“No queremos quedarnos sentados en una butaca esperando a que nos lo hagan todo”: Can 70, la primera vivienda cooperativa sénior en Barcelona
Envejecer en comunidad
Can 70 nació del inconformismo ante los modelos tradicionales de vejez. Hoy, esa rebeldía comunitaria ya tiene forma y dirección

Miembros de Can70, un grupo de personas entre 55 y 69 años que trabaja para impulsar un modelo de envejecimiento activo y autogestionado.

Para Elionor Sellés, miembro de Can 70, la inquietud por buscar otra manera de envejecer llegó mucho antes de cumplir los 60. Ahora, a punto de cumplir los 70, mira atrás y entiende que aquella intuición temprana marcó un antes y un después. Conoció el modelo de vivienda cooperativa sénior casi por casualidad, tras pasar una semana en un proyecto de este tipo en Hamburgo, Alemania. Aunque entonces todavía se sentía lejos de la vejez, entendió que aquella fórmula podía ser una alternativa real para cuando llegara ese momento de su vida.
Fue entonces cuando descubrió Sostre Cívic, una cooperativa que impulsa proyectos en cesión de uso, muchos de ellos intergeneracionales; pero también abría la puerta a iniciativas pensadas específicamente para personas mayores que querían afrontar el envejecimiento de otra manera. Así nació Can 70, un grupo de personas entre 55 y 69 años que desde 2015 trabaja para impulsar un modelo de envejecimiento activo y autogestionado. En mayo de 2021, el Ayuntamiento de Barcelona cedió a Sostre Cívic un solar en Sarrià para hacer realidad el proyecto. Si todo sigue lo previsto, a finales de 2027 verá la luz la primera vivienda cooperativa sénior de Barcelona.

“El modelo de envejecimiento que la sociedad me ofrecía no me convencía. Las residencias tradicionales me parecían demasiado uniformes, poco estimulantes, excesivamente estandarizadas, como si todas las personas tuvieran que envejecer de la misma forma”, explica Elionor Sellés a Guyana Guardian. Tampoco le seducía del todo la alternativa de “envejecer en casa” con apoyos puntuales. Con el paso de los años —reflexionaba— la energía disminuye y cada vez cuesta más salir, moverse por la ciudad o mantener la vida social con la misma intensidad.
El modelo de envejecimiento que la sociedad me ofrecía no me convencía
Para Elionor y quienes la acompañan en este proyecto, la vejez es una etapa más de la vida, no un paréntesis pasivo. “No queremos quedarnos sentadas en una butaca esperando a que nos lo hagan todo”, confiesa Sellés. Al mismo tiempo, son plenamente conscientes de que envejecer implica una fragilidad progresiva. Pero precisamente por eso quieren afrontarlo desde sus propios valores, anticipándose y diseñando una forma de vida que responda a lo que realmente desean.

“Saber que formas parte de una comunidad cambia mucho la manera en que afrontas esta etapa. No se trata solo de tener vecinos, sino de compartir un proyecto de vida, de apoyarse mutuamente y de sentirse acompañado sin perder la autonomía”, declaran desde Can 70. Vivir en comunidad reduce de raíz la soledad no deseada, ese aislamiento que se ha convertido en una de las grandes problemáticas urbanas y que afecta especialmente a las personas mayores.
No se trata solo de tener vecinos, sino de compartir un proyecto de vida
Además, el proyecto contempla los cuidados desde una lógica diferente. Más allá del apoyo mutuo y del “buen vecindaje” que puedan ofrecerse entre ellos, saben que en determinados momentos será necesario contar con ayuda profesional. La clave, subraya Elionor, es que serán ellos quienes decidirán cómo quieren ser cuidados. No se trata de adaptarse a una estructura cerrada, sino de diseñar un modelo que ponga en el centro sus propias decisiones y su manera de entender la vejez.

El edificio de Can 70 refleja exactamente la filosofía del proyecto. Habrá dos tipos de vivienda: algunos pisos convencionales, de entre 43 y 95 m², con cocina abierta, salón, dormitorio y baño, aunque serán minoría. Al tratarse de suelo público, el Ayuntamiento exige una alta ocupación, lo que ha llevado a diseñar una segunda tipología: las viviendas “agregadas” o clúster. En este formato, cuatro personas tienen cada una su espacio privado independiente, de unos 30 m² con baño y pequeña cocina, y comparten entre ellas una zona común amplia con cocina y sala de estar.
El proyecto consta de dos edificios en Sarrià con servicios compartidos, como lavandería común y un espacio previsto para cuidados futuros. Las zonas de paso serán amplias y pensadas para fomentar la relación. Ambos edificios estarán unidos por un semisótano de 800 m². En el centro convivirán el comedor para las 39 personas del proyecto y la sala polivalente de 260 m² para diferentes actividades. Además, al tratarse de suelo público, parte de estos espacios se abrirán al barrio en coordinación con el distrito.

Todavía quedan algunas plazas disponibles. Para optar a ellas, hay que inscribirse a través de la web de Sostre Cívic, donde se detallan los requisitos y criterios de acceso. Elionor subraya que no se trata de “apuntarse a vivir”, sino de implicarse en la construcción de una comunidad. El proyecto exige participación real: asistir a asambleas, colaborar en la organización y asumir la lógica de la autogestión y el apoyo mutuo.
Al tratarse de una vivienda cooperativa en cesión de uso, no se compra la vivienda; la propiedad es colectiva. Se realiza una aportación inicial al fondo social —entre 32.000 y 38.000 euros, según la tipología— que se recupera si se abandona el proyecto. Una vez que se entre a vivir, se paga una cuota mensual de uso, de entre 700 y 850 euros, destinada a cubrir préstamos y gastos comunes.

Can 70 es, sin duda, un modelo residencial que plantea un cambio de perspectiva. “A veces la gente se acerca porque ‘suena bien’ y, cuando lo conoce en detalle, entiende que implica un proceso de conciencia y un cambio de mentalidad. No es un formato tradicional y, en España, dar ese paso cuesta más porque la cultura de la propiedad privada está muy arraigada”, explica Sellés.
En otros países europeos —Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Suiza— hay más tradición cooperativa y, por ejemplo, en Alemania mucha gente vive de alquiler y no necesariamente en propiedad. En España, en cambio, durante mucho tiempo se ha vivido con la idea de que “llegar al éxito” es poder comprar, y eso pesa mucho a la hora de imaginar alternativas.
En España, la cultura de la propiedad privada está muy arraigada
Can 70 cuenta los días para dar un paso que será histórico: convertirse en la primera vivienda cooperativa sénior de Barcelona y la primera construida sobre suelo público en Cataluña y en el Estado. “Aquí entendemos que la vejez es una etapa más de la vida; seguimos teniendo proyectos, ganas de hacer cosas y perspectivas de futuro”, concluye Elionor Sellés.
