'Él y ella' o el cúmulo de acertijos ilusorios que podemos contemplar de forma anual.
Netflix
Los intérpretes participantes daban la impresión de que la producción resultaría superior a lo que finalmente fue.

Jon Bernthal y Tessa Thompson.

Prácticamente cada siete días asistimos al estreno de un thriller cautivador derivado de un éxito editorial. No hablo de las ficciones meramente policiales que narran el trabajo de las autoridades, sino de esas historias donde los protagonistas están vinculados al delito y comprobamos, entre múltiples vuelcos narrativos, que las apariencias engañan. Un día te atrae el secuestro del hijo de una estirpe acaudalada, otro el cambio de domicilio de un posible asesino en la casa de al lado, otro te angustia la desaparición de una muchacha sumida en la adicción y, actualmente, disponemos de Él y ella de Netflix sobre una pareja que podría tener nexos con un crimen.
El hecho de contar con intérpretes de la talla de Jon Bernthal, famoso por The Walking Dead y The Punisher y premiado con el Emmy por The Bear, junto a Tessa Thompson, figura de Marvel presente en Westworld, podría sugerir erróneamente que esta producción corta es de gran calidad. Encarnan al investigador Jack Harper y a su esposa Anna, cuyo vínculo se rompió tras el fallecimiento de su pequeña. Jack buscó consuelo en sus labores policiales al tiempo que Anna, anteriormente una figura destacada en la pequeña pantalla regional, optó por alejarse del ojo público. No obstante, el crimen de una conocida común los empuja a perseguir la realidad de los hechos o a seguir motivaciones de carácter más íntimo.

Un gran atractivo de Él y ella es que se fundamenta en una obra de Alice Feeney que utilizaba los puntos de vista de ambos personajes. ¿Resultaban narradores creíbles? ¿De qué manera variaba la vivencia de cada cual y qué repercusión tenía aquello en el misterio? Sin embargo, la showrunner Dee Johnson, que tiene el atrevimiento de introducir discursos sobre la realidad de cada individuo (y cómo las variaciones en los relatos indican que alguien falta a la verdad), evita hallar el modo de exponer la trama mediante esos enfoques como sí ocurrió hace poco en La novia. En realidad, la pareja Harper ni siquiera posee una lógica propia: el drama que compartieron y el peso de su pasado común solo están al servicio de los giros de la trama.
La acción transcurre en las cercanías de Atlanta, no obstante, a pesar de reflejar el clima sofocante, carece de esa capacidad para retratar el contexto social que poseen referentes del género como Heridas abiertas, la cual resulta brillante y perturbadora en su representación de Missouri. En cambio, Él y ella destaca por emplear diversos recursos y sorpresas para dinamizar el relato: parientes con dolencias que benefician al guion, encuentros íntimos usados para engañar, agentes que suprimen evidencias y un elenco repleto de secretos que salen a la luz cuando más conviene. Es una pena que, dadas las circunstancias, falte algo de credibilidad. ¿De qué forma pretende Jack que su colega le brinde confianza si ni siquiera le ha mencionado que Anna es su esposa?

Él y ella, hay que reconocerlo, posee un punto positivo: resulta tan ágil, disparatada y audaz que, gracias a su breve extensión de seis capítulos, logra entretener a los seguidores del suspense artificioso. No obstante, este redactor se siente ya cansado de producciones donde el único interés radica en alcanzar el desenlace del enigma careciendo de tensiones sugerentes y de protagonistas atractivos fuera de su rol en la trama; de esa expectativa definida por el “nada es lo que parece” y el “no te fíes de lo que acabas de ver”; de aquellos guiones que esconden datos de manera poco íntegra.
En conclusión, me hastía que el “oy oy oy, lo que acabo de ver” se emplee para legitimar la falta de mérito, una diversión hueca. Son obras que demandan tiempo para desentrañar una incógnita y, al colmar ese interés trivial, no dejan rastro ni memoria alguna. Únicamente un ”ahá” y a buscar la próxima.