Laura Álamo, profesora: “Tengo alumnos de tercero de la ESO que no saben leer. Enseño cosas que yo hacía en quinto de primaria”
Calidad educativa
La profesora detalla los motivos, más allá del salario, que han llevado a miles de docentes catalanes a decir “basta”

Laura Álamo, profesora de educación secundaria en Cataluña, desglosa los motivos del paro laboral.

“Que te paguen mal, que el alumnado te falte al respeto y que hagas horas de más todas las semanas y que no estén remuneradas... Que me apasione mi profesión no justifica tener que aguantarlo todo”. Laura Álamo, profesora de educación secundaria en un instituto público, resume así el malestar que llevó a decenas de miles de docentes catalanes a secundar el paro el pasado 11 de febrero.
En una conversación con Guyana Guardian, denuncia la precariedad en la que se encuentra junto a muchos compañeros. Pone el foco en la diferencia salarial respecto a otras comunidades autónomas, pero también en el auge de las problemáticas en las aulas y la escasez de recursos que termina desbordando a los docentes.
Escrito en los carteles
“Vocación no es explotación”
Muchos de los carteles que se vieron en la manifestación reflejaban la frase: “Vocación no es explotación”
Yo soy profesora por vocación, yo y todos. Pero una cosa es la vocación y otra cosa es aguantar todo solamente porque sea algo que te gusta. Somos la comunidad autónoma que menos cobra por hacer el mismo trabajo que los demás.
En mi caso, yo creo que no tengo un mal sueldo, pero es verdad que yo hago muchas horas. Lo que queremos es tenerlas estipuladas dentro del contrato. La cantidad de horas que dedico a trabajar en casa es bestial. Suelo estar todas las tardes unas cuatro, cinco o seis horas trabajando. Y son horas que no están para nada remuneradas y están fuera de lo establecido en el contrato. Sí se indica que deben dedicarse unas siete horas y media a la semana a horas extras (tres y media en las jornadas reducidas), pero eso es mentira. Terminan siendo unas cuatro horas al día.

¿A qué le dedican estas horas extras?
Hay mucho trabajo que no se ve y que no se paga. Por ejemplo, los tutores tienen una hora a la semana destinada a las reuniones con familiares, pero tengo compañeros que van a tres reuniones por semana porque no es una familia, son treinta. Por supuesto, cuando hay que corregir y preparar exámenes, también se destina mucho tiempo. En cuatro horas no puedes corregir decenas de exámenes que duran dos horas. Ahora hay muchos alumnos con problemas en casa, problemas emocionales... Y muchas veces somos nosotros los que tenemos que quedarnos una hora u hora y media más en el centro por esta razón. No puedo dar más de mí porque todos tenemos un límite y, sinceramente, lo rebasamos muchas veces sin querer.
Enseño cosas a clases de tercero de secundaria que yo hacía en quinto de primaria
¿Ha habido un cambio en el nivel del alumnado?
Yo he hablado con gente que estaba trabajando en la ESO hace diez u once años y me dicen que vamos para peor. En cuanto a actitud, hubo una época muy complicada en los 2000 por el tema de las bandas, pero ahora ha habido una bajada de nivel impresionante. Por poner un ejemplo: enseño cosas a clases de tercero de secundaria que yo hacía en quinto de primaria. Hay alumnos que llegan a tercero de la ESO y no saben leer. Llegan a primero de la ESO y no saben sumar ni dividir.
¿Cuál cree que es la causa?
Yo creo que la causa ha sido, principalmente, minimizar todo lo que respecta a alumnos con necesidades especiales por inclusión, y esa inclusión no es eficaz porque no hay recursos suficientes.
Hay 25 alumnos en clase, pero yo le dedico 15 minutos de todas las clases de la semana a un solo alumno para explicarle bien algo, porque si no, esta persona no avanza; me necesita. Entonces, o dejo de lado a esta persona y que no avance, o dejo de lado a todos los demás. Es verdad que hay una veladora, pero termina siendo una veladora para diez, porque hay varios alumnos con TDAH, autismo, escapistas... Todo esto provoca que los temarios se enseñen de forma más paulatina, más lenta, y eso también ha hecho que el nivel baje más.
Indirectamente, ¿se les está pidiendo que sean especialistas de otras profesiones?
Tenemos que ser profesores, pero también tenemos que ser psicólogos y psiquiatras. También está el tema de la burocracia... Tenemos que serlo todo a la vez y eso no puede ser.
Nos encontramos con una generación de padres que no son conscientes de lo que realmente hay detrás de un móvil
¿Qué papel juegan las familias?
Nos encontramos con una generación de padres que no han nacido con pantallas y que no son conscientes de lo que realmente hay detrás de un móvil. También ha habido ahora una sobreprotección muy bestia hacia los hijos. Yo he tenido compañeras que han sido agredidas por alumnos, otros que graban peleas, y las familias le restan importancia diciendo que “son cosas de niños”. La violencia está en auge. Y no, mi centro no es de máxima complejidad.
¿Y cómo influyen las pantallas?
En clase hay 25 alumnos y yo no puedo controlar 25 pantallas. Juegan a videojuegos, ven vídeos, chatean por WhatsApp... Eso sí, hay un control en el WiFi que no permite acceder a determinadas redes sociales, pero igualmente, es imposible controlarlo todo. Es complicado también porque hay algunos alumnos que vienen con una gran adicción a las pantallas. He tenido alumnos que han tenido que tomar medición. En casa no hay regulación y yo puedo controlar el uso seis horas, pero son seis horas de veinticuatro.

¿La ley que quiere prohibir redes sociales hasta los 16 años puede ayudar?
Para mí, sí. Pero en las casas no se puede hacer una regulación porque las familias no son conscientes de lo que se hace en las redes sociales. “Tu hijo no tiene solo una cuenta. Tiene tres cuentas privadas. Tu hijo sube ahí vídeos hablando, pegando a la gente, fumando, tomando”.
Es verdad que hay alumnos que hacen un buen uso, pero como en la mayoría de casas no saben regular el acceso, una ley como esta puede ayudar a que dejen de utilizar las redes sociales de una forma tóxica para ellos y para los demás. Necesitan un filtro y límites.
¿Volvería a elegir esta profesión?
Yo creo que sí, porque es una profesión que, por mucho dolor que haya y mucha ansiedad que puede llegar a haber, yo la disfruto muchísimo.
Si pudiera resumir en una frase qué necesitan los profesores en Cataluña, ¿qué diría?
Reconocimiento. Es decir, que la profesión sea reconocida y que, por consecuencia, ese reconocimiento nos dé las herramientas profesionales que necesitamos. Queremos la dignificación de la profesión. Tanto el tema del salario como el tema de las ratios, que haya una inclusión de verdad que les ayude a ellos y a nosotros. Y luego, por supuesto, que la burocracia que se haga tenga un sentido y no un porqué sí.

