Wolfgang Loeffel, biotecnólogo en Alemania: “A los alemanes les cuesta abrirse con los amigos; en España se es amigo de todo el mundo”
Trabajar en Europa
Una década en Alemania: balance sobre el empleo, el

Wolfgang Loeffel en el trabajo

Wolfgang Loeffel es canario y lleva diez años viviendo en Alemania. Con raíces alemanas por parte de su padre, decidió emigrar en 2013 para reunirse con su madre y su hermano, que ya residían allí. Se graduó en biotecnología en Barcelona en 2017 y, tras finalizar sus estudios, decidió dar el paso definitivo para estar más cerca de su familia.
“Fue un desafío, porque en Alemania era difícil encontrar trabajo en mi sector, la biotecnología. No había tantos laboratorios y se limitaban las oportunidades”, explica. En esta entrevista con Guyana Guardian, Loeffel habla del choque cultural al mudarse a Alemania, del impacto del clima en su vida cotidiana, de cómo ha sido su adaptación social y laboral como biotecnólogo y de si alguna vez se plantea regresar a su tierra natal.
¿Qué le motivó a marcharse a Alemania?
Por un lado, me resultó fácil porque ya tenía un buen nivel de alemán, más o menos un B2, así que ese fue un paso más sencillo para dar. Pero, claro, también escuchas que los sueldos en Alemania son mejores que en España, y eso siempre influye. Ahora me doy cuenta de que no era solo por eso; realmente aquí se percibe que las cosas funcionan mejor, que los impuestos que pagas se invierten adecuadamente y se nota en la vida cotidiana.
¿Qué esperaba de Alemania?
Las mejoras que esperaba y lo que había escuchado sobre Alemania eran principalmente que había más oportunidades laborales y mejores salarios. Además, como tengo raíces alemanas, ya conocía algo de la cultura, lo que me ayudó a adaptarme más rápido. En mi caso, la familia también fue un factor determinante, ya que yo me había mudado desde Canarias y había pasado cinco años estudiando en Barcelona. Mi hermana tenía un hijo, y quería estar cerca de ellos, ver a mi sobrino crecer. Para mí, era una situación bastante especial, diferente a la de muchos españoles, porque ya tenía familia en Alemania, y eso hizo que mi decisión fuera más personal y significativa.

El frío no es un problema, porque uno se puede abrigar, lo que más me cuesta es cuando los días son más cortos
¿Cómo ha sido el choque cultural en el ámbito laboral?
Empecé trabajando en la industria: primero en la metalúrgica, en el sector automovilístico, que es bastante importante aquí en Alemania. Fue bastante duro, la verdad. Te la tienes que imaginar... Aluminio fundido, temperaturas superaltas, trabajaba de noche; era un trabajo físico bastante exigente. También hay que saber que aquí en Alemania se trabaja mucho; es decir, puedes tener suerte dependiendo de la empresa, pero la cultura laboral es que a las horas que trabajas les sacas bastante productividad, y por eso los sueldos son más altos. Esa época fue bastante difícil por todo eso.
¿Cómo fue conseguir su primer trabajo en Alemania?
En 2020 conseguí mi primer trabajo en un laboratorio, y de ahí tomé la decisión de irme al oeste del país, donde está la mayor parte de las empresas de biotecnología. Al ser graduado en este ámbito, fue una buena decisión. Me incorporé a una empresa un poco más pequeña, luego di el salto a una empresa más grande, acumulé experiencia y ahora, desde hace dos años, estoy en un puesto donde podría decir que estoy donde me habría gustado estar desde el principio. Estoy contento.
Hay un choque bastante fuerte en la forma de relacionarse; los alemanes son, como se dice, más fríos, y el idioma también influye
¿Cómo influyó la región donde llegó en su adaptación?
Al principio en Alemania, si tienes suerte, te puede salir bien, pero en mi caso me costó un poco, también dependiendo de la región a la que llegas. Creo que está bien que la gente de España que quiera venir a Alemania sepa este tipo de cosas: que hay que elegir la región con cuidado. También diría que, si te vas a ir a una ciudad, mejor que sea grande, tipo Múnich o Berlín, donde hay más posibilidad de encontrar gente extranjera. Porque los alemanes son un poco difíciles: les cuesta abrirse con los amigos, y para ellos la idea de amistad es más profunda. En España, en cambio, se es amigo de todo el mundo; es una cultura más abierta.
¿Qué diferencias encontró al relacionarse con los locales de allí?
En España, creo que por historia hay una cultura de dar la bienvenida al extranjero; también hay quizás un poco más de empatía y se entiende que esa persona es nueva, así que intentas acompañarla y ayudarla. En cambio, el alemán suele ser más reticente, más cerrado, y es más difícil entrar en su círculo social. Yo tuve la suerte de encontrar un amigo alemán con quien todavía somos bastante íntimos, pero en mi caso también juega a favor que soy medio alemán. Además, el idioma lo dominaba más o menos bien, y eso es importante para tener buenas relaciones con las personas. Creo que eso también es clave para cualquier español que quiera aventurarse a Alemania: el idioma es fundamental, y cuanto mejor lo manejes desde el principio, mejor será tu experiencia. En general, hay un choque bastante fuerte en la forma de relacionarse; los alemanes son, como se dice, más fríos, y el idioma también influye en cómo se perciben las relaciones.
El alemán es un idioma muy lógico y muy técnico; en cambio, el español permite expresar mejor las emociones
¿Cómo ha vivido el cambio de clima?
El invierno influye en la cultura, ya que pasar tantos meses en frío y oscuridad hace que los alemanes se retiren más a sus casas y lleven una vida más centrada en lo doméstico, no tanto afuera. Esto dificulta un poco relacionarse con las personas, porque solo dejan entrar a su círculo más íntimo. Yo siempre digo que el frío no es tanto el problema, porque uno se puede abrigar, y está bien. Lo que más me cuesta es cuando los días son más cortos, en los que entras a trabajar a las 7 u 8 de la mañana y ya es de noche, y cuando sales a las 4 de la tarde, también es de noche. Es como vivir en la oscuridad, y eso se hace difícil. Además, con el frío sales menos, y eso también se nota.
¿Cómo cree que influye la cultura y el idioma en su vida diaria?
La cultura española en general es más cálida y afectuosa. Además, creo que el idioma juega un papel importante; siempre digo que cuando hablo en español soy una persona, y cuando hablo en alemán soy otra. Es como si el idioma transformara un poco la manera en que uno se expresa. El alemán es un idioma muy lógico, casi de ingeniero, por así decirlo; muy técnico. En cambio, el español permite expresar mejor las emociones y es más vocal, más cercano quizá.

En España también se puede vivir bastante bien con un sueldo estándar... Sigo aquí, pero me planteo mucho volver
¿Ha afectado esto a su idea de regresar a España?
Mi situación actual es buena, ya que a nivel laboral estoy bastante contento y, al tener familia cercana, también está bien. Pero, socialmente, sé que viviría mejor en España. Ese punto es muy importante para la felicidad: tener contactos sociales y sentirse bien con el entorno. Por eso me planteo volver a España, incluso si eso implica sacrificar un poco el buen sueldo que tengo ahora, por uno más estándar, pero con el que se pueda vivir bien y mantener ese entorno social tan valioso.
Entonces, para usted las conexiones sociales son fundamentales.
Exacto. Cada experiencia es distinta y cada persona también lo es. Donde vivía antes tenía uno o incluso dos amigos íntimos, pero al mudarme todo se volvió un poco más complicado. Al final, uno se cuestiona qué es realmente más importante: sentirse bien y mantener relaciones cercanas o el dinero. Creo que en España también se puede vivir bastante bien con un sueldo más estándar, por decirlo así. Por eso la decisión no es sencilla. Sigo aquí, pero me planteo a menudo volver.

