Relatos

Germán Lozano, electricista,

Vivir en el extranjero

Lozano habla claro en Guyana Guardian

En Países Bajos, Germán ha creado un club de calistenia para reunirse con otras personas que comparten su misma afición. 

En Países Bajos, Germán ha creado un club de calistenia para reunirse con otras personas que comparten su misma afición. 

Cedida

Hay decisiones en la vida que se toman por intuición. Germán Lozano, originario de Jerez de la Frontera, tenía 21 años cuando decidió en 2021 que quedarse en España frenaría demasiado su vida. Con apenas 1.500 euros ahorrados y un nivel B2 que acababa de certificar, hizo las maletas y se marchó en Países Bajos para mejorar su experiencia laboral y progresar con el tiempo.

Hoy en día, lleva 4 años viviendo en Breda, en el sur de Países Bajos, trabajando como electricista. Sin embargo, aunque siente que ha sido la mejor decisión que ha tomado, la soledad, las múltiples mudanzas y la pérdida de su padre han sido algunos de los obstáculos que ha tenido que enfrentar solo. Lejos de rendirse, estas experiencias le han servido para vivir el presente y seguir luchando por sus sueños. “La falta de apoyo se nota mucho y, si no se gestiona bien, puede afectar la salud mental”, explica en una entrevista para Guyana Guardian.

Germán lleva vivienda en los Países Bajos desde diciembre de 2021. 
Germán lleva vivienda en los Países Bajos desde diciembre de 2021. Cedida

¿Qué le motivó a mudarse al extranjero y cómo tomó la decisión de dejar España?

Cuando terminé el grado superior de telecomunicaciones, empecé unas prácticas. Recuerdo que trabajaba muchas horas por un sueldo muy bajo. Allí me empecé a cuestionar mi futuro en España, o al menos en mi zona. Siempre se ha dicho que en el extranjero el futuro laboral es más abundante, y tenía amigos en el extranjero que me lo confirmaban, asegurando que había estabilidad económica. 

La decisión, en realidad, fue un impulso, casi como una llamada del destino. En ese momento tenía 1.500 euros en ahorros, me acababa de certificar con el nivel B2 y me mudé a Países Bajos. Con un amigo alquilamos un estudio y empecé a buscar trabajo. La verdad, necesitaba un cambio de aires, así que no lo dudé ni por un segundo. 

Vivir fuera puede ser emocionante, pero también complicado. ¿Cuál ha sido su mayor desafío hasta ahora?

Los problemas nunca se detienen, pero con el tiempo aprendes a ser más resiliente y la incertidumbre se vuelve algo normal. Aun así, sin duda, la falta de una red de apoyo es algo que se nota mucho. Si no se gestiona bien, sentirse solo ante los problemas puede afectarte mentalmente. Es difícil gestionar la soledad cuando no tienes a nadie de confianza para que te ayude. Eso te cambia totalmente la perspectiva.

¿Hay algo que soñaba encontrar profesionalmente en España y que no pudo?

No tuve mucho tiempo para explorar el mercado laboral en España, pero sí me hubiese gustado que en la provincia de Cádiz hubiera más oportunidades en tecnología, ya que es una de las zonas con más desempleo juvenil. No quería sentirme estancado durante años.

Recuerdo que en mis primeros meses en Países Bajos los pasé trabajando para una empresa temporal en un almacén en Breda. Gracias a este oficio pude conocer a muchos españoles y extranjeros. Sin embargo, a los pocos meses me di cuenta de que no era mi sitio y empecé a trabajar como electricista, donde trabajo actualmente desde hace tres años y medio. 

Dejar Jerez me permitió acceder a oportunidades y

Germán Lozano

Jerez de la Frontera

¿El salario de Países Bajos le da estabilidad económica?

Sí, totalmente. En España, los salarios son majos y aquí el salario mínimo ronda los 2.000 euros netos, aunque lo habitual es ganar unos 3.000 netos. Eso te permite vivir bien, además de ahorrar, invertir, formarte o incluso disfrutar del ocio. En mi caso, me ha dado la posibilidad de formarme en calistenia; me dedico a ello en mi tiempo libre. 

A veces los logros vienen acompañados de desafíos. ¿Cuál ha sido un momento difícil que le enseñó más sobre sí mismo?

Siempre he sido una persona que ha buscado la aprobación de los demás, ya sea a través de una amistad, familiar o autoridad para emprender una acción. Viviendo aquí, me he dado cuenta de que haga lo que haga, no será perfecto ni agradará a todo el mundo. Siento que la soledad me ha ayudado a sentirme pleno con mis decisiones. 

¿Ha tenido la necesidad de juntarse con españoles?

Al principio sí, porque da una sensación de ‘casa’. Con el tiempo, muchos vuelven a su país de origen, así que hay que esforzarse por hacer nuevas conexiones. Para algunos puede ser aburrido o incluso molesto, pero es emocionante salir a la calle, a eventos, viajes o ferias y presentarse a gente nueva. Así conoces personas con las que conectas, aunque también mantengo amistades a cientos o miles de kilómetros que veo de vez en cuando y con quienes comparto intereses.

¿Echa de menos Jerez de la Frontera?

Sí, muchísimo. No puedo decir que Países Bajos sea mi lugar definitivo, pero hasta ahora, en Breda me siento como en casa. Soy consciente de que si me hubiera quedado en Jerez, no hubiera tenido las mismas oportunidades y experiencias personales. 

Uno de los sucesos más maravillosos que he experimentado desde mi estancia en este lugar ha sido conocer a mi compañero actual, con quien mantengo un vínculo de dos años. Por ahora sigo disfrutando de las bondades que ofrece esta nación y su cultura, sus hermosos entornos y su gente. 

Pasé el duelo por mi padre casi

Germán Lozano

25 años

Fuera de lo laboral, ¿qué cosas nuevas descubrió sobre si mismo viviendo en otro país?

Aunque siempre me consideré una persona inquieta, también era tímido. He mejorado mucho mi socialización y me ha sorprendido darme cuenta de que en cualquier conversación puede surgir una amistad. No necesitas frases preconstruidas, solo ser tú mismo. 

¿Cuáles fueron las diferencias culturales que más le costó adaptar en su día a día?

Sin duda, el horario de las comidas. Aquí se cena temprano, entre las 18 h y las 19 h, y muchos restaurantes cierran alrededor de las 21 h o 22 h. Al final me he tenido que acostumbrar y, de hecho, reconozco que duermo mucho mejor porque no me voy a la cama lleno. Además, las tiendas y cafeterías suelen cerrar alrededor de las 17 h y 18 h, lo que directamente afecta a mis hábitos y me obliga a tener una rutina más organizada.

Vivir solo en otro país trae desafíos inesperados. ¿Podría contar alguna experiencia dura que haya tenido?

Algo totalmente inesperado fue que, después de dos años viviendo fuera, a mi padre le detectaron cáncer. Fue una época muy dura; pasé por una fase de negación y él tampoco quería que dejara todo lo que había construido aquí por él.

Lo visité varias veces durante el proceso, y cuando falleció, tuve que afrontar el duelo prácticamente solo. Sí es verdad que emocionalmente contaba con el apoyo de mi familia y amigos, pero estando a 3.000 km de distancia no se vive igual. Esta experiencia me enseñó a estar más presente, a valorar el momento y a ser más ambicioso con mis metas. 

Germán y su novia, a quien conoció durante su estancia en Países Bajos. 
Germán y su novia, a quien conoció durante su estancia en Países Bajos. Cedida

Para el futuro, ¿qué tipo de oportunidades sigue buscando y cómo imagina su vida profesional y personal?

Países Bajos es un país pequeño con gente muy talentosa e  internacional, y es fácil rodearse de personas interesantes. Quiero quedarme unos años más, pero no lo considero mi destino final. El clima es un factor importante para mí, porque me gusta pasar tiempo al aire libre y entrenar, y aquí paso demasiado tiempo encerrado. En un futuro, me gustaría generar ingresos de manera muy flexible, sin depender de vivir en un lugar fijo para moverme más libremente.

Nabila Bourass El Haddaji

Nabila Bourass

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Graduada en Humanidades y Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra, con trayectoria en SEO y administración de redes sociales como gestora de comunidades. En la actualidad, ejerzo como redactora de audiencias en Guyana Guardian.

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