Relatos

“Perdí 1.000 euros en un día y llegué a robar en mi propia casa para seguir apostando”: la historia real de cómo el juego puede destrozar una vida

ADICCIÓN

Durante cinco años, Miguel vivió atrapado entre “la adrenalina de ganar y la culpa de perder”; llegó a gastar su sueldo en 24 horas y a cruzar una línea que jamás imaginó

Hoy, junto a Alejandro Escudero, su psicólogo, explica para Guyana Guardian cómo funciona por dentro la adicción al juego

Impulsividad, mentiras, sensación de control y recaídas: un testimonio en primera persona y la visión clínica del psicólogo Alejandro Escudero para entender por qué las apuestas dejan de ser un juego y se convierten en una trampa

Impulsividad, mentiras, sensación de control y recaídas: un testimonio en primera persona y la visión clínica del psicólogo Alejandro Escudero para entender por qué las apuestas dejan de ser un juego y se convierten en una trampa

Cedida

No tenía 20 euros para cenar con sus amigos, pero esa misma noche era capaz de apostar 50 en un casino. Años después llegó a perder 1.000 euros en un solo día, el equivalente a todo su sueldo mensual. Eso ya era grave, pero detrás de esa pérdida había una línea que nunca pensó que cruzaría: robar dinero en su propia casa para poder seguir apostando. “Ahí entendí que ya no era un juego”, reconoce hoy Miguel para Guyana Guardian.

Miguel tiene 35 años y vivió más de cinco atrapado por la adicción al juego: comenzó en la adolescencia, dejó de apostar durante tres años y luego volvió a caer en la espiral que casi lo destruye. Hoy lleva más de dos años sin jugar y habla con una claridad que impresiona, contando cómo la adicción transformó su vida, sus decisiones y sus relaciones hasta tocar fondo.

El comienzo

La sensación de que “se me daba bien”

Miguel tenía 17 años cuando entró por primera vez en un casino “con un DNI falso” para celebrar el fin de exámenes. Apostó poco y ganó 50 euros. “En ese momento era mucho dinero para mí. Te hace pensar que es una buena manera de ganar dinero y, además, sientes la adrenalina del dinero fácil”. 

Esa confianza inicial en sí mismo, unida a la adrenalina de ganar, lo hizo creer que podía transformar ese juego en un ingreso extra. Es decir, no lo vivió como un riesgo, sino como una oportunidad. De hecho, cuando cumplió 18 abrió su primera cuenta online. Lo asociaba al fútbol. “Pensaba que podía controlar las estadísticas, que sabía más que los demás”.

Te hace pensar que es una buena manera de ganar dinero y, además, sientes la adrenalina del dinero fácil

Miguel, 35 años

“Pensaba que podía controlar las estadísticas, que sabía más que los demás”
“Pensaba que podía controlar las estadísticas, que sabía más que los demás”Cedida

Sin embargo, esa idea es una de las trampas más habituales, según explica Alejandro Escudero, su psicólogo y especialista en adicciones. En consulta se conoce como “ilusión de control”: la creencia de que el azar puede dominarse si se analiza lo suficiente. “Es uno de los motores más potentes del enganche”, señala también para Guyana Guardian. La persona deja de atribuirlo a la suerte y empieza a pensar que todo depende de su habilidad.

Esa sensación de control llevó a Miguel a cometer los primeros errores: apostar en momentos que no tocaban, gastar de manera impulsiva y mezclar la emoción con la expectativa de ingresos. “Al principio parecía inofensivo. Pero empezaba a sentir una necesidad constante de apostar, incluso cuando sabía que no debía”, reconoce Miguel.

Ganar, perder y prometer que será la última vez

Al ganar sentía euforia. “Pensaba que podía ganarme la vida con eso”. Lo contaba, lo presumía. Con el tiempo dejó de hacerlo. Al perder, cambiaba de estrategia. Si fallaba en la ruleta, pensaba que eran mejores las apuestas deportivas. Si perdía en las deportivas, volvía a la ruleta. “La sensación era no saber qué estaba haciendo con mi vida. Mucha frustración y mucha culpa”.

Cada noche se decía que no volvería a jugar. Al día siguiente reaparecía la necesidad, con la idea de que esta vez iría mejor. Escudero describe señales claras de alerta: mentiras constantes, impulsividad, gastar dinero con facilidad o decir que no se tiene y después apostar grandes cantidades. Cuando ese patrón se repite, explica, es señal de que la adicción está avanzando y de que la persona necesita ayuda.

La sensación era no saber qué estaba haciendo con mi vida. Mucha frustración y mucha culpa

Miguel, 35 años

En época universitaria Miguel llegó a jugar hasta seis horas al día. Más adelante, cuando ya trabajaba, podía entrar al casino a las diez de la noche y salir pasadas la una de la madrugada. El juego dejó de ser algo puntual: ocupaba mañanas enteras y noches completas, marcaba su rutina y condicionaba su vida. 

“Había días en los que pasaba toda la mañana jugando; en época de universidad llegué a jugar hasta seis horas al día”
“Había días en los que pasaba toda la mañana jugando; en época de universidad llegué a jugar hasta seis horas al día”Cedida

Tocar fondo

El límite que no imaginó cruzar

A pesar de todo eso, el verdadero punto de quiebre llegó cuando Miguel cruzó una línea que nunca pensó traspasar: empezó a robar dinero en casa para poder seguir jugando. Su familia lo descubrió, y fue un momento que recuerda como definitivo. “Ese fue el momento de ‘hasta aquí’”, asegura.

No se trataba solo del dinero. Era la “vergüenza”, la sensación de haber traicionado la confianza de su madre. “Te das cuenta de que, si estás robando para poder jugar, es algo muy grave”, reconoce.

Para Alejandro Escudero, su psicólogo, cruzar límites morales propios suele marcar el punto crítico en una adicción. “Ahí el problema ya ha superado al autocontrol y se necesita intervención urgente”, explica.

Un buen apoyo familiar favorece muchísimo la recuperación

Alejandro Escudero Gómez

Psicólogo

A pesar del impacto, la familia de Miguel jugó un papel clave en su recuperación. Sus hermanos le ayudaron con algunas deudas y elaboraron un plan para evitar recaídas. “Un buen apoyo familiar favorece muchísimo la recuperación”, señala Escudero. Aunque no es sencillo: la mentira previa genera desconfianza y control, y eso también desgasta.

Tres años sin jugar… y una recaída

Tras tocar fondo, Miguel logró estar tres años sin jugar. Durante ese tiempo, reconstruyó relaciones y aprendió a manejar impulsos. Sin embargo, la adicción no desaparece de golpe. “Tuve una recaída cuando pensé que podía controlarlo. Gané al principio y creí que estaba a salvo, pero volvió la necesidad de apostar”, explica.

Las recaídas se tratan como baches propios del proceso

Alejandro Escudero Gómez

Psicólogo

Alejandro Escudero señala que las recaídas son parte del proceso: “No se tratan como un fracaso absoluto, sino como un bache. El objetivo es reducirlas hasta que desaparezcan y evitar que reactiven todo el ciclo”.

“El primer día fue una mini-recaída: gané, y volvió a pasar lo mismo”
“El primer día fue una mini-recaída: gané, y volvió a pasar lo mismo”Cedida

Las emociones como detonante

Miguel reconoce hoy que las emociones intensas eran un disparador claro. “En momentos de mucha alegría o tristeza era cuando más me apetecía jugar”. De hecho, llegó a dejar de ir a la universidad para apostar. Era consciente de que estaba haciendo algo mal, pero el impulso pesaba más.

Por eso, en terapia se entrenan habilidades concretas: “identificar qué pensamientos aparecen cuando surge la necesidad, evitar entornos de riesgo, mantener comunicación directa con alguien de confianza y recordar cómo se sintió cuando tocó fondo”. “Entrenar la mente con hábitos que alejen el impulso”, resume Escudero.

Un riesgo añadido

Publicidad y normalización

Cuando Miguel empezó, dice, no había tanta publicidad como ahora. Pero sí comenzaban a multiplicarse las aplicaciones y la facilidad de acceso. Hoy lo ve con preocupación. “Me parece una barbaridad y una gran irresponsabilidad que esté tan normalizado”.

Se ha vinculado el deporte con el juego de forma natural

Alejandro Escudero Gómez

Psicólogo

Para Escudero, la publicidad juega un papel fundamental, especialmente entre adolescentes y jóvenes. “Se ha vinculado el deporte con el juego de forma natural. Se analizan cuotas como si fueran parte del partido. Eso es muy peligroso”.

El problema no se limita al anuncio. Según el especialista, la disponibilidad permanente también juega un papel clave. “Está a dos clics. Te regalan dinero para crear cuentas y puedes apostar desde casa sin que nadie te vea. Eso puede generar deudas y conflictos familiares muy rápidamente”, explica Escudero.

Las campañas se mueven dentro del marco legal, señala el psicólogo, pero considera que el debate debería centrarse en la regulación. “Ha pasado con el tabaco o el alcohol. Hasta que no hay límites claros, el problema persiste”.

Miguel lleva más de dos años sin jugar. “Soy más consciente de mis responsabilidades. Me siento menos impulsivo, controlo mejor mis emociones y me comunico de forma más asertiva. Sin rabia”.

Además, mantiene transparencia total con su pareja. Se repite internamente cómo se sintió cuando todo iba mal para no olvidar. Y hay una imagen que no se le borra: unos niños entrando llorando en un local donde su padre estaba apostando. “Me dio miedo acabar así”.

Sabe que el riesgo existe. Que la facilidad de acceso sigue ahí. Pero ahora también sabe reconocer el impulso antes de que lo arrastre.