelta en un sentimiento peculiar: sentirse vulnerable en un sitio donde eres un extraño, dentro de una urbe que jamás descansa. Dentro de China, y particularmente en Shanghái, dicha contradicción se intensifica. Albergando cerca de 30 millones de personas, esta metrópoli funciona como vitrina de una nación que ha evolucionado de forma acelerada: grandes torres, infraestructuras de movilidad avanzadas, digitalización extrema y una dinámica de trabajo que en Europa suele considerarse inalcanzable.

En este escenario se incorporó Marta Marín, modelo catalana que residió un periodo en la principal metrópoli económica de China. «El impacto resultó tremendo, es una urbe colosal, aunque llena de disparidades», manifiesta, señalando que en una misma vía pueden integrarse rascacielos con santuarios y corporaciones de gran peso financiero con puestos de gastronomía regional.
Desde Sitges hacia las aeronaves internacionales
El relato de Marta se inicia de una manera bastante tradicional en esta industria: mediante un cazatalentos, aquel individuo encargado de localizar talentos emergentes para las firmas, frecuentemente en plena vía pública. «Me encontraba caminando por el paseo marítimo junto a una compañera cuando me detuvo para hacerme la oferta», relata. Contaba con 16 años, cursaba sus estudios secundarios y, tal como sucede habitualmente en este ámbito, no fue algo que persiguiera: «Sucedió de forma natural, no fue como presentarse a una audición».

Manifesté que abandonaba mi puesto, ya que una oportunidad para laborar en China no surge frecuentemente.
Su carrera en las pasarelas no consume su tiempo por completo, pero sí se integra en su rutina. Al terminar el bachillerato, se formó en Marketing y Comunicación de Moda y simultaneó sus encargos como modelo con una plaza permanente en comunicación, hasta que apareció la oferta: «Comuniqué que abandonaba el empleo, ya que una invitación para laborar en China no ocurre frecuentemente».
No obstante, la imagen que proyecta de los chinos se distancia del cliché habitual: «Te asisten en todo; aun sin saber inglés, ponen todo su empeño en auxiliarte, utilizan el teléfono para traducir o incluso te escoltan hasta el sitio que intentas localizar». Y lo manifiesta con una premisa clara: solemos evaluar tradiciones sin conocerlas realmente. «Cuestiones que pueden parecerte peculiares, como el hecho de que escupan en la vía pública; no me parece algo grato, pero en su entorno no se considera descortesía, es parte de su idiosincrasia, una manera de eliminar lo que el organismo no requiere», aclara.

Al transitar por las vías, la vivencia adquiere un matiz peculiar: la atención de personas habituadas a residir entre multitudes con rasgos muy parecidos. ''Percibía una vigilancia constante; nuestras facciones asombran y, por lo general, poseemos una estatura superior. Solicitan retratos con frecuencia e incluso los capturan desde la lejanía'', comenta.
No obstante, Marta afirma haber experimentado una total protección y calma en todo momento de la jornada. ''Existen cámaras por doquier y el suburbano logra identificar tus pertenencias, pero opto por la vigilancia antes que por la desprotección'', comenta, precisando que, aparte de registrar el tique, la entrada al transporte analiza las maletas de los viajeros.

Hay cámaras por todas partes y el metro logra identificar tus pertenencias, pero antepongo la sensación de vigilancia a la falta de seguridad.
Entorno profesional: productividad y rigor
Dentro del entorno profesional, Marta ratifica lo que diversas declaraciones sostienen: una productividad máxima y turnos extensos. ''He alcanzado las 12 horas de labor… era posible laborar hasta 14 horas… y tal vez únicamente descansabas 15 minutos para alimentarte''. A este hecho se añade una distinción fundamental: la remuneración basada en el tiempo medido. ''Arribas y previo a que inicien con el maquillaje activas el reloj… percibes un sueldo por el tiempo laborado y, si logran anticipar tareas de la grabación de la jornada posterior, lo realizarán'', afirma.

Activan un temporizador al comenzar tu jornada y, si logran avanzar tareas de la filmación del día posterior, lo llevarán a cabo.
Digitalización masiva
Además, se encuentra el enorme avance técnico de la rutina diaria. ''Al arribar te configuran una decena de programas esenciales para el transcurso diario, resulta imposible subsistir sin celular'', comenta. Lo que más le impactó fue la destreza que posee la población anciana con las herramientas digitales. ''Gestionan todo mediante el teléfono; empleando la plataforma Alipay resuelven cualquier necesidad, aseguraría que no manejé ni un solo yuan físico'', sostiene. Shanghái se diseñó para evitar que alguien quede excluido del engranaje: incluso existen dispositivos con cargadores externos públicos en la vía, los cuales funcionan a través de un código QR.
Marta se aventuró hacia el coloso oriental sin ideas preconcebidas ni metas definidas, aunque guarda una memoria nítida: vastedad, disparidades y un perenne impacto cultural. Se trata de una metrópolis global en movimiento perpetuo, que ''opera de forma excelente'' y que le otorgó grandes satisfacciones tanto en su faceta íntima como en la laboral.
